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domingo, 7 de febrero de 2016

BAEZA, CUNA DEL RENACIMIENTO.



Gótica, isabelina y renacentista, una pequeña ciudad Patrimonio de la Humanidad, orgullosa de su pasado, sus vecinos trabajan para que su legado cultural ni se pierda, ni se olvide.


Baeza, enclavada en una loma en pleno centro de la provincia de Jaen, en una loma a 800 metros de altitud, se encuentra circundada por el Guadalquivir, y uno de sus afluentes, el Guadalimar.


El comienzo de su historia se sitúa en la Edad del Bronce, un asentamiento vinculado de alguna manera con la cultura argárica. En época romana se construyó una ciudad amurallada. Los árabes se asentaron aquí y Baeza se enriqueció gracias a las fértiles tierras adyacentes y a la propia situación estratégica. Llegó incluso a convertirse en capital de una taifa que ejerció su dominio sobra parte de la provincia de Jaén.


Ya en manos cristianas Baeza alcanzó su mayor esplendor entre los siglos XV y XVII, gracias al desarrollo de su economía y al impulso comercial. Baeza junto a su vecina Úbeda, está considerada cuna del Renacimiento Español. En este proceso de engrandecimiento cultural, tuvo un papel de importancia decisiva, la Universidad Baezana, la misma donde siglos después impartiese clase el poeta Antonio Machado.


Un centro urbano compacto, cuyos edificios señeros (y señoriales) tienden a adquirir formas cúbicas.


En la Plaza de España se eleva 25 metros, la Torre de los Aliatares, que fue una de las más destacadas del recinto amurallado musulmán, siendo además una de las pocas que se conservó en pie, tras la demolición de la muralla ordenada por la reina de Castilla, Isabel I. Se cree que su nombre procede de la tribu musulmana que se instaló aquí tras la conquista de la ciudad.


En ambas orillas del Paseo de la Constitución se disponen las tradicionales casas porticadas.


Ruinas de San Francisco, un complejo conventual y funerario, obra de Vandelvira del siglo XVI, que no llegó a terminarse.



El palacio de los Salcedo, también del siglo XVI, es otro de los ejemplos de arquitectura civil de la ciudad.


La Plaza de los leones es el enclave más sugerente de Baeza, la fuente entronca, a través de los felinos que la custodian, el pasado ibérico con el esplendor del Renacimiento. El agua, venerada por los hombres que llegaron del desierto, recuerda el pasado musulmán de la población. Los leones proceden, según cuentan, de Cástulo, y la construcción de la fuente simboliza el traslado de la sede diocesiana, desde la antigua capital oretana a la flamante Baeza.


El Arco de Villalar, construído para conmemorar la victoria de Carlos V contra los comuneros de Castilla en 1521 en la batalla del mismo nombre.


En esta plaza del Popolo encontramos dos de los edificios más destacados de Baeza, la Antigua Carnicería y la Audencia Civil y Escribanía Pública.


La Universidad, monumento, material e inmaterial, al conocimiento humano.


Fernando III de Castilla y León negoció con el gobernador local la rendición de la plaza, de tal forma que Baeza pasó a manos cristianas sin derramamiento de sangre. En el primer tercio del siglo XIII, Baeza, primera ciudad conquistada por el Reino de Castilla en Andalucía, se convirtió en capital civil y religiosa del Alto Guadalquivir.


Arco del Barbudo, en honor al maestre de Calatrava, que defendió con éxito la ciudad de un ataque nazarí.


Ruinas de la Iglesia de San Juan, recuerdo de una Baeza románica. Las piedras nunca olvidan.


Este templo se construyó en el siglo XIII y se utilizó hasta bien entrada el XIX, cuando se tuvo que cerrar al culto debido a su ruinoso estado.


La plaza de Santa María concentra parte de los edificios más emblemáticos de la ciudad, entre ellos, la Catedral, las Casas consistoriales altes, la fuente de Santa María y el seminario de San Felipe.


La fuente situada frente a la catedral celebra la llegada de agua corriente a la ciudad.


