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martes, 26 de mayo de 2026

GALA PLACIDIA, CONSTRUCTORA Y EMPERATRIZ MADRE.


 


Gala Placidia fue hija, hermana y madre de emperadores. En una época complicada su determinación y conocimiento del mundo mediterráneo la convirtieron en un auténtico poder en la sombra, gobernando con firmeza desde Rávena en nombre de su hijo durante trece años. Gala desempeñó un papel clave en el desarrollo de Rávena, su huella en la historia de la ciudad es imborrable.



El contexto histórico y los propios avatares de la vida, llevaron a Gala Placidia a conocer con profundidad los resortes del poder y los aspectos culturales de los pueblos que lo ostentaron. Su vida es realmente novelesca. El emperador Teodosio fue el padre de Gala Placidia. Hermanastra por tanto de Arcadio y de Honorio. Nació en Constantinolpla, vivió en Milán cuando era corte imperial, y acompañó a su hermanastro Honorio a Rávena, la nueva sede de la corte. Tomada como rehén por los godos de Alarico cuando saqueó Roma, pasó varios año yendo de acá para allá en algún carromato de los godos. Podemos suponer que la trataron bien por su condición de princesa imperial y como valiosa moneda de cambio. Contrajo matrimonio con el rey godo  Ataúlfo.  Cuando murió su esposo Gala seguía siendo una valiosa rehén y fue utilizada como moneda de cambio para obtener de Rávena suministros y alimentos, una ingente cantidad de cereal. De esta manera, en el 415 Gala Placidia regresaba a Rávena. 


    La princesa de veinticuatro años, hija de Teodosio, viuda del rey Ataúlfo, hermanastra de Arcadio y Honorio, era la segunda mujer más poderosa de la dinastía, solo superada por la emperatriz Eudocia, que reinaba en Constantinopla. Su hermano Honorio la entregó como esposa a su general favorito, Constancio. Del matrimonio nació una niña, Honoria, y un niño, Valentiniano. Viuda otra vez a la muerte de Constancio. Un conflicto con su medio hermano la obligó a huir y buscar refugio en Constantinopla. Allí conoció a la hermana mayor del emperador, Pulqueria, una mujer como ella, nacida y educada para ejercer el poder. (Interesante esta relación). Gala Placidia trabajaba para su hijo, Pulqueria para su hermano. Cuando murió Honorio, Gala Placidia vio la oportunidad de que su hijo se convirtiese en el nuevo emperador de Occidente. Convenció a la corte oriental que debían reconocerlo y Teodosio II aceptó. 


Gala invistió a su hijo Valentiniano emperador, primero fue aclamado en Rávena y posteriormente presentado oficialmente ante el Senado en Roma. A finales de aquel mismo año 425, un cortejo imponente avanzó desde Rávena a Roma. Lo guiaba, de la mano de su madre, el pequeño Valentiniano que tenía entonces siete años. En el Capitolio, revistió la púrpura, se coronó con la diadema y el pueblo lo aclamó como augusto (Historia de la Edad Media. Indro Montanelli y Roberto Gervaso).


    De vuelta a Rávena, la emperatriz gobernó en nombre de su hijo, un niño de seis años. Entre sus aportaciones a la belleza inmemorial de la ciudad está la construcción de algunas iglesias paleocristianas. El obispo Pedro Crisólogo fue un estrecho colaborador y consejero de la emperatriz Gala. Trabajaron junto en el engrandecimiento de la ciudad de Rávena, fue el encargado de consagrar la iglesia de San Juan Evangelista, proyectada por la emperatriz. 



En la corte imperial de Rávena, la autoridad de la emperatriz fue al parecer respetada desde el principio del reinado de su hijo. La maquinaria imperial básica de principios del siglo V estaba en marcha, sostenida por los notarios imperiales, que registraban todas las decisiones del Gobierno. Los funcionarios de la corte, a menudo eunucos, sabían organizar los aspectos ceremoniales de la administración, y adaptaron y reordenaron de forma casi espontánea los anteriores roles masculinos. Lo esencial era que el puesto de emperador estuviera ocupado, de modo que el gobierno pudiera hacerse efectivo en su nombre, aun cuando lo encabezara una mujer. Cabe imaginar al joven Valentiniano sentado en el trono imperial, con su madre en otro trono a su lado, rodeados por los altos cargos de la administración y por los guardias, todos ellos de pie y cada uno en el lugar que le correspondía. (Rávena. Capial del imperio y crisol de Europa. Judith Herrin. )


    

