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lunes, 3 de diciembre de 2018

ALÓBROGES.



Una de las más importantes tribus de la Galia, establecida en el valle medio del Ródano y que tenían como capital la ciudad de Grenoble. Otros asentamientos fueron Vienne y Ginebra. Fueron derrotados por las legiones romanas de Fabio Máximo en el 126 a.C y anteriormente habían ofrecido su apoyo al ejército de Aníbal Barca. Después de su derrota se convirtieron en pueblo cliente de Roma iniciando un proceso de romanización.


sábado, 14 de octubre de 2017

BELICENSES



Un pueblo que se había establecido antes de la dominación romana en la Galia, a orillas del caudaloso Ródano, próximo al Jura meridional. Su ciudad capital era Belica (hoy Belley) y tenían por vecinos a ceutrones y secuanos.  

domingo, 16 de julio de 2017

TOURNON – SUR – RHONE.



Tournon – sur – Rhone es una pequeña localidad francesa con siglos de historia y de duro trabajo a sus espaldas. Las aguas del río le regalan la vida.


A orillas del Ródano (ambas dos) se extiende la población de Tournon -sur-Rhone, una típica población medieval, con su castillo y sus iglesias de piedra. Poco a poco, pasito a pasito, vamos conociendo Francia en toda su inmensidad y grandeza.


El Rhone – Ródano – es una impresionante vía de comunicación desde la época prehistórica (o protohistórica). El castillo de Tournon cumplía la misión de proteger el río, defender la región y asegurarse de cobrar los pertinentes impuestos.



Sobre el río, la roca, y sobre la roca muros y torreones del castillo.


Los señores de Tournon construyeron y ampliaron el castillo entre los siglos XIV y XVI, en un estilo arquitectónico que bascula del gótico final a las formas características del Renacimiento.


La cama con dosel sigue ocupando la cámara de una joven, Helena de Tournon, que vivió y murió de amor aquí.



La colegiata románica, dedicada a San Julián, es otro de los históricos edificios de la ciudad.



Viñedos descienden colina abajo y rodean el antiguo torreón desde el que vigila atenta Notre Dame.  


jueves, 13 de julio de 2017

LA CAMARGA.



Rudos vaqueros que cabalgan bajo el sol estival por un duro terreno salino. Resistentes caballos de pequeño tamaño que nacen de cualquier color y que los años pintan de blanco. Toros, más grises que bravos, con largos cuernos en la parte alta de la cabeza. Ruidosas chicharras y cigarras cantarinas. Humedad salina. Tierra seca y dura. 


Flamencos, gaviotas y un miríada de aves más.



Leí por vez primera sobra la Camarga, una zona húmeda que se extiende entre dos de los brazos del delta del Ródano, hace dos o tres veranos cuando visitamos Arlés. Hoy la he visto y la he sentido en mi piel. Viñedos, arrozales y pinares. Naturaleza y cultura, el ser humano adaptado a un entorno muy complicado, alejado de la comodidad (relativa) de la ciudad.



La barcaza penetra suavemente entre los cañaverales, aquí todo es silencio, volvemos al origen, el hombre y la tierra luchando codo con codo por la supervivencia absoluta.



La poderosa (y alta) torre maestra (donjón o torre del homenaje) de Aigües Mortes es visible prácticamente desde cualquier punto de las marismas de la Camarga. Esa es su función, entiendo, controlar todo el territorio circundante.


El camargués, una especie en peligro de extinción como el saami o el pasiego. Arañar renglones, sacar la historia humana de la región. ¿Desde cuando se pesca, se extrae sal, se cultivan viñedos y se crían vacas y toros?.



martes, 15 de noviembre de 2016

SENNECEY LE GRAND



En el límite meridional de Borgoña, en la planicie, a medio camino entre dos ciudades históricas y monumentales, Dijón y Bourg en Bresse, se encuentra Sennecey le Grand, un lugar al que nos trajo la casualidad.



Los restos del antiguo castillo dominan la localidad. Las dependencias que quedan en pie albergan el ayuntamiento, una iglesia y un parking.  


domingo, 4 de septiembre de 2016

CABALLO DE LA CAMARGA



Blanco, pequeño y robusto, el caballo camargués trota con parsimonia bajo el tórrido sol del mediodía por las inmensas marismas inundadas por las feraces aguas del Ródano.


El caballo típico de la Camarga, una comarca del sur de Francia que comparte esencia con Doñana, mide entre 1'40 y 1'60 metros y presenta la particularidad de nacer con el pelo gris, rojo, pardo, e incluso negruzco, pero nunca blanco, el color que lucirá en edad adulta. Durante el otoño un pelo tupido y espeso les ayuda a protegerse del frío (y desagradable) viento del norte. Al llegar la primavera ese pelo cae y crece uno más fino, sedoso, y cada ver más claro. Cuando alcance los cinco años lucirá el pelaje blanco, el auténtico del caballo de la Camarga.



