19 de junio de 1990. Grupo A. Austria 2 - Estados Unidos 1. En el último partido de la primera fase aparecieron los goles de Ogris y Rodax. En esta ocasión el goleador Anton Polster marchó de vacío a casa.
La afición austríaca llenó de color las gradas del Artemio Franchi de Florencia.
Los austríacos se agarraban a una victoria con goleada para apurar las opciones de clasificarse como uno de los mejores terceros. Por su lado Estados Unidos pretendía terminar su participación dando una buena imagen. La próxima cita sería en su propia casa.
Rodax, Polster y Ogris, más la aportación de Herzog, toda la pólvora austríaca para tratar de golear a la selección norteamericana. Estados Unidos, por el contrario, construye su equipo desde atrás, con el carismático Tony Meola y el capitán Michael Windischmann. Los goles de los centroeuropeos llegaron tras dos contragolpes.
Los dos equipos se despiden del mundial con más pena que gloria.
Zsak y Harkess, los dos mediocentros frente a frente.
Armstrong vuela más alto que Pfeffer.
Roja directa y expulsión de Peter Artner.
La contundencia de Marcelo Balboa.
Ogris. 1 - 0.
Ródax. 2 - 0.
Murray. 2 - 1.
"Austria y América, ¡ay de mí! Polster, modelo de cómo no se juega al fútbol. El jovencito del siniestro imponente ha sido la desilusión del equipo de Hickersberger. Lo he vuelto a encontrar peor de como lo había dejado en el Torino. Desperdicia el contraataque y avanza sin saber a dónde. Privado de sentido táctico, solamente y exclusivamente zurdo. Pero todo el fútbol austriaco es desolador bajo el aspecto de la universalidad. Futbolistas como Andreas Ogris o Gerhard Rodax saben, en la mejor de las hipótesis, hacer una sola cosa: el gol. Robert Pecl o Pfeffer, a lo sumo, el defensor. Así, el partido con los EE.UU. fue una serie de trompicones y rebotes, con poquísimas frases tácticas. Y me pregunto cuándo aprenderán los americanos a jugar al viejo football que, como amonestaba Pozzo, enseña sobre todo a ser altruista. Tantos y brillantes, los futbolistas de EE.UU. rebotan contra el adversario, corren como cohetes sin lograr nunca encuadrar la portería. Pobre balón, ¡en qué pies ha terminado!" (Vladimiro Caminiti. Guerin Sportivo).












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