 Una figura típica del siglo fue la del «emperador-niño», con frecuencia demasiado joven, débil y, en general, escasamente dotado, que vivía en su palacio, separado del mundo por el ceremonial de la corte, los cortesanos y la guardia. Ladebilidad política del emperador, disimulada tras el velo de un exagerado ceremonial cortesano, provocó el surgimiento de verdaderas camarillas. Estas camarillas provocaban, naturalmente, un juego de rivalidad y complicidades cargado de conflictos, en el que intervenían fuerzas de la más diversa especie. Los palacios imperiales y los centros de gobierno se convirtieron en escenarios de constantes intrigas, cuya evolución y causas no podemos reconstruir con seguridad, pese a los muchos tópicos históricos que hemos heredado de esta época. En el centro de este mundo de intrigas se destacan con fuerza las mujeres de la casa imperial, figuras enérgicas y orgullosas, que intentaban preservar en el juego político sus intereses dinásticos (frecuentemente bajo la influencia de sus consejeros espirituales). En Oriente jugaron un papel destacado durante el mandato de Teodosio II su hermana Pulquería y su esposa Eudocia; en Occidente, y bajo Honorio y Valentiniano III , Gala Placidia, la hermana de Teodosio.(Transformaciones del mundo mediterráneo. Siglos III – VIII, Frang Georg Mayer).


En el debe de Gala Placidia cabe señalar ser una madre pésima, que no fue capaz de preparar a sus hijos para los puestos que debían ocupar. Su hija no se casó a la edad apropiada y su hijo, el emperador Valentiniano III, no era capaz de gobernar sin el apoyo de su madre. No logró prepararlos para sus funciones dinásticas. Del 425 al 438 dirigió la administración, tomo decisiones y se entregó a las tareas de gobierno. A partir del 438, cuando Valentiniano III asumió la autoridad, Gala Placidia permaneció en Rávena, emperatriz madre retirada, y durante los doce años siguientes, se dedicó a la filantropía, los asuntos religiosos y proyectos de construcción. 





Educada en la corte imperial de Roma y de Rávena, y casada con un rey godo, a lo largo de su vida Gala Placidia se movió por todo el mundo romano, desde Roma hasta Constantinopla y gan parte de su vida adulta la pasó en Rávena, siendo testigo y protagonista de la profunda transformación de la ciudad. Pasear por Rávena es recordar la obra de esta fascinante mujer. 


martes, 19 de mayo de 2026

TEODORICO EL GRANDE, REY DE RÁVENA.




Occidente ha caído, Roma se tambalea y Rávena coge el testigo. El rey Teodorico está decidido a embellecer, aún más, la ciudad, y consolidarla como centro de su poder. El ostrogodo tiene personalidad suficiente para mirar a los ojos al emperador de Oriente. En palabras del célebre medievalista Le Goff “es el más logrado, el más seductor de los bárbaros romanizados”. 




Su nombre era Teuderico, onomástica habitual entre los godos, helenizado como Theuderijos, pero para la mayoría de las historias modernas, Teodorico. Su figura se transformó en una leyenda dentro del mundo germano. Por ejemplo, su nombre aparece, junto a un elogio escrito en islandés antiguo, en la Piedra de Rök (c. 800), en Suecia, probablemente la patria original del pueblo godo.



Los miembros de una tribu se consideran descendientes de un antepasado dibujado con tintes míticos, un personaje que cabalga entre la historia y la leyenda, y Teodorico formaba parte de la estirpe de Amal, semidios en un país de brumas y aguas violentas. Los escaldos cantaban la genealogía de Amal, un linaje que después de trece generaciones desembocaba en Teodorico. En la cosmovisión goda, los descendientes de Amal, los Amalos, eran reyes por su ascendencia divina. Entre los Francos, Meroveo, y sus descencientes, los merovingios, encarnaban ese mismo concepto. 



Cuando Teodorico llegó al mundo, Atila, azote de dios, ya lo había abandonado y los ostrogodos habían recobrado su independencia tras la victoria en el campo de batalla de su tío Valamiro (hermano de su padre) frente a los hunos. Teodorico era hijo del rey ostrogodo Teodomiro y su concubina preferida.  Para mantener las buenas relaciones con el Imperio, Teodomiro tuvo que dejar marchar al Teodorico niño como rehén a Constantinopla. 


Así que Teodorico es entregado como rehén por los godos y es llevado a la ciudad de Constantinopla ante el emperador León, y como era un niño agradable se ganó el favor imperial. (Jordanes, Gética, LII). 

