La Ferme d'Espiau, uno de mis restaurantes favoritos de toda Europa. Es una ilusión siempre que puedo volver.
Ubicado en Billiere, un recóndito pueblo de apenas 25 habitantes situado por encima de los mil metros de altitud.
Billiere está enclavado en un pequeño valle en la vertiente francesa de los Pirineos. Las vistas, el entorno, la panorámica, sencillamente, sobrecogedoras, especialmente ahora, con los altos picos pirenaicos nevados.
Una granja de montaña, ambiente pastoril y olor a leña, el calor de la chimenea y la belleza inmemorial de la madera. Un acogedor salón comedor, asimétrico, de aires retro y rincones íntimos.
Todo preparado para recibir a los comensales. Rebanaditas de pan y una suave crema de queso para untar, el apéritif maison (aperitivo de la casa) y una botella de agua. En Francia es habitual y cortesía servir agua del grifo para acompañar la comida. Así de gusto leer la carta.
Un pichet de vino de la casa para acompañar las viandas.
Soupe de légumes, es invierno y estamos en los Pirineos, un plato ideal, algo calentito para enlazar el aperitivo con el menú.
Productos de la tierra, de proximidad. Ensalada con trucha marinada de los Pirineos y un clásico de la mesa francesa, surtido de foie grass y un poco de mermelada de higos.
El pato es una carne muy apreciada por su sabor, intenso y aromático. Más jugoso el confit, más intenso el margret.
En Francia es habitual sacar los quesos a la mesa después de cada comida. Imprescindibles.
El postre especial de la casa, figues pochées au bouillon d'Armagnac.





















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