Este caballo fuerte y de escasa estatura es el animal preferido por los vaqueros de la región para pastorear sus rebaños de todos. El caballo camargués vive en estado de semilibertad y no duda en penetrar en el pantano en busca de juncos y brotes tiernos y jugosos. Por otro lado, y eso es importante teniendo en cuenta el ambiente en que vive, no teme a los molestos mosquitos que gustan de sobrevolar estos humedales.  


jueves, 18 de febrero de 2016

BOURG EN BRESSE



Una pequeña localidad de la Borgoña francesa que posee un centro histórico de reducidas dimensiones pero de gran belleza, con centenarias fachadas de madera. Al Norte de Lyon, Bourg en Bresse, según he entendido con mi francés macarrónico, presenta en su término municipal un lejano patrimonio celta y galo. Enclavada en el fértil y próspero Valle del Ródano, Bourg en Bresse es una ciudad de pasado comercial, con preciosos edificios entramados restaurados con sumo gusto. El edificio más hermoso es, sin duda, el Monasterio de Brou, mandado construir por Margarita de Austria tras la muerte de su esposo Filberto de Saboya.  


domingo, 7 de febrero de 2016

FORTRESSE DE MORNAS.



El castillo se funde con la roca abrupta, formando una unidad inquebrantable. El pueblo, visible desde la autopista que conduce a Lyon, es una maravilla de la arquitectura encajado en la roca. La historia de esta fortaleza está intimamente relacionada con el Ródano, pues desde la época de las tribus galas, ha sido un enclave imprescindible para el control del río.  

jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS AVERNOS



Los arvernos estan establecidos hacia el Liger. Su capital es Nemoso, situada a la vera del rio que discurre junto a Cénabo, enclave comercial de poblacion variopinta ubicado hacia la mitad de la parte navegable, y va a desembocar al Oceano. Del antiguo poder de los arvernos da buena prueba el hecho de que, en muchas ocasiones, lucharon contra los romanos alineando unas veces doseientos mil hombres y otras el doble, como cuando lucharon a las ordenes de Vercingetorix contra Cesar el dios. Antes, contra Maximo Emiliano, eran doscientos mil, y otros tantos contra Domicio Enobarbo. Los enfrentamientos con Cesar tuvieron lugar en las cercanias de Gergovia, ciudad de los arvernos situada sobre un monte muy alto de la cual procedia Vercingetorix, y en torno a Alesia, ciudad de los mandubios, pueblo fronterizo de los arvernos, también ella situada sobre un altozano, rodeada de montes y ceñida por dos ríos. En esta ciudad fue hecho prisionero su jefe y se puso fin a la guerra. Contra Maximo Emiliano lucharon en la confluencia entre el Isara y el Rodano, por la parte en que el Cemeno confina con el Rodano, pero contra Domicio fue aun mas abajo, en la confluencia del Sulga y el Rodano. Los arvernos se extendían inicialmente hasta Narbona y hasta las fronteras de la masaliotida, e imperaban sobre los pueblos establecidos hasta el Pirene, el Oceano y el Rin. Se cuenta que Luerio, el padre de aquel Bituito que combatio contra Maximo y Domicio, era tan rico y ostentoso que, para hacer a sus amigos una demostracion de su opulencia, había cruzado en un carro la llanura sembrando a diestro y siniestro monedas de oro y de plata, de forma que pudieran recogerlas los que lo escoltaban.
Estrabón IV, 2, 3.


jueves, 27 de noviembre de 2014

ARLES ROMANA



En la región natural de la Camarga, a orillas del Ródano, Arlés, engrandecida por Roma, patrocinada por el Divino César, su impresionante anfiteatro, conocido como Arena de Arlés, sigue sirviendo como escenario de sangrientos espectáculos. Veintiún siglos después, la impronta romana es la que recie el visitante, una monumentalidad imperial que a veces oculta un precioso trazado medieval.


Una de las primeras ciudades fundada por los romanos en el sur de la Galia, que primeramente había sido la griega Theline y más tarde la celta Arelate, y que el poeta Ausonio definió como "la pequeña Roma de los galos". Conquistada en el 123 a.C., pronto los ingenieros latinos construyeron un canal para unirla al mar Mediterráneo con el objetivo de competir con el gran puerto mediterráneo del momento; Marsella.


Precisamente durante la casi fratricida guerra entre César y Pompeyo, Arlés apoyó a Julio, y su rival Marsella, al Grande. Tras su victoria, César arrebató posesiones a la antigua colonia griega para cederlas a la ciudad que la ofreció ayuda. Su nombre completo era Colonia Iulia Paterna Arelatensium Sextanorum, esto es, Colonia Julia de Arlés de los Soldados de la Sexta Legión, y es que se convirtió en una colonia para el asentamiento de los veteranos de la Legión VI Ferrata.