 


Estaba entre ellos el hijo del rey. Se llamaba Teodorico, que significaba «jefe de pueblos», y tenía siete años; era un hermoso niño rubio con grandes ojos de color azul claro. Su madre, Erelieva, había sido concubina de Teodomiro, que la había conocido en el campamento de Atila. Así, el pequeño Teodorico creció entre guerreros godos. Sabía cabalgar, había aprendido a manejar el arco y era un buen cazador. La espada era su juguete preferido. Dormía, como el padre, bajo la tienda, junto a su caballo. Allí, en las tibias noches de estío, los cantores ambulantes le contaban las antiguas sagas nórdicas y le leían la Biblia traducida por el sabio Ulfilas. El día de la partida hacia Constantinopla, Teodomiro le regaló su puñal y una escolta de godos lo acompañó hasta el Bósforo.

Teodorico siempre había vivido en la pradera, entre carros, rebaños y caballos, y nunca había visto una ciudad. Bizancio era la mayor metrópoli del mundo. Tenía casi un millón de habitantes y su corte era fabulosa. Teodorico quedó deslumbrado por la profusión de oro y mármoles y laabundancia de alfombras y tapices. El emperador León lo recibió en la sala de la corona, sentado en un trono desproporcionado, bajo un baldaquino de damasco, del que pendían dos pájaros mecánicos. (Historia de la Edad Media. Indro Montanelli y Roberto Gervaso). 



Teodorico pasó su niñez en Constantinopla como rehén. Una práctica tradicional a lo largo de toda la historia. Su formación tuvo lugar en el seno del Imperio de Oriente. Aprendió griego y latín, y los modales que se requieren para la vida cortesana. Aprendió también como funcionaba la administración romana y la forma en que se preparaba el ejército romano para la guerra. Como joven inteligente que era, Teodorico no tardó en comprender la situación de debilidad de los emperadores en comparación con los líderes militares. Pero también aprendió una lección muy importante, los no romanos, a pesar de su superioridad en el campo de batalla, necesitaban la tecnología, la moneda y su acuñación, la organización militar y el dominio de la ley y el derecho. En la mente del muchacho empezó a fraguar una idea, unificar lo mejor de ambos mundos. 
 

“Este Teodorico había dejado ya atrás su infancia y había entrado en la juventud, pues acababa de cumplir los dieciocho años. Convocó a algunos de los hombres de confianza de su padre y los unió a otros clientes suyos y gentes del pueblo que lo apreciaban mucho hasta juntar casi seis mil hombres. Sin que lo supiera su padre, cruzó con ellos el Danubio y se dispuso a atacar al rey sármata Babai, que reinaba entonces henchido de orgullo por su victoria sobre el general romano Camundo. Teodorico cayó sobre él, lo mató, tomó como botín de guerra a su familia y sus bienes, y volvió victorioso al lado de su padre. Después conquistó la ciudad de Singiduno, que habían invadido los sármatas, y no se la devolvió a los romanos, sino que la colocó bajo su propia autoridad”. (Jordanes, Gética, LV). 
 

Con unos 18 años el emperador, León II, lo envió de vuelta a la tierra natal, en la Panonia, la región del lago Balatón, donde su padre lo designó sucesor. Uno de sus primeros golpes de mano fue conquistar Singidinum (la actual Belgrado) durante una campaña que lanzó contra los sármatas. Para irritación de las autoridades de Constantinopla se negó a renunciar a ella. (No obstante, los bizantinos recuperaron la ciudad en el 488). Teodorico estaba decidido a materializar su independencia y a comenzó a contar sus años de reinado a partir de esta conquista, probablemente porque fue proclamado rey por sus tropas después de esa victoria. 



En el año  488 se firma un pacto entre Teodorico y el emperador Zenón. La diplomacia oriental consiguió de nuevo desviar el peligro germano hacia Occidente. Zenón tenía a los ostrogodos de Teodorico asentados en los Balcanes, y campando a sus anchas, a pesar de ser aliados (foederati). Saqueaban territorio del imperio y amenazaban Constantinopla. Aunque también es cierto que Teodorico no tenía las fuerzas suficientes para asaltar la ciudad. Los ostrogodos de Teodorico sufrían penalidades y necesitaban tierras para cultivar. A Zenón le molestaba la presencia Odoacro en Italia que reinaba a su bola. El pacto no fue ni más ni menos, que el permiso de invadir Italia. Teodorico tenía vía libre para invadir Italia en nombre del emperador como magister militum. Si lograba vencer reinaría en Italia hasta que el emperador pudiese acudir en persona.  Desde sus bases en Mesia (actual Rumanía) emprendió la larga travesía del abrupto territorio de los Balcanes hasta llegar a los Alpes, cruzarlos y penetrar en Italia por el nordeste. Teodorico llegó a Italia no como invasor, sino como representante de la autoridad imperial romana. 

