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martes, 27 de enero de 2026

ATHLETIC CLUB DE BILBAO 1992 – 1993.

 



El Athletic Club de Bilbao, uno de los equipos históricos de la liga española venía de una serie de temporadas aciagas en las que parecía haber perdido su esencia, la garra en el campo y el compromiso de los jugadores. Años en que el equipo no era capaz de acabar siquiera entre los diez primeros. Y en estas se presentó en Bilbao el alemán Jupp Heynckes dispuesto a cambiar la tendencia. Cinco victorias en las siete primeras jornadas aupó al conjunto vizcaíno a los primeros puestos de la clasificación y aunque no pudo aguantar el ritmo, el equipo desplegó por momentos, un juego dinámico, vertical y efectivo. Heynckes dirigió su mirada a Lezama y empezó a contar con jóvenes futbolistas como Juanjo Valencia, Carlos García o Julen Guerrero que desempeñaron un papel fundamental en el equipo, junto a jugadores más curtidos en primera división, como Andrinua, Garitano, Valverde, Mendiguren o Ziganda, a los que el alemán pudo recuperar para la causa.


Juanjosé Valencia. El guardamente guipuzcoano, que debutó de la mano de Heynckes en el primer equipo, se convirtió desde el primer momento, en dueño absoluto de la meta vizcaína. Formó parte del equipo durante siete temporadas, siendo indisctuible durante las cuatro primeras. Sus buenos reflejos hacían de él un portero extraordinario en las distancias cortas.


Andoni Lakabeg era un lateral derecho cumplidor y de largo recorrido. Inteligente desde un punto de vista táctico, sus subidas por la banda eran un importante factor en la estrategia diseñada por el entrenador. Tras varias temporadas en Bilbao se mudó a Vigo para jugar en el Celta. Todo un clásico de la liga de los '90.



Aitor Larrazabal. Un lateral zurdo muy completo, con un potente disparo, pero algo infravalorado a nivel nacional. Siempre me pareció una injusticia que nunca tuviese una oportunidad en la selección española. Toda una vida dedicada al club de sus amores, con el que disputó más de 400 partidos (octavo futbolista en el ranking histórico del club), anotando 43 goles, la mayoría de ellos desde el punto de penalty.


Genar Andrinua. El defensa central era el jugador más veterano del club, por tanto capitán, y sus tiempos como internacional absloluto y mundialista habían quedado atrás. Contundente por arriba y excelente cabeceador, puso todo el oficio a favor del club y a ayudar a las jóvenes promesas que llegaban de Lezama cargadas de ilusiones.


Rafael Alkorta. Lateral izquierdo en sus inicios, Rafael Alkorta se fue convirtiendo, poco a poco, en uno de los mejores defensas centrales, no sólo de España, sino de Europa. Duro en la marca y difícil de superar en el uno contra uno, Alkorta era un pilar en la selección de Javier Clemente y su excelente temporada, propició su fichaje por el Real Madrid la campaña siguiente. Después de cuatro temporadas un tanto irregulares en el club merengue volvió a casa a seguir jugando al fútbol.


Josu Urrutia mantenía el equilibrio en medio del campo, esa prolongación del míster en el césped que todo equipo necesita. Se retiró del fútbol tras disputar 400 partidos con la camiseta bilbaína y entre los años 2011 y 2018 dirigió los destinos del club desde el cargo de presidente.


Carlos García fue otro de los chicos que hizo debutar Jupp Heynckes aquella temporada. Alto, fuerte, con potente zancada, jugaba tanto por delante de la defensa como en el puesto de central. Buen recuperador de balones y con cierta disposición para el gol fue una de las grandes sensaciones esa temporada. Tras una sesión a Osasuna volvió a Bilbao para convertirse en asiduo del once titular durante varios años.


Ander Garitano era el jugador franquicia del club hasta la fulgurante aparición de Julen Guerrero. No obstante los años que permaneció en Bilbao fue pieza fundamental para todos los entrenadores. Con Garitano somos muchos los que tenemos la sensación de que podría haber sido mucho mejor futbolista de lo que fue. Al igual que Larrazabal, su compañero en la izquierda, también fue ignorado siempre por los seleccionadores de turno.