Con el tiempo se convirtió en una de las ciudades más destacadas de la Narbonense y recuerdo de ese esplendor son el anfiteatro, conocido como las Arenas, el teatro o las termas. La cercanía al mar y la utilidad de su puerto fueron la clave del desarrollo que experimentó la colonia romana. Arlés contaba con un puente construido con barcos, torres y puentes levadizos, que era el más meridional de todos los puentes que vadeaban el Ródano.

" [...] mientras que de la parte del Ródano, Arelate es una ciudad y puerto comercial importante".
Estrabón IV, 1, 6.



A finales de la Edad Antigua (siglos IV y V) fue utilizada como cuartel militar para las tropas de los emperadores en campaña y en tiempos de Flavio Honorio (emperador) fue sede de la prefectura de las Galias que también incluía a Hispania. Durante el reinado de Constantino, se convirtió en una de las residencias favoritas del emperador.  

domingo, 9 de noviembre de 2014

VALENCE



A la luz de la luna aparece la catedral románica dedicada a San Apollinaire, en la ciudad de Valence, a orillas del Ródano. Fundada en 1095, y consagrada por el papa Urbano II, se trata de un templo románico que tuvo que ser reconstruida en el siglo XVIII. A tenor de las dimensiones de la catedral, Valence hubo de ser un núcleo importante durante la Edad Media. Sin saber mucho del tema puedo intuir que su posición junto al Ródano propició una frenética actividad comercial, y posiblemente artesanal. A medio camino entre Lyon y Avignon, es una puerta que comunica el Norte con el Sur de Francia. 

jueves, 30 de octubre de 2014

PUENTE DE AVIGNON.



Desde el centro del Ródano, en uno de los extremos del semiderruido puente obtenemos la más bella postal de la Avignon medieval. Se trata de uno de los puentes medievales más famosos de Francia y llegó a tener una decisiva importancia estratégica por ser el único que cruzaba el Ródano entre la ciudad de Lyon y el mar Mediterráneo, siendo de gran utilidad para viajeros y peregrinos que se dirigieran a España o Italia.


El puente medieval fue construido sobre las pilastras de un antiguo puente romano, y si hacemos caso de la leyenda, por inspiració de un pastorcillo local de nombre San Benezet, que además fue enterrado en una pequeña capilla en el mismo puente. Y es por eso que el puente también es conocido como Pont St. Benezet. Durante un tiempo el puente salvaba la frontera existente entre el Reino de Francia y las posesiones del Papa, de tal manera que ambos extremos del puente estaban fuertemente vigilados y defendidos.



El primer puente medieval se construyó de madera, aunque fue destruido durante la famosa Cruzada abigense. Posteriormente se reconstruyó de piedra, aunque tuvo que ser reparado en muchas ocasiones. El hombre arrebata espacio a la Naturaleza, y la Naturaleza, tarde o temprano, recupera lo que es suyo. En 1660 una fuerte crecida del Ródano arrastró buena parte de su estructura haciéndola desaparecer para siempre. Después de este suceso, se abandonó todo proyecto de reconstrucción y se dejó que el puente fuese muriendo lentamente.


En el siglo XIV se construyó en el medio del puente una capilla que se consagró a San Nicolás patrón de los marineros.



Capilla de San Benezet, al que según una leyenda habló Dios para darle las indicaciones necesarias para la construcción del puente.  


martes, 30 de septiembre de 2014

REINO DE ARLÉS



La próspera ciudad galorromana de Arlés se transformó en el centro de un pequeño reino al fragmentarse definitivamente el Imperio Carolingio. Rodolfo II de Borgoña (hijo y sucesor de Rodolfo I) reunió en su persona (933) el reino de la Alta Borgoña (fundado por Rodolfo I) que se había desgajado del reino de Carlos el Gordo a la muerte de éste, con la Baja Borgoña, constituyendo el Reino de Arlés. Esta entidad territorial se extendía desde el monte Jura hasta la desembocadura del Ródano. Como capital del reino, y de Borgoña, Arlés disfrutó de cierto engrandecimiento urbanístico. Este reino fue gobernado por reyes independientes hasta 1032 cuando cayó nuevamente bajo la órbita del Sacro Imperio. En el seno del Imperio el Arelato continuó su existencia unos doscientos años más, hasta que hacia 1361 su territorio fue dividido y repartido entre varios señoríos nobiliarios.