Odoacro, dueño de Italia, se conducía de una manera cada vez más independiente. Zenón no lo ignoraba. Pero no le pareció oportuno marchar contra él en persona a la cabeza de sus tropas y decidió castigarle por medio de los ostrogodos. Éstos, a partir de la disgregación del Imperio de Atila, vivían en Panonia, desde donde, conducidos por su rey Teodorico, ejecutaban incursiones devastadoras en la península balcánica, amenazando la misma capital del Imperio. Zenón logró desviar la atención de Teodorico hacia las ricas provincias de Italia. Así daba dos golpes con una piedra, desembarazándose de sus peligrosos enemigos del norte y resolviendo, con ayuda de una fuerza extranjera, las dificultades suscitadas por el indeseable gobernador de Italia. En cualquier caso, Teodorico era menos peligroso en Italia que en los Balcanes.(Historia del Imperio Bizantino. Alexander A. Vasilliev). 

    Año 489 mientras Odoacro reina en Rávena, un gran contingente de godos, guerreros, mujeres y niños, avanza desde la llanura panónica hasta el Norte de Italia, a través de los Alpes Julianos. Al frente su rey Teodorido. El pueblo errante, el éxodo de los godos. Teodorico conduce a su pueblo a la tierra prometida. Análogo a Moisés. 
 


En la gran migración de los godos de Teodorico participaron 20.000 guerreros, y cerca de 80.000 familiares. Por supuesto estas cifras son únicamente aproximadas. Este enorme contingente debía desplazarse con lentitud por el terreno. Avanzar despacio por los Balcanes siguiendo el curso del río Danubio. Viajaban con el permiso del emperador que veía con tranquilidad como tan formidable ejército se alejaba de Constantinopla. Tras un enfrentamiento con los gépidos Teodorico ordenó levantar un campamento para pasar el invierno. Cuando el tiempo era propicio los ostrogodos continuaron la marcha hacia el norte siguiendo el Sava y posteriormente giraron hacia el oeste, atravesar los Alpes Julianos y penetrar en Italia durante el verano del 489.     
 


Odoacro le salió al encuentro, con un ejército igual de formidable pero menos homogéneo que el de su rival. La batalla tuvo lugar en el río Isonzo, en el límite actual entre Eslovenia e Italia. Esta fue la primera prueba de fuerza entre los dos potentes adversarios. Teodorico cruzó el río por sorpresa para tomar a su enemigo por la espalda, logrando una victoria sangrienta y abrumadora.
 

Teodorico había cruzado el Soncino. Ahora ya no interceptaba su camino ningún otro río de nacimiento tempestuoso entre montañas y de curso tortuoso a lo ancho de comarcas inundadas, sino algunas ciudades fortificadas, las primeras de las cuales eran Verona, Ticino y Mediolánum... y finalmente, Ravena. Teodorico tenía que contar con guarniciones fuertes, grandes unidades de tropas y un sistema avanzado de defensa. Pero había ganado la primera batalla... y el abandonado campamento de Odoacro fue el primer importante botín de guerra en Italia, que sirvió de compensación de muchas penalidades. (Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth). 

    Tras las derrota del Isonzo. Odoacro se replegó hacia Verona, y hasta allí lo persiguió Teodorico, obligándolo a huir de nuevo. El dominio de Odoacro sobre el Véneto había finalizado. Odoacro se dirigió a Rávena mientras Teodorico continuaba sometiendo el Norte de Italia, incluyendo la ciudad de Mediolanum. El duelo se debía resolver en Rávena. 

    Ravena estaba protegida por el mar, los pantanos y los bosques de pinos. Una única y estrecha calzada la comunicaba con la tierra firme propiamente dicha, que en la época de la crecida era el único camino transitable. Odoacro tenía aún los guerreros suficientes para defender este camino en cualquier momento. Desde cualquier otro sitio, Ravena era inexpugnable. En Classis, el puerto militar, estaban anclados los barcos suficientes para impedir un desembarco. Dos gigantes que se amenazaban mutuamente, eran víctimas del hambre. El asedio había entrado en su tercer año, y de haber contado Odoacro con víveres abundantes, el fin aún no hubiera podido preverse.(Rávena fue la tumba de Roma. László Passuth). 


    Teodorico la sometió a un largo asedio, las defensas repelían los asaltos, y la ciudad era abastecida por mar, mientras que Odoacro realizaba continuas incursiones de castigo sobre el campamento de los ostrogodos. Teodorico recibió barcos de los vándalos y  pasó a dominar el Adriático, cortando los suministros que llegaban a Ravena. Situación de bloqueo. 



