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sábado, 1 de noviembre de 2025

DE DRAGONES Y COCODRILOS.



Pocas criaturas fantásticas han despertado a la vez admiración y temor como el Dragón. Réptiles mágicos y poderosos que llevan milenios alimentando la imaginación, los cuentos y las leyendas forjadas por la Humanidad alrededor de la hoguera. 




Compartimos con los reptiles nuestro cerebro más simple y primitivo, nuestra parte más animal y primaria, el responsable de nuestros apetitos más básicos. Esa extendida costumbre de pasar horas tumbados al sol del verano quizás sea una reminiscencia de nuestro pasado reptiliano. 




Nuestro yo mamífero de sangre caliente y el yo racional rechaza a ese reptil que encarna nuestros miedos más atávicos, de manera que el Dragón se convirtió en enemigo mortal de todo lo creado por el ser humano. El héroe civilizador transmutó en matadragones. 




Hubo un tiempo en que toda Europa estaba llena de dragones y otras clases de reptiles monstruosos. Como la famosa Tarasca derrotada por Santa Marta o el no menos popular Graoully de Metz. Los vecinos vivían atemorizados hasta que un héroe o heroína derrotaba al monstruo. 


 
 

 
 

Los ríos y lagos alpinos eran hábitat ideal para los Dragones. En la bella ciudad austríaca de Klagenfurt vivía Lindwurm, y el héroe Jasón remontó el río Sava y mató a otro dragón en el lugar donde se fundó Ljubliana. 




De las brumas de Avalon, de la Materia de Bretaña, surge Uther Pendragón y su vástago, su legítimo sucesor, el rey Arturo. Padre e hijo son herederos de la poderosa sangre del Dragón. El destino de ambos estaba escrito en las estrellas desde la noche de los tiempos. 


 

 
Si viajamos a las tierras de Septentrión, donde son posibles todos los prodigios, encontramos a Sigfried, el trágico héroe del Anillo del Nibelungo, que mató a Fafnir y se baño con su sangre para volverse invulnerable. 





Durante la Edad Media Europa estaba llena de dragones. La mayoría murieron a manos de jóvenes caballeros que hacían méritos para enamorar a alguna chica de largos cabellos y bonita sonrisa. Más tarde también se extinguieron aquellos caballeros. 




En el Medievo se impuso un concepto amoroso cortesano, gentil y fálico. El caballero corteja a la dama, y la dama, emocionada (y llena de lujuria) se deja seducir. Él monta en su caballo y con su lanza enhiesta atraviesa el corazón del Dragón.

 

La llama prende en el corazón, y en la entrepierna de la dama, que recibe satisfecha la ofrenda de su paladín. Y tras la tempestad de la batalla, de nuevo los arrumacos. El descanso del guerrero. 
 

La iglesia católica comprendió el peligro que representaba el Dragón y no dudó en identificarlo con el maligno, con el mismísimo Satán. Y ahí surge San Jorge, el héroe cristiano que derrota al Dragón y se convierte así en espejo para los caballeros y en patrón de la caballería.





Y si hablamos de caballería no podemos dejar de mencionar a la Orden del Dragón fundada por el emperador Segismundo. Vlad Drácula encarna mejor que nadie es espíritu draconiano, un personaje con dos caras; la del Dragón y la del Diablo. 


 
 


El poderoso dragón se convirtió en blasón y emblema de familias de la nobleza, casas reales y estados modernos. 
 


Los cuentos de hadas se llenaron de malvados dragones que protegían tesoros fabulosos o mantenían cautivas a inocentes princesas. Siempre había un caballero que los cazaba. Como recompensa un beso e imaginamos que un buen meneo con la princesa de turno. 




En Zagreb la escultura de San Jorge sintetiza todo el simbolismo; la lanza fálica, el dragón derrotado y el rostro agotado del caballero después del éxtasis con su dama. Que según el concepto de amor cortés, estaba casada con otro hombre. 




Uther Pendragon, el Dragón muerto por el brazo de San Jorge, el Dragón de Ljubliana, el de Klagenfurt, Santa Marta y la Tarasca, la Orden del Dragón..... una criatura presente en el imaginario popular y en los círculos esotéricos de la Edad Media. 




En nuestra mente imaginamos una Edad Media llena de Dragones. Pero como consecuencia de estas cacerías terminaron desapareciendo de Escandinavia, de Bretaña, de los Alpes, de los ríos, de los lagos, de las profundas selvas, y de cualquier rincón donde antaño habitaron. 

 

Un Dragón, otrora poderoso y orgulloso, queda reducido a la nada, su espíritu doblegado por una certera lanzada que partió en dos su corazón. La valentía derrotada por la plegaria, la honestidad por la hipocresía y la vitalidad por la desidia.

 

¿Y ahora qué?. En una Europa en la que ya no quedaban dragones ¿cómo podrían los caballeros demostrar su valentía?, ¿de qué peligros iban a salvar ahora a la dama que deseaban?. 
 




