Dentro de unos días en Bratislava, la capital de Eslovaquia, la selección de Kosovo (un estado cuyo reconocimiento aún levanta ampollas y genera agrios debates) disputa el partido más trascendente de su corta historia, la posibilidad de clasificarse para el mundial de 2026 que se disputará en México, Canadá y Estados Unidos. El goleador del RCD Mallorca, Vedat Muriqi es su jugador más conocido y en él están depositadas muchas de las esperanzas de Kosovo de clasificar para el mundial. Hace tres décadas las situación era completamente diferente y la posibilidad de una selección de Kosovo era algo que basculaba entre la utopía y la entelequia.
En 1986 Kosovo era una provincia autónoma dentro de la República Socialista de Serbia, incluida a su vez en la República Socialista de Yugoslavia. A pesar de no contar con una república propia, los kosovares (al igual que los miembros de la otra provincia autónoma, Vojvodina), contaban con representación en algunos de los órganos de gobierno yugoslavos.
A nivel futbolístico Kosovo se encontraba en la cola del fútbol yugoslavo y tuvo que esperar hasta la temporada 1977/78 para contar con un club en la primera división, el KF Trepça. La experiencia fue efímera, y el Trepça volvió a la segunda división. Sin embargo en la década de los ‘80, después de ganar el campeonato de segunda división la temporada 82/83 y lograr el ascenso, el KF Prishstina consiguió mantenerse durante cinco temporadas consecutivas en la máxima categoría. Semana tras semana la afición kosovar llenaba las gradas de su estadio, sobre el césped pasaban los mejores jugadores de Yugoslavia y su equipo estaba sobradamente preparado para hacerles frente.
Incluso hizo hincar la rodilla al Estrella Roja de Belgrado, primero en el pequeño Marakana (la misma temporada del debut, 1983) y en otra ocasión jugando de local en Pristina (1985). La República Federativa Socialista de Yugoslavia estaba inmersa en un proceso de desintegración, al tiempo que se fortalecían los diferentes nacionalismos que vivían dentro del mismo territorio, los campos de fútbol eran auténticos hervideros para las reivindicaciones, y que un equipo kosovar pudiese derrotar al gigante de Belgrado, llenaba de esperanza a miles de personas. La tensión no dejó a aumentar hasta que todo saltó por los aires.
En la temporada 1987/88, la última del club en la primera división, el equipo alcanzó las semifinales de Copa, para caer frente a Borac Banja Luka, que militaba en la segunda división, y dio la sorpresa en la final frente a Estrella Roja. Aquel fue el canto del cisne del FK Prishtina en la liga yugoslava.
La afición del club más laureado del fútbol kosovar a partir de la independencia, aún recuerda con orgullo y cariño a aquel grupo de futbolistas que tanto les hizo disfrutar, que son conocidos como la Generación de Oro, y su gran estrella Fadilij Vokirii, referencia del fútbol en Kosovo.
1. Shukri Paqarada, el legendario portero de Pristina en la segunda mitad de los años ochenta. Los aficionados de Pristina recuerdan su actuación en un partido jugado frente a Estrella Roja en Belgrado en 1987 y en el que a pesar del acoso continuo del equipo de la capital, Paqarada consiguió dejar su meta a cero. Su hijo Leart, lateral izquierdo con larga trayectoria en la bundesliga alemana, ha sido internacional por la selección de Kosovo.
Paqarada, y sus compañeros, son protagonistas de uno de esos amaños bochornosos, que empañan el espíritu del deporte, en la última jornada de la temporada 1987/88. Su rival, el Celik de Zenica marcaba tres goles prácticamente en dos minutos, ante la pasividad de la defensa y del propio arquero, mientras que toda la afición kosovar animaba al equipo bosnio, que con esta victoria conseguía milagrosamente mantener la categoría. El perjudicado, el Sutjeska Nikšić de Montenegro, que acompañaba al propio FC Pristina en el descenso de categoría. Las luces y las sombras, dicotomía humana.