Cuando lo ve Odoacro, se atrinchera en el interior de la ciudad y desde allí acosa al ejército godo con frecuentes salidas por sorpresa durante la noche. Y esto no lo hizo una vez ni dos, sino muy regularmente por espacio de tres años. Pero sus esfuerzos eran en vano, porque toda Italia reconocía como señor a Teodorico y todo aquel Estado obedecía a su voluntad. Tan sólo él, con unos pocos adláteres y algunos romanos que lo acompañaban, sufría a diario refugiado en Ravena por causa del hambre y de la guerra. Y como vio que no conseguía nada envió una embajada pidiendo perdón.
    Teodorico se lo concedió en un primer momento, pero después le quitó la vida. Y así fue como al tercer año de su entrada en Italia con el consentimiento del emperador Zenón, Teodorico se quitó la vestimenta de hombre particular y miembro del pueblo y recibió el ilustre manto real que lo acreditaba como rey de godos y romanos. (Jordanes, Gética). 

En febrero de 493 el obispo Juan de Rávena conseguía un solución diplomática, Teodorico y Odoacro ocuparían la ciudad y reinarían juntos sobre Italia. Unos días después Teodorico asesinaba con sus propias manos a Odoacro, tal vez ordenó a alguno de sus esbirros que lo hiciera.  Nuevamente Teodorico se adelantaba a su rival. 

    Teodorico marchó sobre Italia, batió a Odoacro, se apoderó de Ravena, principal plaza fuerte del vencido, y, a la muerte de Zenón, fundó en la península itálica un reino ostrogodo con capital en la misma Ravena. La península balcánica se había desembarazado definitivamente de los ostrogodos. (Historia del Imperio Bizantino. Alexander A. Vasilliev). 

    


Desde Rávena, Teodorico se dedicó a reconstruir el Imperio Romano de Occidente, siempre bajo la autoridad (al menos teórica) de Constantinopla.  Se rodeó de consejeros romanos, Liberio, Casiodoro, Símaco y Boecio, que le auxiliaban en las tareas de gobierno, consiguiendo que Italia conociera una nueva edad de oro. Con cuarenta años, Teodorico, sentado en el trono de Rávena, gobernaba sobre un extenso territorio: dueño de Italia, teórico soberano de Roma, señor del sur de Italia y de la isla de Sicilia, además de partes de Istria, el sur de la Galia y Dalmacia. Teodorico hizo ostentación de todos los elementos simbólicos de autoridad regia; autodenominándose Rex y Princeps, acuñando moneda y utilizando en ellas dichos títulos. 
 


El único retrato que existe de Teodorico es un sólido triple conmemoratico acuñado en Roma. El rey aparece con ropajes y pose imperiales y el peinado típido godo. Figuran sus títulos; Príncipe piadoso y siempre invencible de un lado, y vencedor de los bárbaros en el otro. En las monedas también puede leerse el lema Feliz Ravenna. 
 


Un líder no romano novedoso, completamente diferente de todos los líderes que habían gobernado Italia desde principios del siglo V.  Dominaba el latín y el griego lo suficiente para poder entender lo que decían y escribían los senadores y romanos cultos, pero seguía siendo un líder germano que se dirigía a su pueblo utilizando su misma lengua. Comprensivo y tolerante, a pesar de su fe arriana, nunca intentó nada contra la comunidad católica ravanesa. Soldados godos en particular, y germanos en general, formaban la guarnición militar de la ciudad, mientras que encontró un importante apoyo entre los sacerdotes arrianos. Sin embargo los puestos de la administración quedaron en manos de los romanos. Bajo su reinado Rávena se convirtió en un destacado centro cultural.

 
 

La corte de Teodorico en Rávena se convirtió en un centro de mecenazgo que atrajo a intelectuales  sabios, artistas y constructores. Incorporó a varios funcionarios y diplomáticos cualificados que ya había colaborado con Odoacro. El médico era el diácono Elpidio, Liberio fue un comandante romano de gran experiencia que entre otras acciones, gestionó el establecimiento de los godos en Italia, Casiodoro el Viejo y su hijo Casiodoro el Joven, principal portavoz del rey Teodorico. La figura más relevante, desde el punto de vista cultural, fue Boecio, traductor de Platón, Pitágoras, Aristóteles, Ptolomeo, Nicómaco, Euclides y Arquímedes del griego al latín. La presencia de estos sabios que rodeaban a Teodorico, distinguieron a Rávena de otros centros de poder germánico. 


 


    La corte de Teodorico era también el centro de una intrincada red de conexiones diplomáticas que se extendían por toda la mitad occidental del mundo romanogermánico. Utilizó los enlaces matrimoniales como medio para reforzar alianzas, compromisos y evitar la guerra. Teodorico se casó con la hija o la hermana del rey franco Clodoveo, y casó a sus hijas y hermanas con nobles de otros pueblos germanos.  La red familiar de Teodorico mejoró su estatus y le ayudó a evitar algunas guerras, pero no era infalible. No pudo frenar a su cuñado Clodoveo sus ansias expansivas sobre visigodos y alamanes.