¿Entonces? Entonces pusieron los ojos en un pariente menor del dragón, el cocodrilo. Los peregrinos y cruzados los conocieron en Tierra Santa, y los exploradores y aventureros los encontraron en Asia, y también en el Nuevo Mundo. Ya que no hay dragones, podemos cazar cocodrilos. 



Conocido desde la Antigüedad, Plinio el Viejo, autor de Historia Natural, se refería a él como "maldición del Nilo". En el Egipto de los faraones era considerado un animal sagrado y se asociaba al dios Sobek. 




En Nimes, una destacada ciudad galorromana, se acuñaron monedas en las que aparecían una palmera y un cocodrilo. Estas monedas se hicieron para conmemorar la victoria de Octavio sobre Cleopatra y Marco Antonio. 




Antes que San Marco, Venecia tuvo a otro patrón, San Teodoro, entronado en una de las columnas levantadas frente al Palazzo Ducale. La gran hazaña de Teodoro fue cazar a un enorme cocodrilo que tenía amenazados, por su ferocidad, a los primeros habitantes de la Laguna.

 

Jean Paul Borres, satanista y experto en ciencias ocultas, autor de libros heterodoxos y extraños, sostiene que detrás de la leyenda de San Teodoro, se oculta un culto ancestral al Dragón de las aguas. Los primeros venecianos le ofrecían sacrificios humanos para aplacar su cólera. 




Extinguidos los dragones, los aventureros y caballeros europeos se dedicaron a cazar cocodrilos, y como buenos cristianos, los ofrendaban a las iglesias. En Saint Bertrand de Commingnes, en el Pirineo francés, se conserva este ejemplar llegado desde Tierra Santa.




En España también existen ejemplos de esta tradición de enfrentar y dar caza al Dragón, en estos casos cocodrilos, como en Medina de Rioseco y en Viso del Marqués. Los animales llegados de otras latitudes causaban gran expectación en Europa. El exotismo alimenta la imaginación. 

miércoles, 25 de junio de 2025

TERRITORIO VÁKNER





La Auvernia tiene a la bestia de Gevaudan (la que inspiró la interesante película el Pacto de los lobos) y la Galicia atlántica al Vákner. Para alcanzar el Fin de la Tierra, el mítico Finisterre, hemos de atravesar el territorio Vákner, un espacio turístico inspirado en viejas leyendas. Estamos en las tierras del “lobishome” como narró magistralmente Fernando Sánchez Dragó en su mítica obra “Gárgoris y Habidis”. Descubrí este maravilloso libro, que se convirtió en una de mis lecturas de cabecera, en mis tiempos de universitario. No podía creer que el extraño personaje que presentaba un soporífero programa de televisión hubiese escrito tamaño libro. Aunque mirado con cierta perspectiva, a lo mejor la citada obra, también puede resultar un tanto monótona y soporífera.





La licantropía es consustancial a la sociedad humana. Y existen numerosas referencias. Los guerreros dacios convertidos en lobos, los perros fieles y salvahes qye custodian las tumbas de los vampiros durante el día, el Valdemar Dadinski de turno, entusiasta de la carne y los gritos femeninos, y el hombre lobo, aldeano de bien que muta en voraz cazador durante las noches de luna llena. En mi mente se entremezclan los ensayos de Dragó y de Mircea Eliade, los monstruos de Hammer y el Fantaterror patrio y las leyendas que reinvento en mi mente en cada paso que me aproxima a Fisterra. El licántropo es nuestro yo más animal, ancestral y salvaje. Dominado por los instintos primarios de la caza y la cópula. Y Galicia es (o fue) tierra de hombres lobos.




Un obispo armenio, Mártir de Arzendján, quién realizó una peregrinación entre 1491 y 1492, tuvo un encuentro con esta bestia. Termina la Edad Media, comienza la Edad de la Razón, y proliferan leyendas atávicas. Y es que somos humanos, demasiado humanos. El instinto y el miedo por encima de la razón.





Un monstruo, una bestia salvaje que aterrorizaba a los peregrinos que, desde Santiago de Compostela, proseguían su viaje hacia Muxía y Fisterra. Aquí en vez de atracados por bandoleros de pañuelo y trabuco, podían ser devorados por una criatura ancestral. Los testigos atemorizados no se ponen de acuerdo en las formas de Vákner; un toro, un lobo, un dragón. De cualquiera de las maneras una bestia brutal, salvaje y terrorífica. Su presencia hiela la sangre en las venas del más valiente. Nadie conoce ni su origen, ni su guarida, pero tienen la esperanza de no cruzar nunca su camino con la criatura Vákner.


martes, 15 de abril de 2025

BASILISCO, REY DE LAS SERPIENTES.

