Desafió a los guardianes del Averno y a las propias leyes de la existencia para volver a sentir la calidez del cuerpo de su amada.
En realidad fue ella, quien con un ancestral sortilegio, arrancó a su amante de los fríos brazos de la Parca.
Pero nada fue como habían imaginado.
Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951)
Hace 1 hora


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