    El poder de Teodorico era tal que llegó a nombrar a un papa, Félix IV. Había accedido al solio ponfificio gracias a la mediación de Teodorico que intervino en una disputa por la elección. 

    Impresionado por los retratos imperiales de la iglesia de San Juan Evangelista, colocados allí por expreso deseo de la emperatriz Gala Placidia, Teodorico ordenó levantar una basílica aún más grande, en las proximidades de su palacio. Hablamos de San Apolinar Nuevo. 

    Pero como Teodorico había llegado ya a la vejez y se daba cuenta de que dejaría pronto este mundo, convocó a los condes godos y a los más notables de su reino y proclamó rey a Atalarico, que era todavía un niño que no había cumplido los diez años, hijo de su hija Amalasunta y huérfano de su padre Eutarico. (Jordanes. Gética). 

     A su muerte fue sucedido por su hija Amalasunta que gobernó en calidad de regente. 


    Teodorico, rey políglota, un germano educado en la corte bizantina, mitad guerrero, mitad erudito, su largo reinado permitió integrar los elementos bárbaro y romano en un crisol llamado Rávena. Las tres claves de su éxito se basaron en su eficacia como comandante, su clarividencia política y la su profunda comprensión de los ideales romanos. 


    Teodorico, una vez consolidada su posición en Rávena, hizo gala de su capacidad diplomática y se convirtió en mediador y referente del nuevo mundo germánico. Los bárbaros de Occidente se habían alarmado con la victoria de Teodorico; pero cuando vieron que estaba satisfecho con su conquista y ansiaba la paz, el temor se transformó en respeto, y se sometieron a su poderosa mediación, encaminada al elevado propósito de zanjar sus reyertas y civilizar sus costumbres. Los embajadores que llegaban a Ravena desde las regiones más distantes de Europa se admiraban de su sabiduría, magnificencia y cortesía; y si a veces aceptaba esclavos, armas, caballos blancos o animales extraños, sus regalos —un reloj de sol o de agua, un músico— mostraban a los príncipes de Galia la maestría de sus súbditos italianos. Las alianzas familiares —su mujer, dos hijas, una hermana y una sobrina — emparentaron a su familia con los reyes de los francos, los borgoñones, los visigodos, los vándalos y los turingios, y contribuyeron a conservar la armonía o, por lo menos, el equilibrio de la gran república de Occidente. (Edward Gibbon. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano. Tomo III). 

martes, 5 de mayo de 2026

CAPILLA DE SAN ANDRÉS Y PALACIO ARZOBISPAL DE RÁVENA

 


En medio de pantanos, marismas y canales, Rávena es la isla del tesoro, donde artistas de otro tiempo escondieron sus elaboradas obras de arte. Para muestra esta Capilla de San Andrés.

 

 


    La Capilla de San Andrea se localiza en la primera planta del Museo Arzobispal. El complejo del Palacio del Arzobispo se remonta al siglo V.  El santuario pasó a formar parte del museo en las primeras décadas del siglo XVIII, cuando el obispo Maffeo Nicolo Farsetti, decidió demoler la basílica Ursina para levantar una nueva catedral, y trasladar mosaicos, epígrafes, lápidas, capiteles y piezas valiosas, a una nueva ubicación para su conservación, ya que no tenían cabida en el nuevo templo. 

 


La capilla fue erigida a principios del siglo VI a instancias del obispo Pedro II, poco tiempo después de haber sido nombrado arzobispo en el año 495. Un oratorio privado al servicio de los obispos católicos durante el reinado del ostrogodo Teodorico,  construido como una reacción al arrianismo. Este templo católico pretendía ser una protesta frente al culto predominante, en un tiempo en que la clase dirigente, de origen godo, practicaba el culto arriano. 

 



 

 

Modesta capilla en forma de cruz griega dedicada, en origen, al Salvador. Monograma Cristológico y la iglesia triunfante. La decoración de la capilla celebra el triunfo de la iglesia, cuatro arcángeles sostienen el monograma cristológico, y aparecen acompañados de los símbolos de los cuatro evangelistas, aquellas plumas que se hicieron eco de la buena nueva, la llegada del Cristo y el triunfo sobre las tinieblas. 

 




Después de la conquista bizantina de Rávena, cuando ya la herejía arriana había perdido fuerza, y ya no suponía un problema, la capilla fue dedicada a San Andrés, cuyas reliquias llegaron a la ciudad procedentes de Constantinopla en algún momento del siglo VI. En la actualidad las reliquias de San Andrés se conservan en otras ciudades. 

