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lunes, 5 de noviembre de 2018

LAS PRIMERAS ARMAS DE LA HISTORIA.



Las armas más antiguas de las que tenemos constancia, a parte claro está de un canto rodado con el que abrir una brecha en la cabeza del enemigo, fueron relativamente simples, ya que se trataba del mismo instrumental lítico (y/o óseo) utilizado en las actividades cotidianas.


Tampoco parece probable que existieran especialistas en combatir, pues no había artefactos tan complejos que precisasen una preparación o entrenamiento previo para su uso. En ese sentido, las hachas de piedra para cortar madera, las flechas o las azagayas utilizadas para la caza, pudieron ser empleadas en los enfrentamientos entre diferentes grupos humanos. 


martes, 18 de agosto de 2015

LA MINERÍA DE SÍLEX NEOLÍTICA.



La explotación del sílex fue una actividad esencial para la supervivencia misma de las sociedades humanas a lo largo de prácticamente toda la Prehistoria, y durante el Neolítico, a pesar de la aparición de nuevos materiales, como la cerámica, el sílex siguió siendo de gran importancia. En la mina neolítica de Casa Montero (Vicálvaro, Madrid) se han documentado cerca de 4.000 pozos, convirtiéndola en una de las mayores y más antiguas de toda Europa.


En algunos casos los pozos alcanzan una profundidad de diez metros. Estos pozos se abren buscando filones de sílex que después se tallan en la superficie, obteniendo lascas y hojas que serán transportadas a otros lugares.


sábado, 8 de agosto de 2015

PICAPEDRERO, CARNICERO, CARROÑERO, CAZADOR.



Los primeros australopitécidos tienen que haber utilizado las piedras de la misma forma cuando menos que los chimpancés actuales: como proyectiles para repeler a los intrusos y como martillos para partir nueces. Utilizándolas así se desprenderían de ellas ocasionalmente fragmentos con bordes lo bastante afilados como para atravesar pieles. Pero estos incidentes se producían en el contexto de actividades cuya eficacia no podía aumentarse por utilizar instrumentos afilados y, consiguientemente, no se aprovechaban sus posibilidades. Las lascas afiladas que se creaban por el rebote de las piedras lanzadas para ahuyentar a buitres y chacales, tenían más posibilidades de ser reconocidas como formas de cortar pieles duras, y trocear y deshuesar carne. El paso siguiente consistió en coger una piedra y estrellarla contra el suelo, y después buscar entre los restos las lascas más afiladas. Al final, se tomaba una piedra en cada mano y se golpeaba con cuidadosa precisión el borde de una de ellas, utilizando la otra como percutor. La percusión continuada no sólo producía lascas útiles; además, el propio núcleo del que se desprendían empezaba a adquirir bordes útiles para cortar y ser utilizado como hacha.

Las primeras herramientas de piedra -las encontradas en Gona y el Omo (Etiopía)- revelan ya una diestra facilidad para seleccionar los materiales disponibles que mejor valiesen como núcleos y percutores, y para dar golpes precisos que soltasen lascas afiladas como cuchillas. Las experiencias llevadas a cabo por arqueólogos que han aprendido por sí mismos a fabricar réplicas de estas primeras herramientas de piedra demuestran que núcleos y lascas eran igualmente valiosos. Los golpes percutantes sobre una cara del extremo de un núcleo daban lugar a una gruesa herramienta de corte [chopping tool] capaz de cortar tendones y nervios y separar articulaciones. Las lascas sirven mejor para cortar pieles y trocear carne. Los núcleos gruesos sirven para machacar huesos y llegar al tuétano, y para partir cráneos y llegar a los sesos. Nicholas Toth, de la Universidad de Indiana, ha reproducido estas sencillas herramientas y las ha utilizado para cortar carne de elefantes y de otros animales grandes de piel dura. Sin lugar a dudas, los australopitécidos emplearon sus herramientas líticas en otras ocupaciones aparte de la de cortar carne de animales muertos. Toth descubrió que con un núcleo grueso se podían cortar las ramas rectas de los árboles y que con lascas pequeñas se podía tallar la punta de los palos de escarbar y convertirlos en lanzas. Otras lascas servían para raspar la carne, la grasa y el pelo de las pieles.