Un precioso barrio medieval que se extiende alrededor de la iglesia de San Trófimo, que abre su preciosa portada románica a la Plaza de la República, presidida por un obelisco y donde también abre sus puertas el Hotel de Ville (ayuntamiento). Conocía su brillante pasado romano, y mi sorpresa fue descubrir la Arlés medieval, con sus abigarradas casas y su precioso templo románico. 

sábado, 23 de febrero de 2013

SERTORIO Vidas Paralelas - Primera Parte


I. No es maravilla quizá que en un tiempo indeterminado, inclinándose ora a una parte y ora a otra la fortuna, los acontecimientos vuelvan a repetirse muchas veces con las mismas circunstancias. Porque si hay una muchedumbre infinita de accidentes, la fortuna tiene un poderoso artífice de la semejanza de los sucesos en lo indefinido de la materia, y si los acontecimientos están contraídos a un número prefijado, es necesario también que muchas veces los mismos efectos sean producidos por las mismas causas. Hay algunos, por tanto, que, complaciéndose en cotejar lo que han leído u oído de esta clase de accidentes, forman una colección de los que parecen hechos de intento y con meditado discurso, como, por ejemplo, que habiendo habido dos Atis, personajes ilustres, el uno Siro y el otro Arcade, ambos fueron muertos por jabalíes. De dos Acteones, el uno fue despedazado por sus perros, y el otro, por sus amadores. De dos Escipiones, por el uno fueron primero vencidos los Cartagineses, y por el otro fueron después arruinados del todo. Troya fue tomada por Heracles, a causa de los caballos de Laomedonte; por Agamenón, mediante el caballo llamado de madera, y tercera vez, por Caridemo, a causa del accidente de haberse caído un caballo en las puertas y no haber podido los Troyanos cerrarlos prontamente. De dos ciudades que tienen nombres de dos plantas de suavísimo olor, Ío y Esmirna, en la una se dice haber nacido el poeta Homero y haber muerto en la otra. Ea, pues, añadamos a estos acasos el que entre los grandes generales, los más guerreros y que más grandes cosas acabaron por la astucia y la sagacidad todos fueron tuertos: Filipo, Antígono, Aníbal y éste de quien ahora escribimos, Sertorio; el cual se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con mujeres, más fiel que Antígono con sus amigos, más humano que Aníbal con los contrarios, y, no habiendo sido inferior a ninguno en la prudencia, fue muy inferior a todos en la fortuna, la que siempre le fue más adversa que sus más poderosos enemigos, y, sin embargo, desterrado y extranjero, nombrado caudillo de unos bárbaros, fue digno competidor de la pericia de Metelo, de la osadía de Pompeyo, de la fortuna de Sila y de todo el poder de los Romanos. A éste, el que encontramos más semejante entre los Griegos es el Cardiano Éumenes: ambos eran nacidos para mandar ejércitos; ambos eran fecundos en estratagemas; ambos, arrojados de su país, fueron caudillos de gentes extrañas, y a ambos, finalmente, fue en su muerte muy dura y violenta la fortuna, porque perecieron traidoramente a manos de aquellos mismos con quienes habían vencido a los enemigos.

II.- Nació Quinto Sertorio en la ciudad de Nursia, país de los Sabinos, de oscuro linaje. Criado con esmero por su madre, viuda, habiendo quedado huérfano de padre, parece que fue con extremo amante de aquella, de la cual se dice haber tenido por nombre el de Rea. Ejercitóse en las causas con bastante aplauso, y siendo aún joven llegó, según es fama, a adquirir cierto poder en Roma por su elegancia en el decir; pero su sobresaliente mérito y sus hazañas en la milicia llamaron hacia esta parte su ambición.

III.- En primer lugar, cuando los Cimbros y los Teutones invadieron la Galia, militó con Cepión, y habiendo los Romanos peleado débilmente y entregádose a la fuga, no obstante haber perdido su caballo y hallarse herido, pasó el Ródano a nado, costándole mucho el vencer, embarazado con la coraza y el escudo, la contraria corriente: ¡tan fuerte y robusto era su cuerpo, y tan sufridor del trabajo en fuerza del ejercicio! En segundo lugar, cargando aquellos con numerosísimo ejército y terribles amenazas, de manera que se reputaba por cosa extraordinaria que un Romano se mantuviera en formación y obedeciera al general, fue enviado por Mario en observación de los enemigos. Vistióse el traje de los Galos, y, aprendiendo lo más común del idioma para poder contestar oportunamente, se metió entre los bárbaros; de donde, habiendo visto por sí unas cosas y preguntado otras a los que tenía a mano, regresó al campamento. Concediósele entonces el prez del valor, y habiendo dado durante toda la expedición muchas pruebas de prudencia y de arrojo, adquirió fama y se ganó la confianza del general. Después de esta guerra de los Cimbros y Teutones fue enviado a España de tribuno con el pretor Didio, y se hallaba en cuarteles de invierno en Cazlona, ciudad de los Celtíberos. Sucedió que, insolentes los soldados con la abundancia, y dados a la embriaguez, incurrieron en el desprecio de los bárbaros, los cuales enviaron a llamar a sus vecinos de Orisia; éstos, yendo de casa en casa, acabaron con ellos; pudo, sin embargo, Sertorio evadirse con unos pocos, y recogiendo a otros que también huían dio la vuelta en rededor a la ciudad, y hallando abierta la puerta por donde los bárbaros habían entrado secretamente, no cayó en el error de éstos, sino que, poniendo guardias y tomando todas las avenidas, dio muerte a todos los que estaban en edad de llevar armas. Ejecutado esto, mandó a todos los soldados que dejaran sus propias armas y vestidos y adornándose con los de los bárbaros le siguieran a otra ciudad, de donde salieron los que en la noche los habían sorprendido. Con la vista de las armas logró que estos otros se engañaran, y hallando abierta la puerta se le vinieron a las manos gran número de habitantes, que creían salir a recibir a sus amigos y conciudadanos, que volvían después de conseguido su intento; así fue que muchos recibieron la muerte en la misma puerta, y otros que se entregaron fueron vendidos como esclavos.