 


Toda la simbología de la capilla se centra en proteger y promocionar la ortodoxia católica frente a las creencias, consideradas heréticas, de los seguidores de Arrio. Como ese Cristo guerrero, que viste toga y armadura, en actitud marcial, derrotando y pisoteando a las bestias de la herejía, al león y a la serpiente. Estamos ante la representación de una iglesia militante.  La escena está situada en un luneto sobre la puerta del vestíbulo. 

    

Sobre su hombro derecho una larga cruz y sujeta en la mano izquierda un libro abierto donde se puede leer “Ego sum vía, veritas et vita.” “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Una cita del Evangelio de San Juan (14:6). Jesús es la única vida hacia Dios.

 

     La inscripción: Aut lux hic nata est aut capat hic libera regnat  (O la luz nació aquí o, hecha prisionera, aquí reina libre). Se refiere con toda probabilidad a la luz ortodoxa, que se opone al arrianismo, y se refleja sublimemente en el brillo de los mosaicos. También hace referencia a la luz neoplatónica. 

 


 

    A esto se añaden las imágenes de los mártires, apóstoles y evangelistas, toda la corte cristiana, que contribuyen a la glorificación. 

 


Decoración natural. 

 


Espíritus santos.  

 

 

        La capilla es el principal motivo de la visita al museo, pero aprovechamos para descubrir otras obras de arte. 



 Una de las piezas más destacadas es la cátedra del obispo Maximiano, obra realizada por artistas bizantinos en el siglo VI. Un excelente talla realizada en marfil. 

 

    No se conoce con exactitud su origen, aunque las hipótesis más extendidas, defienden que fue labrada en alguna ciudad de la parte oriental del Imperio, tal vez Antioquía o Alejandría, incluso la misma Constantinopla, y posteriormente trasladada a la sede de Rávena. 

 

    Se piensa también que pudo ser un regalo del emperador Justiniano a Maximiano de Rávena. Maximiano, que era de origen humilde, no era aceptado por las clases altas de la ciudad, aunque con determinación logró convertirse en un pilar del poder imperial en Rávena. Tanto protagonismo adquirió Maximiano que aparece en los mosaicos de San Vital al lado del emperador. Es el único de los personajes identificado con su nombre. 

 




Capitel de mármol del siglo V .

 


Panel con una escena de la Natividad realizado en mármol (c. 1497). 

 


Efigie en un mosaico que ha sido identificada con el obispo Ursicino (o Urso de Rávena). 

 




El Juicio de Salomón y el triunfo de David, dos anónimas del siglo XVIII pintadas en estilo veneciano. 

 




Estatua acéfala de un emperador tallada en porfirio  y datada en el siglo V.  Recuerda a los Tetrarcas de San Marcos. 


MAUSOLEO DE TEODORICO

 


Teodorico, rey de los ostrogodos, y casi emperador de Italia. Rávena fue el centro de sus dominios y en Rávena duerme el sueño eterno. 




El mausoleo está levantado con bloques de piedra traídos desde la cercana Istria y se utilizó una técnica constructiva denominada “seca” que no hace uso de ningún tipo de mortero ni argamasa para unir los bloques. La piedra se corta con gran precisión, para que encajen unas con otras y se engarzan entre sí utilizando grapas de hierro. 


    El edificio está formado por dos niveles y es rematado con una enorme monolito cortado a modo de cúpula. Las plantas de ambos niveles tienen forma de dodecágono, siendo el nivel superior más estrecho que el inferior. Esto le confiere a la estructura una sensación de ser demasiado pesada en su base. En su interior, la roca se muestra completamente desnuda, tal y como la parió la madre naturaleza. El nivel superior, carente de escalera, era el lugar donde se ubicaba el cuerpo del rey, dado el carácter de inviolabilidad, probablemente en el interior de la gran bañera de pórfido rojo que aún se conserva en el lugar. 





    El rey había encargado que le enviasen mármol blanco de Istria para levantar su mausoleo. El mausoleo entronca con la tradición romana anterior a la cristianización del imperio. Siguió el modelo del siglo IV de los sepulcros imperiales romanos , que eran edificios con cúpulas circulares. Inspirado tal vez en el de Diocleciano en la ciudad de Split, a orillas del Adriático. Recuerda lejanamente a los impresionantes mausoleos de Augusto y de Adriano en Roma. 


    Teodorico pasa la eternidad en completa soledad. A media tarde, si te acercas suficiente puedes oír sus pensamientos que llegan desde el más allá. Teodorico falleció en 526, con unos setenta años, había gobernado en Rávena durante treinta y tres. Tras el entierro de Teodorico, su hija, Amalasunta, se hizo cargo del estado en nombre de su hijo Atalarico, que contaba diez años de edad. Otra vez una mujer al frente de Rávena, y otra vez gobernando en nombre de un hombre. 



