Un paseo silente por Teruel, capital del Mudéjar. Una mañana de invierno, no demasiado gélida.
El entrañable Torico en Navidad.
La Plaza del Torico es el corazón de Teruel, el epicentro de la vida social de la ciudad. Los turolenses se reúnen en los bares y cafeterías que abren sus puertas y sitúan sus terrazas bajo los soportales. Aquí late y vive Teruel.
La Escalinata, construida en 1920-21 en estilo neomudéjar por José Torán. Comunica la estación de ferrocarril con la meseta de la ciudad. Una forma preciosa de acceder al casco viejo de Teruel.
Isabel expira abrazada al féretro de Diego, desenlace fatal de la historia-leyenda de los Amantes de Teruel. El bajorrelieve está situado en la parte alta de la Escalinata, bienvenidos a la Ciudad de los Amantes.
Portal de Daroca, uno de los antiguos accesos a la ciudad, torre -puerta con entrada en recodo para controlar el paso y facilitar la defensa. Según la tradición, por aquí llegó a la ciudad Diego, para buscar a su amada, y encontrar la muerte.
El apasionado amante, sabiendo que el tiempo es oro, anima a su montura, y le espeta ¡Anda jaquilla!. Más allá de la cuesta, conocida hoy como la Andaquilla, le espera la trágica noticia, Isabel ya se ha casado con otro.
La existencia de dos personas atrapadas en un simple beso.
El beso desata la pasión
y la pasión desemboca,
en inevitable,
tragedia.
Príamo y Tisbe, Calisto y Melibea, Basilio y Quiteria, Sigfrido y Krimilda, Diego e Isabel, arrebatadores amores, complejos como la propia esencia humana. Los nombres de los Amantes son legendarios, la historia de amor trágico forma parte del mito Universal.
Isabel, hija de un rico comerciante, don Pedro Segura, y Diego Marcilla, de una familia de noble linaje, venida a menos, más apellido que dinero. Los jóvenes se enamoran, mas el padre de Isabel no permite que su hija se despose con un hombre sin riqueza, ni patrimonio. Corría el siglo XIII, centuria de armas y guerras, y el valeroso Diego partió a la batalla en busca de fortuna para convencer a don Pedro Segura. Espérame cinco años y volveré para casarme contigo, pidió Diego a Isabel.
Isabel jugó a ser Penélope, mantuvo su promesa y rechazaba uno tras otro a los pretendientes que llamaban a su puerta. Pero el plazo se agitaba y el padre de Isabel se impacientaba, de modo que finalmente la joven fue casada con un hombre elegido por su padre. Regresó Diego a Teruel el mismo día de la boda y enterado de la noticia cayó preso de la desesperación. El joven decidió marchar lejos, muy lejos, llevando como equipaje, y recuerdo, un ultimo beso de su amada. Cuando cayó la noche Diego se acercó a Isabel y le imploró un único y postrero beso, cuyo recuerdo sirviese para calentar sus noches solitarias y tristes. Contestó Isabel que se moría de ganas, pero que ya era mujer casada, y no podía besar a otro hombre. La negativa rompió el corazón de Diego que cayó fulminado. Al día siguiente se celebró el funeral y una compungida Isabel se acercó a la Iglesia. Se acercó al amante difunto, le dio el beso que le había negado en vida, e Isabel, también murió en el acto.
Consternados, los vecinos de Teruel decidieron enterrarlos juntos, para que nunca más tuviesen que volver a separarse. Y así continúan.
Tras cruzar la puerta de Daroca, Diego tuvo que pasar por debajo de la Torre de San Martín. El urbanismo moderno rodea la torre mudéjar levantada durante la Edad Media. Superposición de edificios y lección viva de historia, tradición y estilos artísticos.
La Torre de San Martín (1315-1316) se construyó con dos torres , una envolviendo a la otra. La exterior soporta todo el programa decorativo que la hace tan hermosa: paños de ladrillo, lazos formando estrellas de ocho puntas, frisos y arcos.
La nieve, el frío y el portal de Belén. Bonita estampa navideña. Una ciudad para ser visitada en invierno.
En otro de los extremos del casco histórico se levanta la torre de El Salvador, adosada a la iglesia del mismo nombre. La torre es la más tardía del mudéjar turolense, siglo XIV primer cuarto, mientras que la iglesia es de arquitectura barroca, finales del XVII. La torre imita la estructura de un alminar almohade, y como otras torres de la ciudad, es una torre puerta que permite el paso al trazado viario urbano.