Después de empezar a utilizar herramientas, en el modo de vida de los australopitécidos probablemente resultaba también esencial algún tipo de recipiente. Los análisis de artefactos líticos encontrados en yacimientos de Tanzania, datados en unos dos millones de años, revelan que hay más lascas de las que pueden explicar las marcas que aparecen en los núcleos encontrados junto a ellas. Lo que sugiere que quien picase la piedra transportaba de un lugar de cortar carne a otro una provisión de lascas fabricadas previamente y quizá un núcleo pequeño y uno o dos percutores. Una bolsita de piel curtida, sujeta al pecho o al hombro con trozos de nervio, habría constituido un recipiente adecuado.

Con la fabricación de núcleos y lascas, palos de escarbar afilados, correas y bolsas de cuero, y el transporte y almacenamiento de herramientas materiales, se alcanzaron los límites del cerebro de los simios. Aunque, aislado, ninguno de estos artefactos o comportamientos hubiera estado fuera del alcance de las capacidadesde un chimpancé, su utilización en el marco de un sistema de producción cada vez más complejo basado en el carroñeo, la caza, la recolección y el escarbo requería capacidades cognoscitivas que sobrepasaban las de los primeros australopitécidos. La selección natural favoreció a los individuos que aprendieron antes a fabricar las mejores herramientas, que tomaron las decisiones más inteligentes sobre cuándo usarlas y que podían optimizar la producción con arreglo a los cambios diarios o estacionales de la cantidad o disponibilidad de los alimentos de origen animal y de origen vegetal. La selección de estas aptitudes puede explicar que el tamaño del cerebro del hábilis sea un 40 ó 50 por ciento mayor que el de los australopitécidos.

Pero, a pesar de contar con herramientas más complejas y un cerebro mayor, no existen pruebas de que el hábilis estuviese más dotado para la caza mayor. Su diminuta estatura y sus dedos curvos en pies y manos -que indican todavía que trepaba a los árboles para librarse de los depredadores- no sugieren intrepidez en la caza, y sus herramientas, por útiles que fuesen para el despiece de animales de gran tamaño, no tienen viso alguno de ser útiles para cazarlos.

Seguramente, nuestros antepasados siguieron siendo principalmente carroñeros hasta que apareció el primer erectus, hace 1,6 millones de años. Todo lo relacionado con el erectus sugiere la ocupación de un nicho ecológico basado en un nuevo estilo de subsistencia. Se trataba de una especie, considerablemente más alta que el hábilis, cuyos dedos de pies y manos habían perdido cualquier vestigio de agilidad arbórea. Sus herramientas consistían en lascas afiladas, nuevos tipos de núcleos trabajados por los dos lados y con forma de grandes hachas de mano oblongas y apuntadas, cuchillos y puntas. Los experimentos realizados con estos «bifaces» demuestran su utilidad como instrumentos para cortar carne de grandes animales. Además, las estrías microscópicas, consideradas como «marcas de corte», que presentan los huesos de animales asociados a herramientas del erectus proporcionan pruebas directas de que éstas se utilizaban para desmembrar animales y sacarles la carne. El erectus estaba probablemente capacitado también para utilizar las lascas y los núcleos con el fin de tallar, cepillar y afilar lanzas de madera.

Sin embargo, los carniceros no tienen por qué ser cazadores. Además, se echa algo de menos en la bolsa de herramientas del erectus (y en las herramientas del hábilis también). Ninguno de los núcleos o lascas tiene la característica de poderse insertar como punta en lanzas u otros proyectiles. Tal vez los erectus arrojasen certeramente sus lanzas de madera contra animales pequeños, pero sin puntas de piedra o de hueso resultaba improbable que perforasen a distancia las pieles de presas mayores y alcanzasen sus órganos vitales. La ausencia de puntas de piedra proyectiles refuerza la opinión de que el erectus era simplemente un carroñero más eficaz que los primeros homínidos, y que si alguno de ellos cazaba alguna vez, se trataba sólo de animales pequeños.

Personalmente, tengo dudas de que el erectus se contentase con ser principalmente carroñero y después cazador. Las manadas de animales grandes, visibles rápidamente, actuarían como una tentación constante de intervenir directamente para garantizar el suministro de su alimento preferido. Después de todo, el desarrollo de la tecnología lítica era en buena medida consecuencia del intento de los australopitécidos de explotar las ventajas nutritivas de la carne. Tras haber inventado cuchillos, martillos, hachas y recipientes con el fin primordial de facilitar sus actividades carniceras, el fracaso a la hora de inventar proyectiles con punta de piedra no indica necesariamente que el erectus no cazase de forma habitual. Antes al contrario, quizá indique sólo que no cazaban arrojando las lanzas desde lejos, sino clavándolas de cerca en su presa. La arqueología no proporciona pruebas para este razonamiento. Debemos volver empero a ciertas particularidades de la forma humana: nuestra falta de pelo en la piel, nuestras pieles con glándulas sudoríparas y nuestra capacidad para correr maratones. 
Marvin Harris "Nuestra especie".

domingo, 10 de mayo de 2015

PUNTA DE TAYAC.