 



Bestia fantástica e imaginaria cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Una criatura legendaria con cuerpo de reptil y cabeza de gallina, incubada por un sapo en un ambiente húmedo y cenagoso. Un ser mítico presente en culturas y pueblos diversos, lejanos entre sí, historias, cuentos y leyendas reinventadas una y otra vez, una fuente inagotable de aventuras, anécdotas y encuentros desgraciados. Las personas siempre hemos tenido un fuerte sentimiento de atracción-repulsión por estas extrañas criaturas de rasgos reptilianos. Los griegos – siempre ellos – lo denominaban “Pequeño Rey”, de su aliento, y especialmente de su fría mirada, brotaba un poderoso veneno que petrificaba los corazones. Isidoro de Sevilla se refería al basilisco como “el rey de los serpientes”.



El famoso caballero de los espejos debe su nombre a un duelo épico que sostuvo con uno de estos basiliscos. El caballero protegió su cuerpo con una armadura reflectante, capaz de devolver el veneno a la alimaña.



El mito del basilisco – como el de otras criaturas similares – trasciende épocas y culturas, y su creación es la respuesta atávica a una serie de hechos de complicada explicación como plagas, epidemias, desapariciones misteriosas o desastres naturales. Su existencia no es más que la materialización de ese miedo a los desconocido que anida en el alma humana. Los poderes del basilisco, de una profunda sensibilidad poética, ocultan una de las más sabias enseñanzas para las personas, el veneno más poderoso es nuestro propio reflejo, el miedo atróz a vernos tal como somos, simples e insignificantes seres mortales.

miércoles, 29 de enero de 2025

ROXÍN ROXAL Y EL PONTE DO PORCO.

 



Los peregrinos que siguen el Camino de los ingleses, en el tramo que une Pontedeume y Betanzos, saliendo de Miño cruzan el río Lambre utilizando un puente medieval del siglo XIV. Si prestan atención pueden oír la trágica leyenda que el puente quiere narrarles.


Corrían los tiempos en que Nuno Freire de Andrade “O Mao” era serñor de los Andrade, alló por el siglo XIV. A su servicio se encontraba Roxín Roxal, un doncel de noble corazón, que cosas de la vida se enamoró de su única hija, Tareixa.


El señor de los Andrade, como noble que era, había concertado el matromonio de su hija con Henrique Osorio. El amor entre Roxín y Tareixa crecía día a día, pero la tristeza por la imposible relación se apoderó del corazón del doncel. Entonces Nuno decidió desterrar al fiel doncel, haciéndole entrega de una bolsa con dinero y una bonita daga de oro, para que el muchacho empezase una nueva vida en otro lugar.


Los días fueron pasando, se celebró la boda y Nuno continuó gobernando su señorío. De Roxín nadie sabe nada. La estabilidad fue rota por un enorme jabalí que causaba estragos en los dominios del señor de los Andrade. Molesto por las quejas de los campesinos y los destrozos en los campos de labor, Nuno organizó una partida de caz, de la que formaban parte su yerno, y su hija, una experimentada amazona.


Quiso la Providencia que fuese la presa la que localizara a los cazadores. El enorme jabalí los acorraló en el puente del río Lambre, y Henrique de Osorio, al ver a la enfurecida bestia, en vez de arrojarle un venable, presa del pánico, saltó al río desde el pretil del puente, dejando a Tareixa sin posibilidad de reacción. El animal salvaje arremetió contra la muchacha, y en un instante, le arrebató la vida.





La tristeza lo envolvía todo, Henrique de Onorio, avergonzado por su cobardía, abandonó las tierras de los Andrade, y Nuno, desolado, era consumido por la melancolía. Una mañana, en el mismo lugar donde se había producido la tragedia, volvió a aparecer la bestia, esta vez con una daga de oro clavada en el corazón. Nuno comprendió, demasiado tarde, que con Roxín Roxal a su lado, su querida hija Tareixa, aún seguiría con vida. Desde entonces, este lugar recibió el nombre de Ponte do Porco.





La leyenda pasó de generación en generación a través de la tradición oral y sirvió de inspiración a literatos como Benito Vicetto, que escribió las aventuras de un Roxín Roxal, que termina coronado rey de Galicia.


domingo, 21 de mayo de 2023

TOLEDO Y LOS GUARDIANES DE LA MAGIA

 


Las eternas llanuras manchegas, que se vuelven etéreas minutos antes del ocaso, con las últimas luces naturales del día, parecen querer proteger algunas de las ciudades más misteriosas de Europa, como Cuenca, o Toledo. El que llega a Toledo para ser instruido en los arcanos, supera un primer viaje iniciático al atravesar las llanuras de la Mancha. Después de estudiar en Toledo o en Cuenca, el paisaje de la Meseta Sur habrá cambiado para sus ojos. La Mancha se va transformando desde la primera vez que el viajero pisa su suelo y contempla sus paisajes.


Caminando por el Tajo.

Toledo es la ciudad, y también el río que la abraza. Río que es vida, y sustenta a un considerable número de especies de aves, desde los elegantes garzas, hasta los inteligentes córvidos, pasando por anátidas, palomas y pequeños pajarillos. Es el Tajo ese río que rodea y protege Toledo, y ha visto nacer y crecer la ciudad, ha reído su alegría y llorado sus penas. Sus aguas subterráneas hacer crecer árboles y vegetación de ribera, y su cauce sirve de sustento a animales de varias clases. Por encima del río los hombres levantaron torres y murallas, y construyeron puentes y puertas. Chopos, sauces y cipreses beben sus aguas, y regalan su sombra. Un paseo silente varios metros por debajo del nivel de las empedradas calles que confluyen con parsimonia en Zocodover.