Y entre mudéjar y mudéjar un edificio modernista, Casa el Torico, portal número 13 de la céntrica plaza, construida en 1912 por el arquitecto tarraconense Pablo Monguió.
Catedral de Santa María de Mediavilla, la joya oculta de Teruel.
Adosada a la catedral la torre campanario, también mudéjar, construida entre 1257 y 1258.
Ocho siglos de existencia y una exquisita amalgama de estilos artísticos. La antigua iglesia románica dedicada a Santa María de Mediavilla es, desde 1577, Catedral de la diócesis de Teruel. Dedica a la Virgen en el misterio de la Asunción. El templo, comenzado a construir a finales del siglo XII, consta de tres naves. Posteriormente fue objeto de sucesivas transformaciones.
El cimborrio que cubre el crucero su erigió en el siglo XVI.
Magnífico el retablo tallado en madera a mediados del siglo XVI por el francés Gabriel Joly. Admirado como uno de los mejores conjuntos escultóricos del Renacimiento aragonés.
El retablo representa los misterios de la vida de Cristo y de su madre, que aparece en la hornacina central como Asunta de los Cielos.
De la madera del Renacimiento al dorado del Barroco. Capilla de la Inmaculada Concepción del siglo XVIII.
La talla de la Virgen María es obra del escultor Francisco Moya y dorado por Francisco Villarroya.
Y por encima de todo el Salvador, el Creador Supremo, victorioso.
Si alzamos la vista en busca del Creador, la mirada se encontrará con el mayor tesoro de la Catedral, su techumbre mudéjar del siglo XIII, cubriendo toda la nave central.
Nos encontramos tan lejos, que tan solo podemos atisbar, casi intuir, el microcosmos medieval representado: santos, reyes, obispos, nobles, caballeros, damas, campesinos, mudéjares...
Tres Vírgenes Románicas. A medida que he ido creciendo y madurando, ha aumentado mi fascinación por el Románico. Museo de Arte Sacro adyacente a la catedral. Expuestas en la Sala Azul. El azul alude a la maternidad, la Virgen María es la protagonista de la exposición. La Virgen con el niño, un poderoso símbolo y un modelo para el cristianismo hispano de los siglos XIII y XIV. Durante la repoblación de las tierras de Teruel se convirtió en la imagen más utilizada en los nuevos templos. Pasado el tiempo de guerra y repoblación, la moda fue cambiando, y muchas de estas imágenes perdieron interés, por deterioro o por no responder a los nuevos mensajes del Cristianismo. Nuevas modas y nuevo simbolismo, las Vírgenes románicas cayeron en el olvido. Muchas de ellas fueron ocultadas detrás de los altares o enterradas en los templos. En nuestros días su hallazgo suele causar una gran sorpresa.
Virgen de los Morales, siglo XIV, madera tallada y policromada. Procede de Villalba de los Morales. María, entronizada y coronada, sostiene al niño, también coronado. La Virgen es reina, y el niño rey de reyes.
Entronizada en el cielo. Coronada por los hombres. Gran Madre Cósmica.
Virgen de Torrelacárcel, finales del siglo XIII, madera tallada y policromada. La Vigen mira fijamente al espectador, intenta escudriñar nuestra alma. El gran tamaño de sus ojos pretende precisamente eso, reforzar la relación visual con el fiel. La caja sobre la que se asientan la Madre y el Hijo, nos ofrece una pista sobre como pudieron ser estas imágenes utilizadas durante las campañas militares.
Virgen de Torremocha. Madera tallada y policromada. Siglo XIV. La Virgen vestida con túnica y manto, dejando ver sus pies descalzos. El Niño en su regazo sujeta el libro de los elegidos. Ambas figuras extienden su mano derecha. Una imagen de pequeño tamaño pero de gran devoción.
Miré a los ojos a Isis. La diosa me devolvió la mirada. Virgen Matrona o Virgen de la Leche. Anónimo barroco del siglo XVII. Escena de la virgen como matrona romana, inspirada en modelos clásicos.
Una fina capa de invierno.
La blanca nieve cae con parsimonia, a su ritmo, ajena completamente al resto del mundo. Mañana formará parte de arroyos y ríos, llegará al Océano y algún día besará la costa de otro continente, en una cálida playa de arena fina. Todo fluye.


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