2. Xhevdet Muriqi, el histórico lateral derecho y hermano del otro Muriqi del equipo, Fadil. A pesar del apellido no están emparentados con Vedat. Xhevdet pasó toda la década de los ‘80 en el club, de 1981 a 1989, viviendo desde dentro toda la época. Para los apasionados hinchas del Pristina, Muriqi era el Breinter de Kosovo. Luego acompañó a su hermano al Rijeka y de ahí al HNK Sibenik (el equipo de fútbol de la ciudad natal de Drazen Petrovic). En Sibenik estuvo desde 1990 a 1998, y con 199 es el tercer jugador con más partidos en la historia del club dálmata.
3. Faton Domi . Lateral izquierdo, uno de los héroes del histórico ascenso a la primera división yugoslava. Desde muy joven destacó por su velocidad, su técnica y su visión de juego. Murió en un accidente de tráfico en 1987 junto a su compañero Favzi Rama cuando ambos jugaban ya para otros clubes de kosovares.
4. Skënder Shengyli. Un hombre de club, esos futbolistas imprescindibles en el vestuario, de los que hacen equipo. Un defensa marcador, pegajoso, de esos que desesperan al contrario, incansable y disciplinado. Jugó en Pristina desde el ‘83 al ‘89, viviendo los gloriosos años en la élite yugoslava y el dramático descenso. Siempre titular en la línea defensiva. Cambiaban algunos nombres, pero Skënder Shenguli siempre estaba ahí. Un nombre que recuerda a Skënderbeu, el héroe medieval albanés que luchó con éxito frente a los otomanos, convertido en un símbolo del nacionalismo en Albania. Como muchos de sus compañeros de equipo también jugó en la liga turca.
5. Fevzi Rama. Defensa central elegante y un líder natural en el campo, protagonista durante toda la época dorada desde al celebrado ascenso a la primera división. Heredó la capitanía cuando Vrokii se marchó a la capital para jugar con el Partizán. Falleció con 30 años en un trágico accidente de tráfico junto a su compañero, y amigo, Faton Domi cuando jugaba para el KF Liria de Prizren. Se celebra un trofeo conmemorativo de ambas leyendas el Rama – Domi, organizado por el KF Dukagijini de Klina.
Hubo un tiempo, cada vez más lejano, en que los equipos de fútbol solían nutrirse de futbolistas de la tierra, y eso creaba fuertes vínculos entre los jugadores y los aficionados, que podían identificarse totalmente con ellos. En ese sentido, el FC Prishtina era el equipo de la población albanesa que vivía en Kosovo, y sus futbolistas representaban el papel de héroes populares. En una ocasión, Feviz Rama y su compañero de equipo, el delantero Fadil Vrokii, junto al boxeador Xhevdet Peci e Ismet Bogujevci, representante de la música tradicional y folklórica albanesa, interpretaron una tonada popular y patriótica conocida como Tefik Çanga.
6. Agim Cana, el pulmón en la media cancha, él ponía el trabajo y los peloteros el fútbol. Uno de los miembros del equipo que celebró el ascenso de categoría. Con el club kosovar disputó 175 partidos antes de fichar por el Dinamo de Zagreb (1986/87) y jugar más tarde en el fútbol turco. Su última temporada como profesional jugó para el FC Montreux Sport en Suiza. Aprovechó la situación para trasladar su familia al país alpino antes del estallido del conflicto bélico. Agim Cana es padre del jugador albanés Lorik Cana, capitán de la selección que disputó la Eurocopa de 2016.
7. Kutjim Shala, disputó 112 partidos y marcó 25 goles en cinco temporadas. Uno de los referentes ofensivos del FC Prishtina. Jugó también en Dinamo Zagreb, en el Rennes francés y en varios conjuntos alemanes. Fue internacional una vez con Croacia en el primer partido, no oficial, disputado frente a Estados Unidos en Zagreb el 17 de octubre de 1990, cuando aún no se había producido la declaración de independencia croata.
