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martes, 9 de agosto de 2016

TAKSONY, PRÍNCIPE HÚNGARO.



Caudillo militar y Gran Príncipe de Hungría. Su padre fue Zoltán, hijo a su vez de Arpad, y su madre una hija de Menumoruth, un gobernante local derrotado por su abuelo Arpad. De esta forma, en la persona de Taksony, quedan entrelazados los invasores con las poblaciones autóctonas sometidas.


Avezado guerrero dirigió con éxito una campaña contra Berengario II rey de Italia y también participó en la batalla de Lechfeld. En esta batalla se produce la estrepitosa derrota magiar frente a tropas germanas y la muerte de su líder Falicsi, primo de Taksony. A partir de este momento Taksony se erige en Gran Príncipe. Durante su reinado se fueron asentando en sus territorios varios grupos de pechenegos.

Taksony se casó con una dama cumana, búlgara o pechenega (aquí no hay concenso). Todos los reyes húngaros de la dinastía arpad descienden de este matrimonio a través de Geza y Mihail. Su nieto Esteban fue coronado en el año mil como primer rey de Hungría. Taksony fue el último príncipe magiar pagano, por cuanto que su hijo y sucesor, Geza, además de intensificar la sedentarización de los magiares, inició los acercamientos a la religión cristiana.


jueves, 17 de marzo de 2016

CUMANOS



Los cumanos, un pueblo de raigambre turca, procedentes de las amplias estepas del sur de Siberia, penetraron durante el siglo XI en tierras de Ucrania, Moldavia, Valaquia y Transilvania. En el periodo anterior a las invasiones, los cumanos debieron compartir territorio con otros grupos nómadas como magiares o alanos. Una vez que consiguieron fijar su residencia en estas tierras lanzaron razzias de depredación sobre el Imperio Bizantino, el Reino de Hungría o el Rus de Kiev. Su fuerza de combate estaba basada en los temibles arqueros a caballo.


Pronto se convirtieron en eficientes mercenarios que ponían sus arcos y monturas al servicio de bizantinos y rusos. En ese sentido los bizantinos los utilizaron para lanzarlos contra sus hermanos de raza, los pechenegos. Cumanos y pechenegos fueron aliados o enemigos circunstanciales. Hacia 1091 el rey cumano Ozul, instigado por el emperador bizantino, atacó Hungría, aunque fue fácilmente rechazado por el rey Salomón en la batalla de Cserhalom.


En el año 1223 los mongoles, en su oleada expansiva, aplastaron a un ejército ruso-cumano en la batalla del río Kalka. Prometieron no derramar sangre. Los prisioneros murieron asfixiados. Los cumanos se retiraron a Hungría, y tras un primer intento fallido, el rey Bela IV permitió su asentamiento en territorio magiar, para juntos resistir los ataques mongoles. Para reforzar los lazos de amistad, el hijo de Bela IV, futuro Esteban V, contrajo matrimonio con la hija de un príncipe cumano, Isabel la Cumana (madre del rey Ladislao IV).


En Hungría, los cumanos, al igual que los pechenegos o szekley, poblaciones aliadas de los magiares, desempeñaron una función de vital importancia; la vigilancia y defensa de las fronteras. Con el tiempo los cumanos se fueron fusionando con las poblaciones de Hungría, de Valaquia y de Transilvania.


El lobo, vecino y rival en las áridas estepas, era el animal simbólico de los cumanos. El chamán dirigía la vida religiosa de la sociedad cumana y según sus creencias, el origen del pueblo era un gran árbol. Conforme fueron avanzando hacia occidente algunos cumanos abrazaron el cristianismo. Los conversos tuvieron más fácil su fusión con los habitantes de Hungría y Rumanía.


miércoles, 9 de marzo de 2016

TATIKIOS



Un imperio territorial ha necesitado históricamente a hombres capaces que lo defendieran de las apetencias surgidas del bajo vientre de propios y extraños. Tatikios, un hombre con la nariz mutilada y una prótesis de oro, cumplió con esa función para un decadente (y prácticamente insalvable) Imperio Bizantino.

Este Tatikios era el hijo de un esclavo (posiblemente turco) que sirvió a Juan Comneno, se crió en la corte y creció junto al futuro emperador Alejo I. Su carrera militar y servicio al estado comenzó en 1081 cuando participó en la batalla de Dirraquio, donde los bizantinos fueron derrotados por los normandos de Roberto Guiscardo. En los años siguientes combatió a los selyúcidas, a los pechenegos, a los cumanos, al tiempo que se convertía en protector y guardaespaldas del emperador.