Ricardo Mendiguren. La banda derecha era para el eléctrico Ritxi Mendiguren, un extremo a la antigua usanza, adaptado a la rigidez de los nuevos sistemas de juego. Sin duda uno de los futbolistas de más calidad de aquella plantilla.



Julen Guerrero. El Rey León, la aparición más fulgurante del fútbol español de principios de los '90, pocos futbolistas ha demostrado tanto amor por unos colores como Julen Guerrero. Manejaba el balón con las dos piernas, era bueno a balón parado, disponía de un físico ideal para la práctica del deporte y además tenía un afinado olfato de gol. Una leyenda.


Ernesto Txingurri Valverde. Rápido e inteligente, Valverde es uno de esos delanteros difíciles de marcar, tanto por su físico como por su movilidad. Indiscutible durante varias temporadas en la delantera rojiblanca.


José Ángel Cuco Ziganda. El hombre gol del Athletic de Bilbao, con 17 dianas fue además, el máximo goleador nacional en la temporada 1992/93. Permaneció siete años en el club y siempre jugó más de treinta partidos por temporada. Su fino olfato de gol le valió el sobrenombre de Cuco, y es que Ziganda era eso, un Cuco de área, preparado para alcanzar cualquier balón, en cualquier momento y mandarlo al fondo de la red. El gol que consiguió frente al Newcastle en la UEFA aún se está gritando en el antiguo San Mamés.


Eduardo Estíbariz fue el quinto defensa más utilizado (sexto si inluimos a Carlos García como defensa) después del cuartero titutar. Su posición natural era la de lateral derecho.


Francisco Javier Luke era el tercer delantero y solía participar en los últimos minutos de los encuentro para apoyar o refrescar el ataque del equipo. De los 22 encuentros que disputó 19 los inició desde el banquillo.


Xavier Eskurza. Este prometedor centrocampista pasó toda la temporada en blanco debido a una grave lesión.


Óscar Tabuenka, Jon Ander Lambea y José Manuel Galdames tuvieron apariciones episódicas en el equipo. Todos ellos se desempeñaban como defensores.


Patxi Rípodas disfrutaba de sus últimos momentos como futbolista, apareciendo esporádicamente en el terreno de juego. Tras dos años sin apenas presencia en el equipo se retira al finalizar esta temporada.


Luis De la Fuente. Esta temporada abandonaba el club el histórico Luis De la Fuente, último representante de los dos títulos ligueros de 1983 y 1984.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

ABRIGO DE KOBEAGA, UN ASENTAMIENTO DEL EPIPALEOLÍTICO.



El Epipeleolítico es la etapa inmediatamente posterior al Paleolítico Superior de forma que los grupos humanos continuaron desarrollando una economía depredadora. En el norte cantábrico de la península Ibérica esa actividad estaba estrechamente vinculada con el mar.

En Vizcaya se sitúa el abrigo Kobeaga II, del que existe una preciosa maqueta en el Museo de Bilbao, habitado en esta época. El abrigo está abierto en la ladera suroeste de una pequeña dolina y se encuentra aproximadamente a una hora de camino de la actual línea costera.

La forma del abrigo obligó a los humanos a ocupar el espacio central, donde excavaron un agujero circular en cuyo fondo colocaron piedras arenisca para el hogar. Con el tiempo el hogar quedó cubierto por un conchero compuesto por lapas, mejillones y caracolillos.

La ocupación del abrigo de Kobeaga aconteció hacia el 5000 a.C. aproximadamente y se prolongó poco tiempo. Los arqueólogos piensan que fue temporal y recurrente. El objetivo de buscar refugio en el abrigo fue el marisqueo en la cercana costa.

miércoles, 10 de mayo de 2017

BILBAO. INDUSTRIA Y COMERCIO.



En el año 1300 Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, fundó en la orilla izquierda de la ría de Nervión una población destinada a convertirse en un destacado centro industrial, y en la urbe más poblada y cosmopolita de toda Euskalherría.