IV.- Hízose con esto Sertorio muy celebrado en España; apenas volvió a Roma, fue nombrado cuestor de la Galia Cispadana, en ocasión de urgencia; amenazando, en efecto, la Guerra Mársica, se le dio el encargo de levantar tropas y de reunir armas, y como hubiese puesto mano a la obra con una diligencia y prontitud muy diferente de la pesadez y delicadeza de los demás jóvenes, adquirió fama de hombre activo y eficaz. Mas no por haber sido promovido a la dignidad de caudillo aflojó en el denuedo militar, sino que, ejecutando brillantes hazañas, y arrojándose sin tener cuenta de su persona a los peligros, quedó privado de un ojo, habiéndoselo sacado en un encuentro. De esta pérdida hizo después vanidad toda la vida, diciendo que los demás no llevaban siempre consigo el testimonio de los premios alcanzados, siéndoles forzoso dejar los collares, las lanzas y las coronas, cuando él tenía siempre consigo las señales de su valor; y los que eran espectadores de su infortunio lo eran al mismo tiempo de su virtud. Tributóle también el pueblo el honor que le era debido: porque al verle entrar en el teatro le recibieron con aplausos y con expresiones de elogio, distinción de que con dificultad gozaban aun los más provectos en edad y más recomendados por sus méritos. Pidió el tribunado de la plebe; pero, oponiéndosele la facción de Sila, quedó desairado; por lo que parece fue desde entonces enemigo de éste. Después, cuando Mario, vencido por Sila, tuvo que huir, y éste se ausentó para hacer la guerra a Mitridates, como uno de los cónsules, Octavio, mantuviese el partido de Sila, y Cina, que aspiraba a cosas nuevas, tratase de suscitar la facción vencida de Mario, arrimóse a éste Sertorio; y más viendo que el mismo Octavio estaba fluctuante y solo no se atrevía a fiarse de los amigos de Mario. Trabóse una acción reñida en la plaza entre ambos cónsules, en la que quedó vencedor Octavio, y Cina y Sertorio, que habían perdido poco menos de diez mil hombres, huyeron; pero como hubiesen podido reunir con sus persuasiones la mayor parte de las tropas esparcidas por la Italia, volvieron muy pronto en estado de poder medir las armas con Octavio.

V.- Habiendo regresado Mario del África, y puéstose a las órdenes de Cina, como correspondía lo hiciese un particular respecto de un cónsul, los demás eran de opinión de que convenía recibirle; pero Sertorio se opuso, bien fuera por creer que Cina le atendería menos luego que tuviese cerca de sí a un militar de más nombre, o bien por la dureza de Mario, no fuera que lo echara todo a perder, abandonándose a una ira que pasaba todos los términos de lo justo cuando quedaba superior. Decía, pues, que era muy poco lo que les quedaba que hacer hallándose ya vencedores, y que si recibían a Mario éste se arrogaría toda la gloria y todo el poder, siendo hombre desabrido y muy poco de fiar para la comunión de mando. Respondiále Cina que discurría con acierto; pero que él estaba entre avergonzado y dudoso para alejar a Mario, a quien él mismo había llamado a tener parte en la empresa; a lo que le repuso Sertorio: “Pues yo, en el concepto de que Mario había venido a Italia por impulso propio, reflexionaba sobre el partido que convendría tomar; pero tú no has debido conferenciar sobre este negocio cuando llega el que tú deseabas que viniese, sino admitirle y valerte de él, pues que la palabra empeñada no debe dejar lugar a reflexiones”. Resolvióse, por tanto, Cina a llamar a Mario, y, habiendo repartido las tropas en tres divisiones, las mandaron los tres. Terminóse la guerra; y entregados Cina y Mario a toda crueldad e injusticia, tanto que a los Romanos les parecían ya oro los males de la guerra, se dice que sólo Sertorio no quitó a nadie la vida, por aversión, ni se ensoberbeció con la victoria, sino que antes se mostró irritado de la conducta de Mario; y hablando a solas a Cina e intercediendo con él logró ablandarlo. Finalmente, como a los esclavos que tuvo Mario por camaradas en la guerra, y de quienes se valió después como ministros de tiranía, les hubiese dado éste más soltura y poder de lo que convenía, concediéndoles o mandándoles unas cosas, y propasándose ellos a otras con la mayor injusticia, dando muerte a sus amos, solicitando a sus amas y usando de toda violencia con los hijos, no pudo Sertorio llevarlo en paciencia, y hallándose reunidos en un mismo campamento los hizo asaetar a todos, que no bajaban de cuatro mil.