8. Sahit Kelmendi, centrocampista de talento y carácter, de los que no se arrugan ante nadie, de esos tipos que se crecen ante los rivales complicados. En una época de alta tensión política en Yugoslavia Kelmendi fue visto en Kosovo como símbolo de resistencia.
9. Fadil Vokrii la gran estrella del fútbol kosovar antes de la independencia. Vokrii regatea, cabecea y remata con las dos piernas. Ídolo absoluto en Pristina, y un hombre clave en la historia del club, capitán del equipo y alma mater. Sus goles contribuyeron a los éxitos del equipo en la primera mitad de la década de los ‘80. En 1986 fichó por el Partizán de Belgrado donde siguió marcando goles. Disputó 12 partidos con la selección absoluta de Yugoslava consiguiendo anotar 6 goles, siendo el único kosovar en vestir la camiseta plavi. Vrokii mantuvo una estrecha amistad con el cantante Ismet Bogujevci, dos personas muy importantes para la comunidad albanesa que vivía en Kosovo. Cuando colgó las botas siguió ligado al fútbol y llegó a ser presidente de la Federación de Fútbol de Kosovo. Falleció el 9 de Junio de 2018. En homenaje el estadio de Pristina, donde suele jugar la selección de Kosovo fue rebautizado como Estadio Fadil Vokrii. El 9 de Junio de 2022, cuatro años después del fallecimiento de Vokrii, la selección de Kosovo vencía en Pristina a la de Irlanda del Norte por 3 -2 en la Liga de las Naciones, Vedat Muriqi, bigoleador del encuentro, dedicó la victoria y los goles a Vokrii, figura capital del fútbol kosovar. Los sueños y las aspiraciones del pueblo se materializaron en los goles de su héroe.
10. Fadil Muriqi el Maradona de Kosovo por su parecido físico con el Diego y por su estilo de juego, el auténtico “10”. Fútbol y fanatismo de la mano. Uno de los referentes ofensivos del equipo junto a Fadil Vokrii y Zoran Batrovic. Una década jugando en FC Pristina, más de doscientos partidos y casi medio centenar de goles. Lo vivió todo con el club, los años de segunda, el ascenso, la gloria en la división de honor y el amargo descenso. Más tarde jugó un año en Rijeka antes de emigrar a Australia.
Vestido de azul, con el diez en la espalda, y sorteando a rivales, marcando goles y disfrutando del fútbol, como el mismísimo Pibe de Oro. O como el genio Mágico González. Ese tipo de futbolistas que los técnicos actuales no quieren ver ni en pintura.
11. Zoran Batrovic (Batroviqi escribían en Kosovo). Auténtica dinamita para la delantera del FC Pristina, llegó al club procedente del Buducnost Titograd de su Montenegro natal, se convirtió en el socio perfecto de Vrokii (tanto en el campo como en los clubs nocturnos) y en uno de los mejores goleadores del campeonato yugoslavo.
Fiestero empedernido, delantero de raza, extremo vertiginoso, según cuenta él mismo en más de una ocasión tuvo que jugar preso de una fuerte resaca. Y aún así, marcaba goles. Con sus anécdotas podría escribir varios libros y protagonizar una larga serie de televisión. Dejó Pristina para jugar en el Partizán junto a su inseparable Vrokii. Batrovic llegó a debutar con Yugoslavia pero solo jugó un partido. En su momento fue una apuesta del Deportivo de la Coruña que intentaba subir a primera, pero pasó por Galicia con más pena que gloria, y lo único que se recuerda de él es un fuerte encontronazo con Fran durante un entrenamiento. Pasión pura dentro y fuera del césped.
Batrovic y Vrokii, inseparables en la cancha y fuera de ellas.

















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