    A mediodía, con el Sol en todo lo suyo, chicharras y urracas acompañan al sueño eterno del rey ostrogodo. A lo lejos, el incesante zumbido de automóviles y motocicletas. Animales de la Naturaleza y animales humanos porfiando por los mismos espacios.

 

AGNELO, PRIMER HISTORIADOR DE RÁVENA.

 

 


La época de crecimiento de Rávena, cuando se convirtió en la capital del Imperio, la registró por escrito cuatrocientos años más tardes un clérigo del siglo IX llamado Agnelo. Un ravenés orgulloso de su ciudad que relató la vida de todos sus obispos, cuarenta y seis en total, desde el mítico fundador san Apolinar, hasta el arzobispo Jorge, coetáneo del propio Agnelo. Su libro recoge muchos detalles curiosos, derivados de tradiciones orales,  a menudo inventados, y por tanto, nada fiables. Incluyó divertidas anécdotas y relatos de que aprendió de los vecinos más ancianos, y además copió inscripciones de edificios que hoy ya no existen. Es un maestro de la historia local, y sin su Libro de los pontífices de Rávena habría un agujero enorme (e insalvable) en la historia de la ciudad. 

TRES HERMANOS Y UN REINO. TRIUNVIRATO OSTROGODO.


 



Muere Atila y rápidamente se descompone su inestable imperio. Los ostrogodos recuperan la autonomía. Tres hermanos, Valamiro, Teodomiro y Videmiro reinan conjuntamente sobre su pueblo. Los ostrogodos pasaron de ser vasallos de los hunos a dueños de un reino propio con base territorial en Panonia. 


    “Durante ochenta años, los ostrogodos habían estado bajo la dominación de los hunos y habían combatido al lado de ellos, particularmente en la batalla de los Campos Cataláunicos. Al derrumbarse el imperio huno después de la muerte de Atila, los ostrogodos recuperaron su libertad. Se convirtieron al cristianismo arriano y se establecieron al sur del Danubio, donde un siglo antes sus primos visigodos habían morado, y donde ahora ellos, como antes los visigodos, eran una constante amenaza para el Imperio de Oriente”. (Isaac Asimov)


    Muere Atila y su frágil imperio se desmorona como un castillo de naipes. Los vasallos germanos se rebelan y los hunos intentan aplastar la rebelión. Uno de los hijos de Atila, Elak al frente de los hunos, y con el incondicional apoyo de los alanos,  se enfrenta a una coalición formada por los gépidos de Ardarico, los godos de Valamiro y Teodomiro, además de hérulos, rugios y suevos. La poderosa caballería huna se estrelló contra la formidable infantería pesada germana en la batalla de Nedao (454).  La muerte de Elak en batalla provocó la desbandada de los hunos. 


    “Correspondiente a la división entre los tres hermanos Amali, los ostrogodos se asentaron en tres distritos. Valamir era considerado rey y era el señor soberano de todos ellos. El área de asentamiento godo real probablemente se extendía —en forma de media luna— desde el extremo suroccidental del lago Balatón hasta el río Drava, desde allí río abajo hasta la desembocadura del Karasica-Aqua Nigra al oeste de Mursa-Osijek, y llegando finalmente a Sirmium-Sremska Mitrovica al oeste del río Scarniunga-Jarcina. El más occidental de los tres subreinos era gobernado por Teodomiro; la sección más débil era la del hermano menor y estaba situada en el centro. Valamir, como el más fuerte de los hermanos, se hizo cargo de la parte más amenazada en el este. En términos modernos, Teodomiro habría tenido la parte central y meridional del condado de Somogy, así como el noreste de Croacia, mientras que Vidimiro habría tenido la alta Eslavonia y Valamir la baja. En aquellos días, se habría hablado de partes de las provincias de Pannonia I, Savia y Pannonia II (Sirmiensis). Valamir y sus hermanos probablemente comandaban cerca de dieciocho mil guerreros”. (History of the Goths. Herwig Wolfram).




    El mayor, Valamiro, líder militar, derrotó a los descencientes de Atila en batalla y consigue la independencia para su pueblo. Teodomiro, asumió el poder tras la muerte de Valamiro.  Videmiro, el menor de los tres, dirigió campañas militares en la zona del Danubio. Dirigió contingentes godos hacia la Galia e Hispania y su linaje acabó diluyéndose entre los visigodos. Los ostrogodos se asentaron en Panonia como federados de Roma pero con una autonomía real. Para asegurarse que los germanos no rompieran el pacto, el emperador León I, exigió a Teodomiro que enviase a Constantinopla a su hijo Teodorico como rehén.  Teodorico el Grande fue el artífice del próspero reino ostrogodo de Rávena. 

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