De los carpetanos a los turistas internacionales del siglo XXI, Toledo ha sido, es y será un centro mundial de historia, arte y cultura, pero también de ocultismo, magia y esoterismo. Antes del nacimiento del tiempo, Túbal era rey de Iberia, y Toledo un recóndito promontorio rocoso. Un buen día llegó al lugar Hércules, y descubriendo que aquel enclave estaba sujeto a la influencia de los astros, comprendió que era el punto exacto donde crear un centro iniciático, una escuela de magia. El mismo Hércules, también conocido como Melkart, al que dedicaron un celebérrimo templo en los alrededores de la Gadir fenicia, fue el primero de los guardianes de la magia, custodios de los secretos de la ciudad.


El poderoso semidios labró una cueva y la fue ampliando con nuevas salas y estancias, y sobre ella construyó un palacio, utilizando jade y mármol, cuyo aspecto era el de una torre cilíndrica de gran altura. Pasó Hércules aquí muchos años enseñando artes mágicas e iniciando a unos pocos escogidos en los secretos de los arcanos. Caminar en solitario por las callejuelas nocturnas de Toledo nos ponen en conexión con aquellos estudios del ocultismo. Las ciudades de larga historia ocultan bajo los edificios actuales diferentes niveles arqueológicos de ocupación. Bajo la Toledo actual los arqueólogos han localizado termas romanas y baños árabes, cementerios, conducciones de agua y casas de época califal, y otros muchos secretos olvidados. Sin embargo nunca han podido hallar la legendaria Cueva de Hércules. Ese es el motivo principal para no dejar de buscarla.


En tiempos históricos, o mejor dicho protohistóricos, la futura Toledo era el oppidum más destacado de la tribu de los carpetanos, vendría a ser algo así como su capital. Los carpetanos, aguerridos habitantes de la Meseta, acostumbrados a pasarlas canutas con sus inviernos extremos, plantaron cara a los invasores romanos. La historia, en la pluma de Tito Livio, recuerda el nombre de uno de sus reyes, Hilerno, que fue derrotado y capturado por los romanos, después de una batalla en la que también intervinieron otros pueblos vecinos como vettones, vacceos y celtíberos. De lo que sucedió a Hilerno después de su captura, nada sabemos. Muchos siglos depués, otro militar, Alvar Fañez “Minaya”, uno de los capitanes del rey Alfonso VI y compañero de armas de Rodrigo Díaz “el Cid Campeador”, defendió con éxito la ciudad, de un ataque de los almorávides.




Llegado el momento de abandonar la ciudad, aún le quedaban muchas aventuras que correr y algunas de las Doce Pruebas pendientes, Hércules cerró la torre con todos sus secretos, utilizando para ello numerosos candados. Para preservar la inviolabilidad del recinto designó a doce guardianes. La Humanidad no estaba preparada para acceder a ciertos conocimientos. En este siglo XXI de irritación constante, agresividad incontrolada y falta de respeto absolutamente por todo, sigue sin estarlo.


No obstante, los discípulos de Hércules, bien por decisión propia, bien siguiendo las instrucciones de su mentor, continuaron con la tarea de transmitir las enseñanzas herméticas. Cuenta Filóstrato, que Apolonio de Tiana y su compañero asirio Damis, llegaron a la cueva mágica después de un interesante periplo por la Bética. Aquí perfeccionó su arte de los exsorcismos, el poder de la adivinación o el de resucitar a los muertos. Algunas centurias antes de la estancia de Apolonio, los carpetanos que aquí vivían, convivieron con los magos que trabajando como hormigas construyeron una red de galerías laberínticas en las entrañas de Toledo. Bajo tierra, en la Cueva Primigenia, rendían culto, ofrecían sacrificios y realizaban los oráculos de dioses de carácter infernal y ctónico. Estos cultos, prácticamente desconocidos para la mayoría de los habitantes de la superficie, se iban transmitiendo de generación en generación, durante la dominación romana. La pujante religión cristiana, y sus obispos, poco podían hacer para erradicarlos, más allá de tímidos intentos para prohibirlos.


Los godos, el pueblo errante que comenzó su singladura en una isla situada en la lejana Suecia, convirtieron Toledo en la próspera capital de su reino. Una vez asentados en la ciudad, sus monarcas decidieron respetar la tradición antigua y las artes mágicas, y cada uno de ellos fue añadiendo un nuevo candado a la puerta del palacio de Hércules, que a pesar de las centurias transcurridas desde su edificación, seguía resistiendo en pie, el paso del tiempo. De aquel lugar misterioso y desconocido se contaban cosas terribles, por eso no es de extrañar que los reyes visigodos, temerosos de lo oculta, decidieran cerrar cada vez más sus puertas.


