Mientras avanzamos por bosques y bosquecillos, el viento trae un
encantador olor a higuera, ese árbol que inunda la atmósfera
estival. De repente se alza ante nosotros la parroquia de Santiago de
Boente, que sorprende por la belleza de todo el entorno.
Cómics Paleoeróticos (II): Los tiempos de la censura
Hace 15 horas

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