Una preciosa pieza tallada por algún habilidoso artesano neandertal del Musteriense. Las puntas como estas eran enmangadas, utilizando fibra vegetal o animal, y pegamentos como la brea, en los extremos de las lanzas de madera para hacerlas más eficaces. Esta Punta de Tayac asociada al Tecnocomplejo Musteriense fue descubierta en la Cueva de Perneras (Lorca, Murcia).    

sábado, 9 de mayo de 2015

DESPIECE DE UN ELEFANTE PRIMITIVO.



La caza de un elefante, o el hallazgo de un cadáver de proboscídeo, durante el Paleolítico era motivo de alegría, pues su carne permitía disfrutar de un pantacruélico festín a los miembros de varias familias humanas. Los yacimientos de Áridos 1 y 2, en la llanura de inundación del río Jarama (Madrid), presentan excepcionales condiciones de preservación, lo que los convierte en ventanas al pasado del hombre. Se trata de episodios puntuales de la vida de los humanos de hace 400.000 años. En ambos yacimientos se documenta la intervención sobre un elefante muerto por causas naturales para obtener carne con la que alimentarse. Las muescas producidas por herramientas líticas junto a otros de dientes de hiena concretan la competencia por el acceso a los restos del paquidermo.  

domingo, 31 de marzo de 2013

MUSEO DE ÁVILA




El Museo de Ávila nos ofrece un viaje por la historia material de la provincia. Iniciamos nuestro recorrido por el Paleolítico, para llegar hasta la época romana, aunque el museo en cuestión también posee salas de Cultura Tradicional, Edad Media, Edad Moderna y Siglo XIX. 



La Casa de los Deanes es el edificio principal que alberga los fondos del museo, una típica construcción castellana del siglo XVI. 

El Calcolítico en Ávila está bien documentado en poblados de la zona central de la provincia, aunque no se han constatado evidencias de metalurgia. En cambio si se documentan poblados de tradición dolménica. 



Maqueta de un túmulo en la Dehesa Río Fortes. Presenta una cronología  IV - III milenio a.C. Construcción megalítica del Calcolítico a base de grandes lajas. 



El túmulo fue excavado por Soledad Estremera Portela, hallándose  hojas de cuchillo de sílex y numerosas cuentas de collar. El monumento es el lugar de enterramiento de un jefe, al que acompañan una panoplia de instrumentos líticos pulimentados. 



Precisosas cuentas de collar en variscita verde, que muestran una gran pericia en la talla. 



Hachas pulimentadas del mismo yacimiento.


Cuchara cerámica de la Peña del Aguila (Muñogalindo).


Punzones de hueso y "brazal" de arquero, procedentes también de la Peña del Águila.



Piedra de moler. 



Cuenco del Campaniforme.



Vaso Campaniforme hallado en Pajares de Adaja. 



Ajuar campaniforme. 



Industria microlítica.



Freno de caballo de hierro, espada de antenas y falcata, procedentes de la necrópolis del yacimiento de El Raso (Candeleda). 


Cabra cerámica.


Umbo de escudo en hierro.


Enterramiento con ajuar funerario de la necrópolis de El Raso.



El castro de Las Cogotas, enclavado en la localidad abulense de Cardeñosa, ha tenido gran trascendencia en el estudio y conocimiento de un amplio periodo de la prehistoria y protohistoria de la península Ibérica; el Bronce Medio y Final (Cogotas I) y Hierro II (Cogotas II). 


Fíbula de El Caballito.


Verraco.


Los Castillejos, en Sancho Reja, es una Castro de la Sierra de Ávila, con potentes influencias orientalizantes procedentes del sur. El poblado se ocupa avanzado el Bronce Final y se abandona poco a poco durante la Edad del Hierro. 


A partir del siglo III d.C. la población hispano-romana va abandonando las ciudades y se refugia en lujosas villas en el medio rural. 


Agujas y punzones.



El Museo de Ávila cuenta con un anexo, un Almacén Visitable, que se sitúa en la Exiglesia de Santo Tomé el Viejo. La entrada la custodia un verraco.



Mosaico romano de la Villa de Magazos.



Detalle del mosaico.



Verraco de enormes proporciones. ¿Un cerdo de gran tamaño? ¿Tal vez un oso?



