viernes, 1 de diciembre de 2017

LA CIUDADELA DE SAINT JEAN PIED DE PORT.



Donde los arquitectos militares de la Edad Moderna, la era de la pólvora y la artillería, levantaron un bastión, existía en la Edad Media un castillo. La Ciudadela de Saint Jean Pied de Port, magnífico ejemplo de baluarte artillero que reposa en la colina Mendiguren, es una muestra indudable del tradicional carácter estratégico de la localidad.



En los inicios del siglo XVI los reyes Carlos I y Francisco I mantenían una enconada disputa (con el trono imperial de fondo) y el castillo medieval aquí situado fue arrasado por las tropas españolas después de un asedio de tres semanas. La tensión constante entre Francia y España y el contexto bélico permanente llevaron a la determinación de convertir Saint Jean pie de Port en un bastión defensivo con guarnición permanente entre Bayona y Pamplona.


Durante la década de 1620 la actual ciudadela fue tomando forma con la construcción de los cuatro bastiones angulares. Antes de que acabase el siglo el ingeniero Vauban, que trabajaba a las órdenes de Luis XIV, el Rey Sol, dejó aquí su marca personal en el estilo de los edificios y puertas, y la construcción de subterráneos.

Desde el siglo XVIII la vida de esta tranquila villa pirenaica transcurría a ritmo de paso militar, con la llegada de convoyes, los movimientos de tropas y la presencia constante de una guarnición de quinientos hombres. Esta ciudadela jugó un destacado papel en las guerras de la Revolución y del Imperio, por aquí pasó Napoleón para invadir España y en 1814 resistió un enconado asedio. En el siglo XX perdió su condición militar, fue declarada Monumento Histórico y actualmente es un colegio.


Desde del cumbre de la colina Mendiguren, la fortaleza domina ciudad y entorno, y podemos obtener una buena perspectiva de los cercanos Puertos de Cize. Hoy es posible meterse en la piel de los soldados que formaban parte de la guarnición permanente de la ciudad y recorrer el camino de ronda (o adarve). Moviéndose uno por aquí puede desentrañar (en altura) los intrincados secretos de la ciudad. Troneras, garitas, almenas y matacanes nos sumergen en un emocionante pasado bélico.


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