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domingo, 17 de febrero de 2019

RÍO NIVE.




La Nive – en francés los ríos son femeninos – o Errobi – en vasco – es el río que atraviesa la ciudad de Saint Jean Pied de Port en los Pirineos, y es afluente del Adour. Nace en los Pirineos y fluye hacia el norte, buscando el Atlántico, llega hasta Bayona y allí desemboca en el río Adour.

jueves, 1 de marzo de 2018

IGLESIA DE NOTRE DAME DU BOUT DU PONT.



Notre Dame du Bout du Pont, próxima al puente, prácticamente en la orilla del río, una iglesia medieval con aspecto de fortaleza es la iglesia más importante de Saint Jean Pied de Port y es el segundo edificio gótico más destacado del País Vasco francés. El primero es la impresionante catedral de Bayona (lugar donde se reunían los peregrinos para caminar juntos hacia España). En el espacio que se abre delante de su puerta se celebraba el mercado.


La tradición atribuye su construcción al rey Sancho VII tras la batalla de las Navas de Tolosa. Exultante estaba el monarca tras la victoria y su hazaña personal. De cualquier manera podemos datarla en el siglo XIII.


Las piedras de la base, con marcas de canteros, podrían pertenecer a la primera fase constructiva de la iglesia primitiva. La fachada es de piedra rosa, decorada con un pórtico gótico (muy bonito) con columnitas y capiteles tallados.


En el interior nos recibe una amplia nave, con dos vías laterales, dos coros y dos plantas de tribunas levantadas en el XIX (el siglo de la idealización del arte gótico). En la actualidad la iglesia recibe el nombre de la Anunciación.


Lo más llamativo es el muro con nichos u hornacinas que parecen corresponderse con las estaciones de penitencia del Vía Crucis. Cerca del altar dos nichos abiertos en el muro con sendos nichos dibujan una estampa mágica que haría las delicias de un Indiana Jones de película.


Las interesantes figuras de la portada. 









viernes, 1 de diciembre de 2017

LA CIUDADELA DE SAINT JEAN PIED DE PORT.



Donde los arquitectos militares de la Edad Moderna, la era de la pólvora y la artillería, levantaron un bastión, existía en la Edad Media un castillo. La Ciudadela de Saint Jean Pied de Port, magnífico ejemplo de baluarte artillero que reposa en la colina Mendiguren, es una muestra indudable del tradicional carácter estratégico de la localidad.



En los inicios del siglo XVI los reyes Carlos I y Francisco I mantenían una enconada disputa (con el trono imperial de fondo) y el castillo medieval aquí situado fue arrasado por las tropas españolas después de un asedio de tres semanas. La tensión constante entre Francia y España y el contexto bélico permanente llevaron a la determinación de convertir Saint Jean pie de Port en un bastión defensivo con guarnición permanente entre Bayona y Pamplona.


Durante la década de 1620 la actual ciudadela fue tomando forma con la construcción de los cuatro bastiones angulares. Antes de que acabase el siglo el ingeniero Vauban, que trabajaba a las órdenes de Luis XIV, el Rey Sol, dejó aquí su marca personal en el estilo de los edificios y puertas, y la construcción de subterráneos.

Desde el siglo XVIII la vida de esta tranquila villa pirenaica transcurría a ritmo de paso militar, con la llegada de convoyes, los movimientos de tropas y la presencia constante de una guarnición de quinientos hombres. Esta ciudadela jugó un destacado papel en las guerras de la Revolución y del Imperio, por aquí pasó Napoleón para invadir España y en 1814 resistió un enconado asedio. En el siglo XX perdió su condición militar, fue declarada Monumento Histórico y actualmente es un colegio.


Desde del cumbre de la colina Mendiguren, la fortaleza domina ciudad y entorno, y podemos obtener una buena perspectiva de los cercanos Puertos de Cize. Hoy es posible meterse en la piel de los soldados que formaban parte de la guarnición permanente de la ciudad y recorrer el camino de ronda (o adarve). Moviéndose uno por aquí puede desentrañar (en altura) los intrincados secretos de la ciudad. Troneras, garitas, almenas y matacanes nos sumergen en un emocionante pasado bélico.


sábado, 17 de junio de 2017

BAYONA, ENTRE GASCUÑA Y EUSKADI.



El río entra y sale de la ciudad, estructura su entramado y la organiza en barrios. A un lado vasca, en la otra orilla francesa. Destacado puerto y ciudad histórica. Aquí mantuvo secuestrados Napoleón a los ineptos Carlos IV y Fernando VII. Cielo gris y húmedo, fachadas oscuras, gaviotas posadas sobre cualquier poste. Se siente el agua en cada calle, en cada pequeña plazuela o espacio abierto. Típica estampa de un pueblo marinero atlántico, más frío que el mare Nostrum, pero de confines más lejanos.

Bayona (Baiona o Bayonne) está emplazada muy cerca del mar Cantábrico, en la confluencia de los ríos Nive y Adur, en la región histórica de Euskal Herria llamada Labourd/Lapurdi, tierra no solo de vascos, sino también de vascones.


Como todas las plazas fronterizas, Bayona ha sido testigo de una turbulenta historia jalonada de episodios violentos. El origen de Bayona hay que buscarlo en un castrum romano conocido como Lapurdum. Durante los primeros siglos medievales fue conquistada por los vikingos. Se cuenta que en estos años de presencia escandinava aprendieron los bayoneses los secretos de la navegación. Técnicas que supieron poner en práctica con éxito.