A finales del siglo XII los cruzados se desparraman por Tierra Santa y Tatikios recibe el encargo de convertirse en su guía, y de esta manera tenerlos vigilados muy de cerca. El comandante bizantino acompañó a la expedición de Bohemundo de Tarento (enemistado visceralmente con Alejo) y cómo su misión era preservar los intereses de Bizancio, pronto se ganó el desprecio de los caballeros occidentales que veían en él a un traidor y un cobarde. Esta opinión difiere totalmente de la imagen que nos legan los historiadores bizantinos, con Ana Comneno a la cabeza, que se refiere a él como un luchador valiente, un orador inteligente y un hombre muy capaz.



jueves, 19 de noviembre de 2015

SALOMÓN DE HUNGRÍA.



Salomón, hijo de Andrés I y Anastasia de Kiev, fue rey de Hungría el tiempo que pudo. Mejor dicho, fue rey cuando lo dejaron. Cuando murió su padre fue apartado del trono por su tío Bela I y buscó refugio en la corte de su cuñado, estaba casado con Judith de Baviera, el emperador Enrique IV. Allí en Alemania esperó Salomón el momento de regresar y reclamar su trono. La oportunidad llegó con otra muerte, la de Bela I. 

En 1063 fue coronado en Szekesfehervar , gracias a la ayuda de Enrique IV (y su ejército) que le presentó al pueblo húngaro, y que consiguió un acuerdo con su primo Geza, el hijo de Bela I. Geza reconocía rey a Salomón y a cambio recibia la tercera parte del territorio del reino, convirtiéndose en el segundo hombre más poderoso de Hungría. La ayuda de Enrique IV no era gratuita, pues pretendía extender su influencia sobre el reino magiar. 


Tras este acto de fraternidad Salomón contó con el apoyo de Geza y de su hermano Ladislado, con los que combatió a los extranjeros, en especial a los cumanos y a los pechenegos. Enfrentado también al Imperio Bizantino, Salomón tomó Belgrado, y posteriormente Nis. Tras la conquista surgieron serias desavenencias entre el rey y sus primos por el reparto del botín. No sabemos si Geza tenía preparada la pataleta, pero el caso es que aprovechó la coyuntura para romper sus relaciones amistosas y pugnar abiertamente por el trono húngaro. En 1074 Ladislao y Geza vencieron en la batalla de Mogyorod, Geza se proclamó rey, y Salomón volvió al exilio otra vez, llevándose con él la Santa Corona. 

Durante el reinado de Geza, Salomón contó nuevamente con el apoyo de su cuñado Enrique IV, al que prometió entregar el reino en vasallaje si le ayudaba a recuperarlo. Vencido al primer intento, el emperador decide retirarse de Hungría. Cuando murió Geza, fue sucedido por su hermano Ladislao. Se acababan las oportunidades para Salomón, que fue perdiendo también la confianza del emperador, aunque siempre estuvo presto a incordiar a su primo, confabulando con cualquiera que pudiese ofrecerle hombres armados, como fue el caso de los cumanos. Derrotados también por Ladislao I

La historia de Salomón tiene un final hasta cierto punto poético. Se le recuerda en los campamentos de los pechenegos combatiendo con ardor al Imperio Bizantino, y viviendo sus últimos trece años vagando como un eremita y durmiendo en el interior de una cueva.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

MAGIARES MERCENARIOS DE BIZANCIO.



Antes de asentarse como un estado estable, los magiares, al igual que hicieron anteriormente los godos, por poner un ejemplo, fueron utilizados como fuerza de choque por un estado más desarrollado y organizado. En este caso el Imperio Bizantino.

En el 894 el emperador de Bizancio León VI el Sabio, encontró en el poderoso Simeón I de Bulgaria, un rival muy duro. Con la idea de combatirle hasta el agotamiento, se atrajo el favor de los magiares y los lanzó contra Bulgaria. Esta fue la primera aparición de los magiares en el escenario de los conflictos políticos europeos.

Simeón, auténtico hombre de estado y gran estratega, pactó (o sobornó) a su vez con los pechenegos, y tras varias victorias de los magiares, consiguió que los pechenegos guerreasen con ellos y los derrotasen. Este varapalo obligó a los futuros húngaros desplazarse más hacia el Norte, a la Cuenca del Danubio, que acabaría convirtiéndose en su tierra prometida.


“Después de que Simeón de nuevo hizo las paces con el emperador de los romanos [bizantinos], se sintió con valentía, mandó buscar a los pechenegos y llegó a un acuerdo con ellos, para que derrotaran y aniquilaran a los turcos [húngaros]. Y cuando los turcos fueron a una campaña, los pechenegos con Simeón atacaron a los turcos, exterminaron a sus familias por completo y desalojaron cruelmente a los turcos que fueron dejados atrás para cuidar sus tierras. Los turcos, después de haber regresado y encontrado su tierra tan desierta y devastada, se establecieron en la tierra donde hoy también viven […]” (Constantino Porfirogéneta: Del gobierno del Imperio, alrededor de 952).
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