Los obispos cristianos, sin embargo, andaban muy preocupados por la influencia de los hechiceros y el clima de magia que se respiraba en todos los rincones de la ciudad. Las autoridades eclesiásticas prohíben las prácticas mágicas y la consulta a augures, a los miembros de la iglesia. Además los monarcas visigodos, como Chindasvinto o Recesvinto, también intentarán acabar con las artes mágicas.


Cuando el reino visigodo se aproximaba a su fin subió al trono Rodrigo, que nunca supo solucionar la grave crisis que azotaba al país. Por eso la historia le reserva un lugar junto con los más nefandos gobernantes que han existido. Quizá fue el afán de riquezas, o el deseo de encontrar un objeto extraordinariamente poderoso, o tal vez la simple curiosidad, el caso es que Rodrigo decidió asalta el Palacio de Hércules. En lugar de añadir un candado más, descerrajó todos los existentes y se introdujo en el interior del recinto. El rey y sus acompañantes quedaron deslumbrados con lo que vieron, pero conforme iban avanzando por las distintas salas, una sensación de desasosiego se fue apoderando de la comitiva. Al entrar en una pequeña sala, todo ella decorada con tapices de terciopelo negro, y figuras de caballeros desconocidos, hallaron un confre ricamente ornamentado. Para abrir el cofre Rodrigo tuvo que romper una figurita o sello que hacía las veces de candado, y en su interior halló un delicado pergamino con una advertencia escrita: “Se se viola esta cámara y se rompe el encantamiento contendio en esta arca, las gentes pintadas en estas paredes invadirán España, derrocarán a sus reyes y someterán a todo el país”. Cuentan algunas leyendas que justo cuando los asaltantes abandonaron el lugar, se desató una terrible tormenta que redujo el edificio a ruinas. Otros cuentan que fue un ave gigantesca que lanzó una poderosa llamarada convirtiendo el torre en un mar de brasas, el Ragnarok, o la última escena de la ópera el Ocaso de los Dioses que cierra la maravillosa tetralogía wagneriana. Milagrosamente el habitáculo que había sido la sede de la antigua escuela fundada por Hércules, quedó intacto. Los secretos que custodiaban se habían salvado. Al menos, de momento.


Las maldiciones y profecías conviene tomarlas en serio. No mucho tiempo después de lo acontecido en la cueva, se produjo la invasión bereber desde el Norte de África, y el propio rey Rodrigo murió combatiendo al enemigo en la batalla de Guadalete (de la Janda o donde quiera que fuese). El reino visigodo desaparecía, pero Toledo y sus secretos, sobrevivían. A la ciudad aún le aguardaban momentos de gran esplendor.



Uno de los capitanes de la expedición, Tariq ibn Ziyad, continuó avanzando hacia el Norte, llegando a Toledo. Cuentan las crónicas que lo hallado en la Cueva de Hércules superaba cualquier cosa imaginable. Ni todas las maravillas narradas en las Mil y una Noches podrían igualar siquiera el contenido de la cueva. La lista de los objetos es interminable: diademas engarzadas con perlas y rubíes, gemas y piedras magníficas, vasijas de oro y plata de perfecta factura, el libro de los salmos del rey David, un libro de alquimia sobre el arte de fabricar talismanes, y otros volúmenes sobre las propiedades de piedras y plantas, la confección de venenos y tríacas, o sobre el arte de tallar rubíes, un elíxir capaz de transformar la plata en oro o un gran espejo redondo fabricado por Salomón, aquel que si miraba podía ver cualquier región del mundo.


Entre aquel maremágnun de objetos mágicos y libros maravillosos, había algo que superaba en magnificiencia a todo lo demás, la Mesa de Salomón, confundida, y a veces identificada, con la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto. La Mesa de Salomón es la quintaesencia de todos los conocimientos ocultos, todas las magias y todas las joyas del universo.



Solo hay un espejo capaz de mostrar el rostro de todas las generaciones, desde Adán a los que oirán la trompeta, ese espejo es la Mesa de Salomón. Este antiguo arcano del saber prohibido se encontraba en Toledo porque fue traído por los visigodos. Alarico lo sacó de Roma, adonde había llegado junto con todos los tesoros que Tito y sus legionarios robaron durante el saqueo de Jerusalén. Según la tradición (esas que nunca mienten ni fabulan desde el vacío) Moisés la sacó de Egipto cuando partió el país del Nilo al frente de su pueblo, y allí habían llegado desde la lejana Hiperbórea, el continente perdido. Después del saqueo de Roma la Mesa de Salomón permaneció en la ciudad de Carcassone en la época en que los visigodos estuvieron asentados en la mitad sur de la Galia, en el entorno de Tolosa. Los francos los derrotaron en Vouillé y los visigodos se replegaron al sur de los Pirineos. Los visigodos del éxodo sacaron de Carcassone sus tesoros y los depositaron en Toledo. Así llegó la maravillosa reliquia a la Cueva de Hércules.