Más tarde formó parte del ducado de Aquitania y en el siglo XII tras la boda entre Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania, Bayona se convirtió en una ciudad inglesa. En estos años desarrolló todo su potencial económico. Tras varios siglos de presencia inglesa en el contexto de la Guerra de los Cien Años, Jean de Dunois la conquistó para su rey Carlos VII de Francia.

Durante los conflictos que se desarrollaron en el campo francés durante el Antiguo Régimen, los campesinos de Bayona, faltos de pólvora, pero sobrados de imaginación, introdujeron cuchillos de caza en los cañones de sus escopetas a modo de improvisadas lanzas; había nacido la bayoneta.


El río Adur conecta Bayona con el Golfo de Vizcaya y esta estratégica situación geográfica hizo posible el desarrollo económico de la urbe. Los ciudadanos prosperaron con la práctica del comercio y gracias al dinero que llegaba a través del río se construyeron la catedral, el claustro y el castillo.

Durante toda la Edad Media, Bayona disponía de un dinámico puerto que comerciaba con las islas Británicas y con el mar del Norte. Por otro ladro, sus astilleros gozaban de gran reputación en el continente.


El río Nive divide la ciudad en dos barrios, el histórico Grand Bayonne, y el barrio vasco de Petir Bayonne.


El Grand Bayonne, organizado alrededor de su catedral gótica de Sainte Marie, es el barrio histórico, comercial y burgués desde siempre. Los numerosos privilegios reales fomentaron la práctica económica y el enriquecimiento de la clase burguesa. Los diferentes oficios – toneleros, tejedores, forjadores, carniceros – se van asentando en calles y barrios. Los nombres actuales de muchas calles recuerdan, y sirven de sencillo homenaje, a estas corporaciones medievales que contribuyeron al engrandecimiento del burgo.


Para cubrir las necesidades de espacio y proteger sus mercancías de los frecuentes incendios, artesanos y comerciantes, mandaron construir sótanos o caves, de los que se han llegado a localizar más de cien.

La Catedral de Sainte Marie es el corazón de la ciudad medieval y aquí se reunían los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela a través de la llamada vía de Bayona. El claustro, abierto sin complejos a la vida de la ciudad, se convierte en lugar de reunión del consistorio y los habitantes, y recinto para los comerciantes.


El Chateau Vieux tiene forma de enorme cubo, sin estridencias ni elementos fútiles. Un gran bloque indestructible construido en el siglo XII por los reyes ingleses. Su estructura descansa sobre tres torres romanas fuertemente reforzadas. Este Castillo Viejo fue lugar de residencia de los gobernadores de la ciudad. Aquí vivió (un tiempo) Eduardo de Woodstock, el famoso Príncipe Negro.


La Petit Bayonne fue urbanizada a partir del siglo XII sobre las tierras bajas y pantanosas de la margen derecha del Nive, organizándose a lo largo de canales. En gascón se llama Borc Nau, el Burgo Nuevo. El barrio fue protegido por una línea de fortificaciones y poco a poco fue configurando su vocación comercial. Fue también un barrio de profunda implantación cristiana con la instalación aquí de las órdenes religiosas.

Petit Bayonne es un barrio dedicado a las actividades fluviales y marítimas. Aquí se ubican los astilleros, el mercado de pescado y los oficios relacionados con el mar. Corsarios, contrabandistas y etarras encontraron aquí refugio en alguna vieja casa.


El Chateau Neuf – Castillo Nuevo – fue construido por Carlos VII tras la conquista francesa, levantándolo sobre la muralla inglesa del siglo XIII.


Dura razonable, en el proyecto político de una Euskal Herría unida e independiente ¿qué papel jugaría una ciudad como Bayona?.


La estructura fortificada, formada por tres líneas de muralla, corresponde a la típica de cualquier población de frontera.


En el callejón de la Luna Negra los marineros gastaban la paga en tascas y burdeles de mala muerte. Bajos fondos portuarios, esencia viva de ciudades abiertas al mar.




 Una patria chica de hombres lanzados al mar, pescadores de bacalao, comerciantes y marineros, arponeros y corsarios. Desde el siglo XI tenemos noticias de la venta de carne de ballena en el mercado de la ciudad. En el siglo XIV, además, era cuartel general (y guarida) para bandas de corsarios.


martes, 31 de enero de 2017

CATEDRAL DE BAYONA.



Gótica y de enormes proporciones, en la parte más alta de la ciudad, la población de Bayona se desarrolló alrededor de su catedral medieval.


La catedral gótica se levantó sobre un templo románico que, cosas del destino, fue arrasado por dos devastadores incendios. Las obras comenzaron en el siglo XIII, coincidiendo con el auge urbano y finalizaron en el XVI. Los arquitectos buscaron inspiración en la región de Champaña y en medio del ambiente neogótico del siglo XIX fue restaurada completamente.


La nave principal se eleva a los cielos.


Todo comenzó con una crucifixión hace dos milenios.


San Pedro portador de las llaves del cielo.


Antigua pila bautismal.


La inevitable Santa Juana de Arco.



San Miguel, campeón, victorioso sobre el mal y patrón de la caballería.


El claustro adyacente ha sido utilizado como necrópolis.


La catedral de Sainte- Marie era lugar de paso obligado para los peregrinos que elegían esta ruta para llegar a Santiago de Compostela.



Gárgola.

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