martes, 12 de junio de 2018

LA SEGUNDA BATALLA DE RONCESVALLES.



En el año 824 el emperador Ludovico Pío (o Luis el Piadoso) amadísimo hijo y sucesor de Carlomagno, envió a la península Ibérica un poderoso ejército comandado por los condes Aznar y Eblo, con el objetivo de someter a los vascones, restaurar el poder franco al sur de los Pirineos y quitarles las ganas de independencia. Los obedientes Aznar y Eblo cumplieron sobradamente su cometido, pero al regresar a Francia, fueron emboscados en los pasos pirenaicos (al igual que la paso a Roldán y la vanguardia de Carlomagno unas décadas atrás). La batalla está documentada a partir de dos textos carolingios – otra vez los derrotados – los Anales Reales y la Vita Ludovici Imperatoris. La victoria está íntimamente relacionada con el origen del Reino de Pamplona.

Después de la batalla los dos condes fueron hechos prisioneros por las fuerzas navarras. Eblo fue enviado al emir de Córdoba, mientras que Aznar, por considerarlo poco menos que un hermano, fue puesto en libertad para que volviese a casa (en Aragón).

El ejército estaba formado por los vascones de Pamplona dirigidos por Aritza y los Banu Qasi del valle del Ebro (Tudela) cuyo líder era Musa ibn Musa (ambos eran hermanastros). Esta victoria permitió mantener la independencia del territorio navarro frente al Imperio Carolingio (que comenzaba su proceso de desaparición) y al caudillo Iñigo Arista crear su propio estado independiente en torno a la ciudad de Pamplona.



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