La leyenda continúa contando que los tesoros le fueron entregados al califa Al-Walid ibn Abd Al-Malik en Oriente. Las versiones más interesantes mantienen que se entregaron todos los tesoros excepto uno, la Mesa de Salomón, que permanece oculta en algún rincón de Toledo. Las visitas guiadas, los free-tours, las luces nocturnas, los ruidos de bares y restaurantes, y los enjambres de turistas, han ido borrando su rastro, y tal vez, la Mesa de Salomón, se haya perdido para siempre.


La llegada de los musulmanes a la ciudad supuso la supresión, momentánea, del obispado, convirtiendo la primitiva catedral en su gran mezquita aljama. Sinderedo, último obispo visigodo de Toledo, decidió huir a Roma. Pasadas unas pocas décadas, las autoridades musulmanas permiten a la iglesia católica volver a tener un representante en Toledo. El primer obispo mozárabe de Toledo, o uno de los primeros, fue Cixila, siendo sucedido por el célebre Elipando. Elipando fue un personaje singular y controvertido, que llegó incluso a un acercamiento entre el cristianismo y el islamismo, sin olvidar la tradición arriana, y se convirtió en el principal representante del Adopcionismo Cristológico. Según esta doctrina herética, Jesús es un ser humano, hijo de padre y madre carnales, que fue adoptado por Dios para llevar a cabo su obra. El beato de Liébana lo llamó “cojones del Anticristo”. Una ciudad llena de secretos y heterodoxias varias como es Toledo, se vanagloria de haber tenido a un obispo hereje.


En época andalusí Toledo ya comenzó a destacar como centro cultural. Azarquiel, reputado astrónomo, cuyo nombre sirvió para bautizar uno de los cráteres de la cara visible de la luna, es uno de los grandes olvidados de la historia de la ciencia. Dirigió el equipo que elaboró las Tablas Astronómicas Toledanas, pero también construyó una clepsidra o reloj de agua en el río Tajo.


En 1031 se produce el colapso del Califato de Córdoba y Toledo se convierte en el centro de unas de las taifas más poderosas de la península, alcanzando su máximo esplendor con el rey Al – Mamún, hijo del fundador Ismaíl al-Záfir. Excelente diplomático mantuvo relaciones de vasallaje interesado con el rey Fernando I y posteriormente con su hijo Alfonso VI, al que unió una sincera amistad. Al – Mamún llenó Toledo de libros y la convirtió definitivamente en un centro cultural de primer orden.


En 1085 Alfonso VI culmina la anexión de la ciudad y la incorpora a sus dominios. Alfonso había pasado un tiempo en Toledo refugiado en la corte de su amigo, el rey Al-Mamun. Aquellos días pasados en la ciudad del Tajo le sirvieron para descubrir los laberintos subterráneos y las entradas secretas a la urbe. Cuenta una vieja tradición que el monarca leonés utilizó aquel dédalo de pasadizos y callejuelas para penetrar en Toledo durante el asalto definitivo. Recaredo se bautizó cristiano, y algunos siglos más tarde, Alfonso VI reinstauró el cristianismo en la ciudad. Las huellas de ambos permanecen visibles en la ciudad del siglo XXI.


Cuando Alfonso VI recupera la ciudad para la causa cristiana, la catedral recupera su antigua función. Su esposa, Constanza de Borgoña, promueve a Bernard de Sedirac como nuevo arzobispo de Toledo, Bernardo de Cluny. La influencia de Cluny comienza a ser notable en todo el reino. La voluntad del monarca de concordia cultural se fue imponiendo en la ciudad, y poco a poco se fue materializando en la riqueza arquitectónica y artísticas que atesora la ciudad.




En 1088 el papa Urbano II concede al templo el título de Catedral Primada del Reino de España y dos siglos después, otro papa, Honorio III autorizó las obras de una nueva catedral, cuyas obras comenzaron durante el mandato de Ximénez de Rada. El arzobispo de Rada fue un destacado eclesiástico, militar e historiador y un destacado hombre de estado de su tiempo. El 14 de agosto de 1227 junto a Fernando III colocó la primera piedra para reedificar la catedral. Alfonso VII el Emperador rey de León, hijo de la reina Urraca de León y de Raimundo de Borgoña fue coronado emperador de las Españas en la catedral de León, pero eligió como lugar de sepultura la Primada Toledana.


Ciudad arzobispal, entre los prelados que se sentaron en la cátedra toledana, ocupa un lugar destacado el Cardenal Mendoza, que fundó un hospital, el Hospital de la Santa Cruz, que en la actualidad es la sede de un museo. La fundación de Mendoza recogía los últimos avances de su tiempo, para mejorar la higiene de los enfermos.


