miércoles, 11 de marzo de 2026

IGLESIA SAN JUAN EVANGELISTA DE RÁVENA

 


 Una iglesia paleocristiana, profundamente remodelada a lo largo de las centurias, destruida casi totalmente durante la Segunda Guerra Mundial, que luce con elegancia un precioso portal gótico, situada cerca de la estación de tren de Rávena y rodeada por los árboles del Giardini Speyer, una de las zonas más bulliciosas de la ciudad moderna. Construida en el siglo V, es la iglesia más antigua de Rávena. 


        En la travesía por mar que realizó Gala Placia, en compañía de sus hijos y otras personas de su confianza, desde Constantinopla de regreso a Rávena, se desató una fuerte tormenta y la nave en que viajaban estuvo a punto de naufragar. La emperatriz atribuyó su salvación, y la de su familia, a la intervención divina de San Juan el Evangelista. En cumplimiento del voto realizado en tan aciaga ocasión, Gala Placidia ordenó la construcción de esta iglesia consagrada al Evangelista. Probablemente nos situamos frente a una de las primeras iglesias erigidas por voluntad de la emperatriz. 


    La iglesia consta de tres naves y fue objeto de diversas intervenciones a lo largo del tiempo, siendo casi totalmente reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial. Al patrocinar la construcción de una basílica de tales dimensiones, la emperatriz tenía en mente una idea, convertir Rávena en una capital tan grande y determinante como Milán, Tréveris o Arlés. El pórtico gótico adosado a la entrada otorga al edificio un aspecto muy diferente a la iglesia original. 





El portal data del siglo XIV, una obra gótica en la ciudad paleocristiana. Se trata de uno de los elementos medievales más destacados de los que pudieron sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. El portal sufrió innumerables daños, fue desmontado y transportado al Opificio delle Pietre Dure en Florencia donde fue restaurado, volviendo a Ravena en 1960. Renacer tras la destrucción absoluta.



 

 

Cuenta la leyenda que San Juan se aparició a la emperatriz poco antes de la consagración de la iglesia. Gala Placidia se arrodilló y tocó su sandalia, que quedó como reliquia en la basílica. La escena se representa en el luneto, flanqueada por ángeles.





En el tímpano podemos ver un bajorrelieve con varias figuras. Al centro el Evangelista parece conversar con un emperador (¿Valentiniano III?) y sobre ellos, arriba, el Redentor. A un lado Gala Placidia y unos soldados, y al otro, San Barbaziano acompañado por sacerdotes.





Los leones de mármol son piezas reutilizadas procedentes de otra estructura. El león es un elemento omnipresente en muchas iglesias mediavales, como símbolo del poder, de la justicia y como animal protector.




Ábside, elemento típico de las iglesias de planta basilical, poligonal, siguiendo la tradición bizantino-oriental. La estructura, la vegetación, el parque, el lugar de ocio, recreo y espacimiento. Lejos del pretérito ambiente religioso del lugar. 


    Con todo, lo más interesante, por su significado y también por haber servido de inspiración posterior, es el programa iconográfico encargado por la emperatriz, lamentablemente perdido para la posteridad. 

     

Hija de un emperador y madre de otro, Gala era el nexo que unía tres generaciones de la dinastía imperial, y como tal aparecía en el arco del triunfo de esta iglesia. Los bombardeos aliados de 1944 destruyeron gran parte del templo, pero gracias a los dibujos realizados con anterioridad nos ofrecen una valiosa información. Deleitemonos con la descripción de Judith Herrin:


    Aquí, Gala Placidia organizó un despliegue de propaganda imperial sin precedentes; su propia dedicatoria en grandes letras mayúsculas ocupaba el semicírculo del arco, por encima de doce retratos de sus antepasados y parientes, que representaban las dinastías de Valentiniano y Constantino el Grande y que servían de apoyo a sus aspiraciones de autoridad imperial. Su abuelo, Valentiniano I, y su tío, Graciano, encabezaban la sección izquierda, mientras que Constantino, su padre, Teodosio I, y sus hermanastros Arcadio y Honorio se situaban a la derecha. Todos ellos eran calificados de divinos, divus, atributo común a los emperadores, al igual que el difunto esposo de Placidia, Constancio (representado erróneamente con el nombre de Constantino), en el lado opuesto. Por debajo de ellos, figuraban los dos hermanos de la emperatriz, Graciano y Juan, que murieron siendo niños, y Teodosio, el hijo de su matrimonio con Ataúlfo, todos ellos identificados como n(obilissimus) p(uer), «niño nobilísimo». En la pared del ábside figuraban asimismo Teodosio y Eudocia, la pareja que gobernaba en Constantinopla, y Arcadio y su esposa, Eudoxia, predecesores de Gala Placidia, uno a cada lado de Pedro Crisólogo, que celebraba la eucaristía justo detrás del altar, en el ábside. Por encima de los retratos imperiales había elementos más típicos de la decoración de las iglesias, como los evangelistas y Cristo entronizado, así como inscripciones que contaban cómo san Juan había socorrido a la familia de la emperatriz durante la tempestad. Ninguna de las otras iglesias que Gala Placidia erigió en Rávena y Rímini reivindicaba de forma tan evidente su condición imperial.(Judith Herrin, Rávena, capital del imperio y crisol de Europa).


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