Unos pocos años más tarde, concretamente en 1315, el rey de Castilla Alfonso XI confirma la Carta Puebla concedida por la señora de Vizcaya, María de Haro. A partir de este momento Bilbao se convierte en puerto de embarque de la lana castellana.


Los vascos vieron que el comercio marítimo no era suficiente para colmar sus aspiraciones y desarrollaron las ferrerías para abastecer de hierro las futuras industrias. A mediados del siglo XV se redactó el fuero de las Ferrerías de Vizcaya, que regula el proceso de producción, transporte y comercialización del hierro. Las primeras ferrerías utilizaban la fuerza motriz de los molinos de agua. La revolución industrial permitió la introducción del carbón y la utilización y posterior desarrollo de los altos hornos, que convirtieron a Euskadi en uno de los primeros focos de industrialización española.


Los productos elaborados con tesón en las ferrerías, además de aprovisionar los mercados ibéricos, se exportaban al extranjero, consiguiendo fama en toda Europa. El dramaturgo Shakespeare alaba sin rubor el hierro de Bilbao en una de sus obras.


En los siglos bajomedievales Bilbao desarrolla una importante actividad comercial, vinculada tanto a la actividad minera de las ferrerías, como a la exportación de la lana. También se importaban alimentos, textiles y manufacturas varias. Los cereales llegaban de Francia, la sal de Aveiro en Portugal y los textiles de Flandes e Inglaterra. Para mantener esta situación privilegiada, los bilbaínos mantuvieron un duro pulso con Burgos por el comercio de la lana y con los señores de la Tierra Llana que pretendían controlar las rentables ferrerías vizcaínas.


Cuando Europa dejaba atrás la Edad Media y poco a poco se iban imponiendo nuevas formas de organización económica, el rey Fernando el Católico, en el ocaso de su vida, concedió a la ciudad de Bilbao un Consulado propio, que eliminaba la dependencia de los comerciantes bilbaínos con respecto a Burgos.


Por otro lado los mercaderes bilbaínos se habían agrupado para defender (con uñas y dientes) sus intereses creando una Hermandad, “la Universidad de Capitanes, Maestres de Nao y Mercaderes de la Villa de Bilbao. La cofradía regulaba y controlaba todo el tráfico comercial que subía y bajaba por la ría.


Las Siete Calles, el histórico casco viejo de Bilbao, se arremolinan alrededor de la Catedral de Santiago.


La catedral es la iglesia más antigua de la villa, de hecho, ya existía en el momento de la fundación de López de Haro.


La iglesia gótica de San Antón, junto al puente del mismo y al Mercado de la Ribera, es el templo más popular del centro de la ciudad.


Dos lobos, el viejo puente medieval y la iglesia de San Antón forman el blasón de la ciudad.


La maqueta expuesta en el Museo de Bilbao recrea el aspecto de la ciudad en el siglo XVI. Una visión del núcleo primigenio, el recinto amurallado de las Siete Calles, con las casas torre de las poderosas familias reforzando el perímetro. El Puente, la Iglesia de San Antón y la Catedral se revelan como los elementos más característicos del entramado urbano.


El progresivo fortalecimiento de Bilbao en el siglo XV, un tiempo en que se consolidó la siderurgia vasca, la ciudad se desparramó más allá de las siete calles amuralladas. En 1483 se autoriza la construcción del ensanche de Santa María para adaptarse al crecimiento urbano.



La situación geográfica, las ventajas fiscales, la libertad de comercio y el carácter de su gente, fueron los factores que propiciaron que Bilbao se convirtiese en el más activo centro del tráfico marítimo comercial entre la Península Ibérica y los países del Norte de Europa. A través del puerto, bien resguardado de temporales y piratas, y en naves construidas en los reputados astilleros, capitaneados por expertos y bregados pilotos se canalizó la exportación del hierro vasco y lana castellana hacia los centros manufactureros de Flandes, Francia e Inglaterra. De esta forma Bilbao se convirtió en una puerta abierta a Europa.


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