Toledo fue también fue la sede de una dinámica e influyente comunidad judía. Seferard dejó aquí un pedacito de su alma, y nunca abandonará esta judería. El alma mater de la judería toledana en el siglo XIV fue Samuel ha – Levi. Invirtió parte de su riqueza en embellecer la ciudad y mandó construir la sinagoga del Tránsito (hoy es la sede del museo sefardí). En el mismo barrio se ubica otra preciosa sinagoga, la Sinagoga de Santa María la Blanca. De estilo mudéjar (como otros edificios de la ciudad) ha sido tomada como modelo por comunidades judías de todo el orbe. Al entrar y contemplar el color, el caminante comprueba que el color que le da nombre le hace justicia.


Samuel ha Levi fue tesorero del monarca castellano Pedro I el Cruel, y en cierta ocasión negoció con sus enemigos hasta recuperar la ciudad que había perdido. En agradecimiento a la lealtad y la ayuda prestada por los judíos otorgó permiso a Levi para construir la citada Sinagoga del Tránsito. Según las Siete Partidas de Alfonso X, construir sinagogas estaba prohibido, pero una provisión permitía a la Corona hacer excepciones. Otro miembro destacado de la comunidad sefardí toledana fue Yehuda ben Moshe, rabino, médico real, escritor, astrónomo e integrante de la Escuela de Traductores.


La cábala, la comida halal, el menorah, la filosofía, el talmud y la Torá. La ley de Abraham y de Moisés, el pacto eterno con Dios, Yahvé, la astronomía, los préstamos, los negocios, la banca y la medicina. En 1492 después de haber colaborado en el triunfo de la Monarquía Autoritaria de los Reyes Católicos y el establecimiento del Estado Moderno, millares de judíos se vieron obligados a abandonar sus casas. Quinientos años después sus descendientes aún conservan las llaves de sus casas.


Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, proyectaron enterrarse en Toledo, y a tal fin ordenaron la construcción del Monasterio de San Juan de los Reyes, una de las obras claves del denominado gótico isabelino, ejecutado por Juan Guas. El convento es un monumento conmemorativo a los logros y el programa político de los Reyes Católicos. La posterior conquista de Granada cambió los planes de Isabel y Fernando que acabaron sepultados en la antigua capital nazarí.


En la época de la capa, la espada y la pluma, nació en Toledo Garcilaso de la Vega, fino con la palabra y diestro con las armas, poeta y soldado, el más cortes de los hombres. Trajo de Italia el Soneto y lo introdujo con éxito en el Siglo de Oro de las letras.


Cerca del Tajo en soledad amena

de verdes sauces hay una espesura,

toda de yedra revestida y llena,

que por el trono va hasta la altura,

y así la teje arriba y encadena,

que el sol no halla paso a la verdura;

el agua baña el prado con sonido

alejando la vista y el oído”.

Égloga III

Garcilaso de la Vega


Siglos después, el más romántico de los escritores españoles, y uno de los pocos que cultivó la fantasía, Gustavo Adolfo Bécquer, soñó leyendas en la Ciudad de las Tres Culturas; el Beso, el Cristo de la Calavera, la Rosa de la Pasión, las Tres fechas o la Ajorca de Oro.




Toledo siempre ha sido ciudad de reyes y sede de la corte, los monarcas residían largas temporadas aquí, y es por eso que también fue la cuna de princesas e infantes. Aquí nació Juana I de Castilla, injustamente llamada la Loca, hija de reyes y madre del emperador Carlos V. En el año 1479 fue bautizada en la iglesia de El Salvador, la mujer que llegó a ser reina de Castilla, Aragón y Navarra. Otro rey que nació en esta maravillosa ciudad fue Alfonso X el Sabio, defensor de la cultura y promotor de la afamada Escuela de Traductores, que había impulsado el arzobispo Raimundo de Sauvetat. El monarca castellano es reconocido precisamente por su ingente obra literaria, científica, histórica y jurídica, realizada por su escritorio real.


El primer ciclista español en ganar el Tour de Francia, la más reputada de las competiciones ciclistas a nivel mundial, pasó largas horas entrenando por las abruptas carreteras de la región. El Águila de Toledo, Federico Martín Bahamontes, rey indiscutible en las montañas francesas.




El emperador, con sus galas de capitán de ejércitos, y espada desenvainada recibe al visitante a los pies de la bisagra. El rey emperador Carlos V concibió Toledo como una de sus capitales imperiales. El joven rey llegó a España acompañado por artistas italianos a los que encomendó el embellecimiento de la ciudad. Reformó una de las entradas más importantes de la ciudad, la Puerta de la Bisagra, transformada como un arco de triunfo clásico, para pasar triunfal bajo ella. Se colocó su gran escudo imperial con el águila bicéfala. Tomó posesión del alcázar y acometió las obras que le confieren su aspecto actual de fortaleza inexpugnable. Desde su terraza podía dominar, de un vistazo, el río Tajo, defensa natural de Toledo. Mientras concluían las obras del alcázar, la joven emperatriz, Isabel de Portugal, residió en el Palacio de Fuensalida. Precisamente la esposa del emperador murió en Toledo en 1539.




