viernes, 25 de mayo de 2018

KLAUS STÖRTEBEKER, PIRATA DEL BÁLTICO.



Donde existe riqueza el crimen, al amparo del comercio se desarrolla la piratería. De la misma manera que las naves fenicias eran asaltadas por los piratas ilirios en el mar Mediterráneo, y los galeones españoles por los corsarios ingleses en las cálidas aguas del Caribe, el mar Báltico y el mar del Norte, fueron el escenario donde Klaus Störtebeker escribió con sangre su propia historia.


Este alemán corpulento, fornido y violento, bebedor, jugador y asiduo a los prostíbulos portuarios, nacido en la encantadora ciudad de Wismar a mediados del siglo XIV, fue (y en parte, sigue siendo) uno de los piratas más célebres de su tiempo y uno de los destacados líderes de los “Hermanos de las Vituallas”. Esta cofradía formada por aventureros, corsarios y buscadores de fortuna se encargaba de asaltar naves danesas y asegurar el abastecimiento de víveres y provisiones para la ciudad de Estocolmo, durante la guerra que enfrentó a ambos reinos.


Tras el cese de la guerra escandinava, y lejos de buscarse un trabajo honrado, Störtebeker continuó dedicando su vida a la piratería, ahora depredando las ricas naves de la liga hanseática.


Los burgomaestres de Lübeck intentaron en varias ocasiones dar caza al proscrito, pero sería un buque de guerra con bandera de Hamburgo que comandaba una pequeña flotilla, el que consiguió capturar al escurridizo pirata. Trasladado y juzgado fue ejecutado en la plaza mayor de Hamburgo, ante una turba enfervorecida que ya empezaba a aclamarle como un héroe del pueblo.


Tras la ejecución del hombre nacen las leyendas. La más repetida, y la más inverosímil, cuenta que el muy bravucón le ofreció al alcalde un trato; que dejase en libertad a tantos hombres como pasos pudiese dar después de ser decapitado. Störtebeker fue ejecutado de pie y el cuerpo sin cabeza fue capaz de dar once pasos, hasta que el alcalde, fuera de sí, optó por poner una zancadilla y derribar al gigantón. A pesar de la proeza post mortem, el alcalde (como todo político que se precie) incumplió su promesa y ordenó la ejecución de todos los compañeros del pirata.


Otra tradición cuenta que Störtebeker era capaz de beber de un único trago hasta cuatro litros de cerveza. En relación a esta divertida anécdota una fábrica de cervezas alemanas decidió bautizarla con el nombre del célebre pirata. A orillas del Báltico, en Wismar, la ciudad que vio nacer a nuestro héroe, pude una tarde embriagarme con su cerveza.


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