Richard Wagner, alma pasional y auténticamente alemana, no pudo elegir un lugar mejor para abandonar este mundo e iniciar, en góndola, el postrero viaje a Walhalla. Hasta ese día nunca se había podido ver una Valkiria en Venecia.
El Crepúsculo de los dioses aconteció en la ciuda de los canales. Una góndola fúnebre le acompañó en su último viaje.



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