Verracos de Las Cogotas y el Fresno. 



Cabeza de toro en la cual podemos intuir la cornamenta.





Verracos de Martiherrero.

jueves, 14 de febrero de 2013

PESCADORES-MARISCADORES EN EL NILO durante las últimas fases de la Edad de Piedra



El río Nilo era, y sigue siendo, el principal ecosistema del noroeste de África y a partir de la última fase del Pleistoceno, el Valle del Nilo constituyó un hábitat favorable para grupos de cazadores-recolectores, que se especializaron en la pesca y recolección de moluscos en sus aguas. 

En el Norte, tierras de Egipto, encontramos una precoz industria laminar con 30.000 años de antigüedad. Mientras que en el Sur, Nubia, persistió aún la técnica de preparación de núcleos. Esta forma de talla fue progresivamante sustituida por una industria laminar y por la fabricación de útiles más pequeños; auténticos microlitos hace 15.000 años. 

La demografía en el Valle del Nilo dependía de la fluctuaciones de su régimen fluvial, que alternaba etapas de fuerte caudal, con épocas de bajo nivel de las aguas.


Hace entre 20.000 y 10.00 años el Valle del Nilo conoció un importante desarrollo cultural. Sus habitantes explotaban un ecosistema relativamente estable, en el que encontraban peces, moluscos y animales acuáticos como hipopótamos, roedores, cocodrilos y tortugas. Además en las selvas en galería adyacentes vivían bóvidos y antílopes, y de las estepas desérticas, llegaban gacelas y musmones. 

A esta etapa se asocian conjuntos líticos diferenciados. Las razones de esta diversificación pueden ser variadas; que el instrumental se corresponda con una actividad concreta, a las diferencias funcionales en relación a la variación en la explotación de los recursos estacionales o a la actividad de diversos grupos étnicos que desarrollan el utillaje lítico de forma peculiar.

Bajo las condiciones climáticas óptimas se vivía con relativa tranquilidad, mientras que cuando se tornaban adversas, los grupos humanos que habitaban las áreas marginales sufrían carestías y dificultades para conseguir alimentos, lo que los empujaría a enfrentamientos hostiles con otros grupos que trataban de defender su territorio en el valle. 

Tanto en Egipto como en Nubia, hace 40.000 años vivían los fabricantes de una forma evolucionada del musteriense, el jormusiense. Estos hombres podían pescar en las aguas del río y también cazaban grandes animales.  Estas industrias fueron sustituidas hace entre 19.000 y 15.000 años por una nueva forma de fabricar útiles, el halfiense, que usaban aún la técnica Levallois. Aparcen también piedras de moler, indicativo de la importancia de los vegetales para la alimentación.


La industria del Wadi Kubbaniya, 21.000 - 19.000 años - aparece asociada a una serie de campamentos asentados en dunas, que dominaban una ensenada formada por las aguas del Nilo durante un período árido. Los habitantes de estos campamentos producían laminillas y explotaban variados recursos, tales como pescado, aves migratorias y grandes mamíferos. La presencia de piedras para moler, nos sugieren la ingesta de gramíneas salvajes. 

Entre hace 12.000 y 10.000 años, las sociedades del Nilo tenían ya una organización territorial, como parece indicar el descubrimiento de dos grandes necrópolis en Nubia (Wendorf, 1968 y Armelagos, 1972), que se corresponden con hábitats ocupadas con regularidad. 

A veces aparecen sepulturas dobles y son frecuentes los microlitos mezclados con los restos óseos. A veces, estos microlitos aparecen clavados en el hueso (en la imagen los lápices señalan las puntas). ¿Pruebas de una muerte violenta?


En las sepulturas de la necrópolis de Yebel Sahaba parece haber indicios de combates colectivos, lo que podría ser uno de los más antiguos testimonios de luchas armadas. Hay que ver en estos enfrentamientos los efectos conjugados del crecimiento de la densidad demográfica, de una explotación más intensiva y diversificada del medio, la aceleración de la desecación del entorno y la competencia resultante de todo ello. 

En definitiva a finales del Pleistoceno, las sociedades del Valle del Nilo, con las debidas matizaciones, presentan las siguientes características:

*  Un modo de vida cada vez más sedentario.

*  Explotación intensiva de los recursos disponibles.

*  Aunque se cazan grandes mamíferos y aves, los grupos humanos se especializan en la pesca y el marisqueo.

*  Importancia del consumo de plantas, especialmente de cereales silvestres, como se desprende del hallazgo de piedras de moler (Tushka en Nubia).

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