En el juego de la seducción no hay ni víctimas ni verdugos todos jugamos con las mismas reglas y cometemos los mismos pecados. La magia de las palabras tiene un firme propósito, el deleite placentero de los cuerpos. ¿Jugamos?.
LA GENTE, LA CALLE Y EL AUTO DE FE DE 1680
Hace 8 horas


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