El palacio de Jabalquinto, bello ejemplo del gótico flamígero, construido en el silo XV por Juan Alfonso de Benevides, primo segundo del rey Fernando.


La iglesia de la Santa Cruz es una de las pocas iglesias románicas andaluzas.


Esta estatua recuerda a la Compañía de los Doscientos Ballesteros del Señor Santiago que defendieron la ciudad de Baeza.


Torreón que defendía la Puerta de Úbeda, una de las entradas al antiguo recinto medieval.



Antonio Machado, que impartió clases en el Instituto de Bachillerato instalado en la antigua Universidad Baezana, dejó su eterna impronta en la ciudad.  


lunes, 1 de febrero de 2016

FUENTE DE LOS LEONES EN BAEZA



En la emblemática Plaza del Popolo de Baeza se encuentra la fuente de los leones, que desde el corazón de la misma, lleva más de cuatro centurias contemplando el transitar de la gente y el discurrir del tiempo y la Historia.

Originalmente la fuente estaba en la cercana ciudad ibero-romana de Cástulo, y el traslado a su ubicación actual en el siglo XVI (cuando Cástulo era solamente un montón de ruinas) se interpreta como una transferencia de poderes; desde la antigua sede episcopal de Cástulo a Baeza, que usurpó el papel preeminente de la antigua capital de los Oretanos. En ese sentido, la fuente simboliza el orgullo local al haberse convertido en una ciudad eclesiástica y nobiliaria a comienzos del Renacimiento.



Bueyes y leones esculpidos por manos iberas, que recuerdan a otros felinos hallados en Cástulo, y a través de cuyas bocas mana el agua, son los elementos más destacados de esta bellísima fuente.


En el centro del conjunto, una figura femenina de porte clásico, corona una columna. Para la tradición popular se trata de Himilce, la princesa oretana que se convirtió en la esposa del conquistador cartaginés Aníbal. La original fue destruida durante la Guerra Civil. La actual es obra de un escultor local y fue colocada hace un par de décadas.



En un entorno renacentista, circundando por los restos de un inmediato pasado medieval, la Fuente de los Leones, trata de enlazar el presente con el origen oretano y el desarrollo urbanístico romano; un rincón que sintetiza toda la historia del lugar.  

jueves, 31 de julio de 2014

AJUARES FUNERARIOS DE CÁSTULO.



En la ciudad ibero-romana de Cástulo, en el Alto Guadalquivir, se han excavado varias necrópolis, de donde se ha rescatado un variado y abundante ajuar funerario.


Son ajuares funerarios con urnas cinerarias que pertenecen a los diferentes estratos que forman la sociedad ibérica castulolense. Los personajes más importantes eran enterrados en la parte central de la necrópolis, y a su alrededor se disponían las demás tumbas, según su importancia social y los lazos sangüineos (o no) que le unían al noble.


En las tumbas de Cástulo abunda la cerámica de origen griego, una muestra más de la gran importancia económica que alcanzó la ciudad.


El cadáver era cremado sobre una pira, sus cenizas se recogían y se depositaban en una urna de cerámica, que podía presentar variada tipología. 


En la tumba se colocaba dicha urna y se acompañaba de diversos objetos que recordaban su vida terrena; armas, vasijas, platos, objetos de adorno, joyas, fíbulas......




domingo, 13 de julio de 2014

LOS LEONES DE CÁSTULO



Cástulo fue un importante poblado y centro minero de los oretanos en el Alto Guadalquivir, a cinco kilómetros, de la también ciudad minera de Linares. Tras la conquista romana de la zona, se convirtió en una próspera ciudad. Y tanto en época iberica, como en el período romano, la figura del león tuvo una importancia capital en la ciudad.

En el Museo Arqueológico de Linares, donde se recogen los principales hallazagos encontrados en Cástulo, podemos contemplar algunas de estas piezas. Relieves, capiteles, columnas y leones, expuestos en el Museo, formaron parte un día, de edificaciones iberas y romanas. Y nos reiteramos, por su abundancia y hermosura, destacan los leones.