VI.- Falleció luego Mario; Cina fue muerto de allí a poco, y Mario el joven se arrogó, contra la voluntad de Sertorio y con quebrantamiento de las leyes, el consulado; los Carbones, los Norbanos y los Escipiones hacían tibiamente la guerra a Sila, que llegaba; perdíanse unas cosas por cobardía y desidia de los generales y otras por traición se malograban. En este estado era inútil su presencia para unos negocios enteramente desesperados, por el poco tino de los que tenían en sus manos el poder. Por colmo de desorden, Sila, que tenía su campo al frente del de Escipión y hacía correr la voz de que se gozaría de paz, corrompió el ejército, y aunque Sertorio se lo previno y advirtió a Escipión, no pudo hacérselo entender. Entonces, pues, dando por enteramente perdida la ciudad, partió para España, con la mira de anticiparse a ocupar en ella el mando y la autoridad, y preparar allí un refugio a los amigos desgraciados. Sobrecogiéronle malos temporales en países montañosos, y tuvo que comprar de los bárbaros, a costa de subsidios y remuneraciones, que le dejaran continuar el camino. Incomodábanse los suyos y le decían no ser digno de un procónsul romano pagar tributo a unos bárbaros despreciables; mas él, no poniendo atención en lo que a éstos les parecía una vergüenza, “Lo que compro - les respondio- es la ocasión, que es lo que más suele escasear a los que intentan cosas grandes”; así continuó ganando a los bárbaros con dádivas, y apresurándose ocupó, la España. Halló en ella una juventud floreciente en el número y en la edad; pero como la viese mal dispuesta a sujetarse a toda especie de mando, a causa de la codicia y malos tratamientos de los Pretores que les habían cabido, con la afabilidad se atrajo a los más principales, y con el alivio de los tributos a la muchedumbre; pero con lo que principalmente se hizo estimar fue con librarlos de las molestias de los alojamientos. Obligó, en efecto, a los soldados a armarse barracas en los arrabales de los pueblos, siendo él el primero que se hospedaba en ellas. Sin embargo, no se debió todo a la benevolencia de los bárbaros, sino que, habiendo armado de los Romanos allí domiciliados a los que estaban en edad de tomar las armas, y habiendo construído naves y máquinas de todas especies, de este modo tuvo sujetas a las ciudades, siendo benigno cuando se disfrutaba de paz y apareciendo temible a los enemigos con sus prevenciones de guerra.

VII.- Habiéndole llegado noticia de que Sila dominaba en Roma, y la facción de Mario y Carbón había sido arruinada, al punto receló que el ejército vencedor iba a venir contra él con algunos de los caudillos, y se propuso cerrar el paso de los montes Pirineos por medio de Julio Salinátor, que mandaba seis mil infantes. Fue, en efecto, enviado de allí a poco por Sila Gayo Anio, el cual, viendo que la posición de Julio era inexpugnable, se quedó en la falda, sin saber qué hacerse; pero habiendo muerto a traición a Julio un tal Calpurnio, dicho por sobrenombre Lanario, y abandonando los soldados las cumbres del Pirineo, seguía su marcha Anio con grandes fuerzas, arrollando los obstáculos. Considerábase Sertorio muy desigual, y retirándose con tres mil hombres a Cartagena, allí se embarcó, y atravesando el Mediterráneo aportó al África por la parte de la Mauritania. Sorprendieron los bárbaros a sus soldados, mientras, sin haber puesto centinelas, se proveían de agua, y habiendo perdido bastante gente se dirigía otra vez a España; vióse, no obstante, apartado de ella, por haber tenido la desgracia de dar con unos piratas de Cilicia, y arribó a la isla Pitiusa, donde desembarcó, habiendo desalojado la guarnición que allí tenía Anio. Acudió este bien pronto con gran número de naves y cinco mil hombres de infanteria; Sertorio se preparaba a pelear con él en combate naval, aunque sus buques eran de poca resistencia, y dispuestos más bien para la ligereza que para la fuerza; pero, alborotado el mar con un violento céfiro, perdió la mayor parte de ellos, estrellados en las rocas por su falta de peso, y con sólo unos pocos, arrojado del mar por la tempestad y de la tierra por los enemigos, anduvo fluctuando por espacio de diez días; y luchando contra las olas y contra tan deshecha borrasca se vio en mil apuros para no perecer.

