Por los
viejos senderos que atraviesan los profundos y húmedos bosques de
Germania y Escandinavia, que conducen a recónditas aldeas rodeadas
de árboles enormes y a los pequeños pueblos y embarcaderos,
levantados a orillas de un fiordo o una había, transita un
misterioso caminante. Viste abrigo y capa, cubre su cabeza con un
sombrero de ala ancha y porta un poderoso bastón. Disfraza su
auténtico rostro con una larga barba, esconde su verdadera
naturaleza, inmortal y divina, a los sencillas ojos de los mortales.
Bajo la piel del misterioso caminante se oculta el dios Odín.
Odín,
también conocido como Wotam, señor de Asgard, dios de la sabiduría
y la guerra, también de la poesía, la adivinación y la magia, se
desplaza con sigilo por los caminos de Midgard. Cualquier vagabundo o
peregrino se puede topar con él.
Vagabundo
errante y chamán. Odín es un viajero empedernido que se mueve por
los caminos de la Tierra, pero también explora su interior. Todo
viaje es, en esencia, transformación. Odín el tuerto sacrificó su
ojo izquierdo en el Pozo de Mimir a cambio de la sabiduría infinita
(anhelo eterno del ser humano). El Odín chamán se colgó de
Yggdrasil para desentrañar el secreto de las runas.
Inspirados
por sus dioses, también los hombres iniciaron sus peregrinaciones,
cargadas de connotaciones mágicas y religiosas. Los antiguos
vikingos, que rendían culto a Odín, peregrinaban en vida al
santuario de Gamla Uppsala, y en la muerte, a Valhalla.
Odín el
Caminante solía pedir alojamiento y comida. En virtud de las
ancestrales leyes de la hospitalidad, solicita hospedaje tanto a
grandes reyes como a humildes campesinos. Al caer la noche y después
de la cena, embaucará a sus anfitriones con maravillosas
narraciones. Hubo un tiempo en que cualquier caminante que solicitase
hospitalidad era bien recibido, por temor a que se tratase del dios.
El Odín
amante aprovecha estos viajes para seducir a hermosa mujeres (y de
paso incrementar su prole), como la giganta Rind, la diosa cazadora
Skadi (de cuyo nombre tal vez derive el de Escandinavia) o Gunnlod,
que custodiaba en una caverna el hidromiel de la poesía. El fruto de
esta última unión carnal fue Bragi, el dios de los bardos.
Recuerda
peregrino, en cualquier sendero del ancho mundo, podrás encontrarte
con Odín, el Caminante.