Los artesanos romanos continuaron utilizando la piedra arenisca, el mismo material que utilizaron los iberos, como soporte para sus esculturas. Incluso la técnica para tallarlas eran muy similares.



Estas dos cabeza de león y el cuerpo de felino, al que falta precisamente la cabeza, eran esculturas funerarias, con una datación aproximada entre el s. II a.C. y el s. I d.C.




Detalles de las cabezas. ¿Oriente desembarcando en Occidente?.¿Oriente regresando al punto de partida?.




El pequeño león procedente de Los Patos (Cástulo) es una de los ejemplares más hermosos. Pequeño y muy detallado, espara agazapado a su presa. Dientes y garras afiladas, melena estriada, patas y cola perfectamente delimitada. Todo el conjunto esculpido con gusto y esmero en piedra arenisca. Este ejemplar debía formar parte de una tumba; la piedra duradera e incorruptible, frente a la fragilidad de la vida terrana humana. Completamente diferente, en todos los aspectos, de los toscos verracos vettones, que tanta pasión han despertado en mí.



Pero lo mas espectacular es el león descubierto en Cástulo el pasado año 2013. Una pieza única. El felino apareció adosado en un muralla, y de esta guisa se expone en el Museo de Linares. Los detalles son sencillamente, magníficos.



Adosado a la muralla de la ciudad ibero romana, un león protector, agarra con sus zarpas e hinca los dientes en el cuerpo moribundo (o muerto) de un enemigo, que presenta pelo rizado, labios prominentes y grandes orejas, rasgos inequívocamente negroides.



Esta escultura se ha datado hacia el siglo II o I a.C., esto es, a finales de la época propiamente ibera, y el comienzo de la dominación romana. El león estaba ubicado en el flanco izquierdo de una puerta monumental, recordando las colosales entradas de los palacios neoasirios custodiadas por los fantásticos toros androcéfalos o lamassus. A diferencia de los leones funerarios, este ejemplas tendría una función protectora, y por supuesto, ornamental.

El felino rey es símbolo de la fuerza, y la virtud inquebrantable de la aristocracia, y en palabras de Vicente Barba, director de las excavaciones "la justificación natural de una inmutable sociedad de clases". No existe simbolismo más poderoso en el Viejo Mundo, desde la más remota Antigüedad hasta bien entrada la Edad Moderna. El indiscutible rey de la selva, símbolo de nobleza, pero no de la de capa y espada, sino de aquella que reside en el mismo corazón.



Por otro lado, la figura presenta rasgos helenísticos muy arcaicos, teniendo en cuenta, además, que se trata de animales extraños a los iberos, pues no existían leones en nuestra península. De esta manera, el león, en el imaginario popular, aparece como un ser extraño (incluso mágico) capaz de dominar las fuerzas de la Naturaleza, incluyendo al propio hombre.


Situado frente al león, pensando en los misterios de la arqueología y las culturas pretéritas, no puedo dejar de preguntarme ¿hacia que mundo miran los ojos huecos del león?.



martes, 8 de julio de 2014

TUMBA DE LOS HIGUERONES



La Tumba de los Higuerones, excavada en la necrópolis de Cástulo, muestra un ajuar funerario de la Edad del Hierro, perteneciente a la Cultura Ibera, y que es posible datar en el siglo VII. Y de este pequeño ajuar llaman la atención dos piezas: el quemaperfumes y la esfinge, y las podemos disfrutar en el Museo Arqueológico de Linares dedicado a las excavaciones de la ciudad ibero romana de Cástulo. 



El Thymiaterium, o quemaperfumes en bronce fundido es similar a los utilizados en la actualidad. Dos cabras o cérvidos en reposo, vigilados desde cerca por un felino que parece apacentar a su propio rebaño.



El aplique zoomorfo con forma de esfinge alada, también en bronce. El motivo de la esfinge es claramente oriental. Pero además está porta la doble corona del Alto y Bajo Egipto, por lo que su procedencia parece bastante clara. Y observándola no puedo dejar de preguntar ¿por qué se ha escrito tan poco sobre las relaciones entre Egipto e Iberia durante el Primer Milenio, cuándo las evidencias son tan claras?


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