VIII.- Habiendo por fin cedido el viento, aportó a unas islas, entre sí muy próximas, desprovistas de agua, de las que hubo de partir; y pasando por el Estrecho Gaditano, dobló a la derecha y tocó en la parte exterior de España, poco más arriba de la embocadura del Betis, que desagua en el mar Atlántico, dando nombre a la parte que baña de esta región. Diéronle allí noticia unos marineros, con quienes habló de ciertas islas del Atlántico, de las que entonces venían. Éstas son dos, separadas por un breve estrecho, las cuales distan del África diez mil estadios, y se llaman Afortunadas. Las lluvias en ellas son moderadas y raras, pero los vientos, apacibles y provistos de rocío, hacen que aquella tierra, muelle y crasa, no sólo se preste al arado y a las plantaciones, sino que espontáneamente produzca frutos que por su abundancia y buen sabor basten a alimentar sin trabajo y afán a aquel pueblo descansado. Un aire sano, por el que las estaciones casi se confunden, sin que haya sensibles mudanzas, es el que reina en aquellas islas, pues los cierzos y solanos que soplan de la parte de tierra, difundiéndose por la distancia de donde vienen en un vasto espacio van decayendo y pierden su fuerza; y los del mar, el ábrego y el céfiro, siendo portadores de lluvias suaves y escasas, por lo común, con una serenidad humectante es con la que refrigeran y con la que mantienen las plantas, de manera que hasta entre aquellos bárbaros es opinión, que corre muy válida, haber estado allí los Campos Elisios, aquella mansión de los bienaventurados que tanto celebró Homero.

IX.- Engendró esta relación en Sertorio un vivo deseo de habitar aquellas islas y vivir con sosiego, libre de la tiranía y de toda guerra; pero habiéndolo entendido los de la Cilicia, que ninguna codicia tenían de paz y de quietud, sino de riqueza y de despojos, le dejaron con sus deseos, y se dirigieron al África para restituir a Áscalis, hijo de Ifta, al trono de la Mauritania. No pudo tampoco contenerse Sertorio, sino que resolvió ir en auxilio de los que peleaban contra Áscalis, para que sus tropas, concibiendo nuevas esperanzas, y teniendo ocasión de nuevas hazañas, no se le desbandasen por la falta de recursos. Habiendo sido su llegada de gran placer para los Mauritanos, puso mano a la obra, y, vencido Áscalis, le puso sitio Sila, en tanto, envió en socorro de éste a Paciano, con las correspondientes fuerzas; mas habiendo venido Sertorio a batalla con él, le dio muerte, y quedando vencedor agregó a las suyas estas tropas, poniendo después cerco a la ciudad de Tingis, adonde Ascalis se había retirado con sus hermanos, Dicen los Tingitanos que está allí enterrado Anteo, y Sertorio hizo abrir su sepulcro, no queriendo dar crédito a aquellos bárbaros, a causa de su desmedida grandeza; pero visto el cadáver, que tenía de largo, según se cuenta, sesenta codos, se quedó pasmado, y sacrificando víctimas volvió a cerrar la sepultura, habiéndole dado con esto mayor honor y fama. Añaden los Tingitanos a esta fábula que, muerto Anteo, su mujer, Tingis, se ayuntó con Heracles, y habiendo tenido en hijo a Sófax, reinó éste en el país y puso a la ciudad el nombre de la madre, y que de este Sófax fue hijo Diodoro, a quien obedecieron muchas gentes del África, por tener a sus órdenes un ejército griego, compuesto de los que fueron allí trasladados por Heracles de Olbia y de Micenas. Mas todo esto sea dicho en honor de Juba, el mejor historiador entre los reyes, por cuanto se dice que su linaje traía origen de Diodoro y Sófax. Sertorio, aunque logró triunfar de todos, en nada ofendió a los que le suplicaron y se pusieron en sus manos, sino que les restituyó los bienes, las ciudades y el gobierno, recibiendo sólo lo que buenamente había menester, y aun esto por pura dádiva.

Plutarco

miércoles, 16 de enero de 2013

GEOGRAFÍA DE IBERIA ESTRABÓN (XXVI)



19 Nombres de la Península
Así pues, como dijimos, algunos afirman que este país se divide en cuatro partes, mientras que otros dicen que en cinco. Pero es imposible en este caso dar razón de ello con exactitud debido a las transformaciones y la oscuridad de los lugares. Pues en los lugares famosos y célebres son conocidas tanto las migraciones como la distribución del territorio, así como los cambios de nombre y cualquier cosa de este tipo, por ser tratada por muchos autores y principalmente por los griegos, que son los más prolijos de todos. Pero sobre todas las regiones bárbaras, apartadas, pequeñas y subdivididas, las noticias que hay no son ni seguras ni abundantes, porque en todo lo que queda alejado de los griegos aumenta el desconocimiento. Los historiadores romanos imitan a los griegos, pero no llevan muy lejos su imitación, pues lo que dicen lo traducen de los griegos sin aportar de sí una gran avidez de conocimientos, de forma que, cada vez que hay un vacío de información por parte de aquéllos, no es mucho lo que completan los otros, y ocurre esto especialmente en la cuestión de los nombres más conocidos, que son griegos en su mayoría. Por ejemplo: toda la región de más allá del Ródano y del istmo configurado por los golfos galáticos fue denominada Iberia por los autores antiguos, y en cambio los contemporáneos le señalan como límite el Pirene y dicen que Iberia   e Hispania son sinónimos; otros daban ese nombre de Hispania sólo a la región de más acá del Íber. Y otros aún anteriores llamaron a estos mismos igletes, que no ocupaban un gran territorio, según dice Asclepiades de Mirlea. Los romanos por su parte, llamando indistintamente Iberia o Hispania a todo el territorio, dieron a una parte la denominación de Citerior y a la otra la de Ulterior; pero a veces se sirven de otra división, adaptando su política a las circunstancias. 