Cerca de Zocodover, en la Alcaná, un abigarrado y ajetrado mercado, con tenderetes, buhoneros, castañeras, puestos de fruta y verdura, y gente que viene y va, don Miguel de Cervantes compró a un pícaro zagal un cartapacio con papeles viejos firmados por un historiador árabe, Cidi Hamete Benengeli. Aquellos legajos, de difícil lectura y comprensión, narraban las disparatadas aventuras de un hidalgo manchego, que respondía al sonoro nombre de Don Quijote. En este punto las vidas de Cervantes, Cidi Hamete y el hidalgo Quijano se funde irremediablemente.


Por la misma época, en pleno Renacimiento, un cretense llamado Doménikos Theotokópoulos, conocido mundialmente como El Greco, se convirtió en el pintor de Toledo. La ciudad se convirtió en el escenario de algunas de sus composiciones, como el sugerente Entierro del Señor de Orgaz. El Greco aprendió pintura de los más grandes artistas del Renacimiento y su genio creador le llevó a crear un estilo pictórico muy personal y original, manierista dicen los italianos, y es por ello considerado uno de los grandes pintores de la civilización occidental.


Toledo vincula su historia con grandes mujeres, como María Pacheco, comunera y Leona de Castilla. Tras la muerte de su marido, el también comunero Juan de Padilla, asumió el mando y la defensa de la ciudad. O la menos conocida María de Estrada, una mujer soldado que participó con Hernán Cortés en la conquista de México. Las leyendas locales hacen de María una antigua judía, de nombre Míriam, que aprendió junto a su familia toledana el arte de forjar espadas y manejarlas con pericia.




Carlos Saura, en un alarde de surrealismo, dirigió a Luis Buñuel, a Federico García Lorca y a Salvador Dalí en una onírica aventura en busca de la famosa Mesa del Rey Salomón. Los intrépidos compañeros deben pasar una serie de pruebas, y es que la iniciación puede adoptar múltiples formas, algunas de ellas intrigantes y placenteras. Las experiencias vividas por cada, uno en la noche toledana, terminan confluyendo en un camino que conducirá a los tres artistas a las entrañas mismas del Cosmos, cuya entrada coincide, más o menos, con la legendaria cueva.



Ciudad inmortal, primada de las Españas, sede de la Escuela de Traductores y de la Universidad de Nigromancia. Ciudad no de las tres culturas, sino de todas las culturas; castro carpetano, asentamiento romano, capital visigoda y sede de la catedral primada, corte de una Taifa musulmana lujosa y culta, hogar sefardí, orgullo de los monarcas cristianos y ciudad imperial. Los maestros espaderos y las mojas reposteras, albañiles del mudéjar, sabios cabalistas, mozos de cuadra, criadas y lavanderas. Aún quedan en pie sus mezquitas, iglesias y sinagogas, los puentes, las torres, las puertas y las murallas, todo para proteger el hogar de la magia. El crisol universal. Una ciudad soñada y para la ensoñación, es obligación salir a caminar y dejarte atrapar por su magia. Calles empinadas que bucean entre rincones ocultos a los curiosos. Gente que viene y va, de acá para allá. Moras y judíos, imanes y rabinos, novelistas y poetas, templarios y hospitalarios, comerciantes y artesanos, sabios y nigromantes. Callejones que se pierden en la inmensidad de la historia y los ecos de la leyenda. Hasta aquí llegó Dean Corso en busca de la Novena Puerta y a Corto Maltés, compañero de aventuras de Hugo Pratt, se le perdió la pista durante la Guerra Civil Española. Me gusta pensar que se perdió en Toledo y nunca intentó encontrarse.


Los restaurantes y las tiendas de recuerdos han sustituido los talleres de forja y las tahonas, y los selfies, el turismo de masas y las experiencias han contribuido a olvidar los secretos de Toledo. El buscador que llega a la ciudad por primera vez no tiene ni idea por donde empezar. El siglo XXI con sus pantallas y su ritmo acelerado está consiguiendo que las personas vayan dejando de creer en lo extraordinario, lo mágico y lo insólito.




Una ciudad que intenta preservar su pasado legendario, pero ocultándolo a los ojos de todos aquellos que no sepan (ni quieran aprender) a apreciarlo. Los documentos escritos y los descubrimientos arqueológicos arrojan algo de luz, maquillan los acontecimientos legendarios y lo transforman en un conocimiento científico y académicos. Pero la ciencia no basta para comprender y aprehender Toledo. Es necesaria la fascinación por lo recóndito y lejano, la mirada del niño, la mente despierta y abierta, la curiosidad y el instinto, la pasión por la vida, la parte irracional de nuestro cerebro y el alma imaginativa y soñadora. Son esos elementos, y no los datos empíricos los que nos ayudarán a conocer Toledo. Caminantes sin destino, sabios sin respuestas, soñadores de leyendas y amantes de lo insólito, todos encontrarán aquí su Santo Grial. Es el instinto el que nos conduce por el camino exacto, que puede ser cualquiera. Ninguna App, ni libro, ni guía turística te podrá enseñar la esencia de Toledo, ni mostrar sus maravillosos secretos. Y si tienes dudas . . . pregunta a las leyendas.


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