20 La división y administración romanas.
Actualmente, de las provincias asignadas al pueblo y al Senado por una parte, y al Emperador romano por otra, la Bética corresponde al pueblo y se envía a ella un pretor asistido por un cuestor más un legado; han establecido su límite oriental cerca de Castalon. El resto pertenece al César. Éste manda dos legados, uno pretoriano y otro consular, estando el pretoriano asistido a su vez de otro legado, y tiene la misión de administrar justicia a los lusitanos, que limitan con la Bética y llegan hasta el río Durio y su desembocadura; pues al presente el nombre de Lusitania está restringido a esta región. Allí se encuentra también Augusta Emérita. El resto, que constituye la mayor parte de Iberia, se halla bajo el gobernador consular, que dispone de un considerable ejército de tres legiones y de tres legados, de los cuales uno, al mando de dos legiones, ejerce vigilancia sobre todo el territorio al norte del Durio, a cuyos habitantes antes llamaban lusitanos y ahora calaicos. Los delimitan las cordilleras septentrionales, con los astures y los cántabros. 

A través de territorio astur discurre el río Melso, un poco más lejos está la ciudad de Noiga, y cerca, un estero del Océano que separa a los astures de los cántabros.

La región que viene a continuación, paralela a las montañas hasta el Pirene, la tiene a su cargo el segundo de los legados con la otra legión. El tercero ejerce su vigilancia sobre el interior y gobierna los asuntos de los llamados ya togados, que es como decir que son pacíficos y que han pasado a un género de vida civilizado y al modo de ser itálico con su togada indumentaria. Son éstos los celtíberos y los que viven cerca del Íber a ambas orillas hasta las zonas marítimas. El propio gobernador pasa el invierno en la región costera, principalmente en Carquedón y Tarracon, atendiendo los pleitos, y en verano recorre el país supervisando constantemente las cosas necesitadas de mejora. Hay también procuradores del César, del orden ecuestre, que son los que distribuyen a los soldados las cantidades necesarias para su mantenimiento. 

sábado, 22 de diciembre de 2012

GESATOS

La desnudez del guerrero

Los gesatos eran guerreros galos que iban a la guerra a cambio de dinero, expertos mercenarios, dispuestos a poner su espada a disposición del mejor postor.



“Unidos los insubrios y boios, los dos pueblos más poderosos de la nación, enviaron a punto embajadores a los galos que habitaban los Alpes y el Ródano, llamados gesatos, porque militaban por cierto sueldo; ésta es propiamente la significación de esta palabra”.

Polibio II, 22



Iban al combate desnudos, adornados con torques y collares de oro, y aullaban antes de lanzarse con demencia a destrozar las filas enemigas. La desnudez y los gritos forman parte de sus armas, pues conseguían amedrentar al contrario. La visión de un ejército de fieras sin más protección que su cuerpo debía causar pavor en los bisoños legionarios romanos. Aquí la desnudez es un símbolo del desprecio hacia el peligro que representa una batalla.



“Los gesatos desnudos, vanidosos y llenos de confianza, se situaron al frente de las tropas con sólo las armas”

Polibio II, 28



En la Batalla de Telamón, 225 a.C., una confederación de tribus galas, boios, insubrios y los propios gesatos se enfrentaron a la República de Roma. Los gesatos avanzaron en la vanguardia celta, y aunque lucharon con exceso de valentía se vieron superados por las legiones romanas, pues las jabalinas latinas utilizaron como dianas los desnudos cuerpos de los temerarios gesatos.



Desde un punto de visto sociológico, la desnudez, especialmente en determinados contextos, puede causar confusión y desconcierto, y precisamente un campo de batalla es uno de esos lugares. En palabras de Muñiz Coello: “La desnudez provoca desconcierto y afecta al sentido del pudor de quienes la observan, sobre todo cuando ésta se ubica en contextos ajenos de aquellos en los que habitualmente se contempla”.

sábado, 27 de octubre de 2012

ÚBEROS



Pueblo asentado en los Alpes, junto al nacimiento del Ródano, y que pertenecían a los lepontios. Fueron sometidos tempranamente por Roma.

"... y unos lepontios, que se llaman úberos, las fuentes del Ródano en el mismo techo de los Alpes"
Plinio el Viejo. Historia Natural. III, 20, 134.
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