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domingo, 5 de marzo de 2023

LAS CIUDADES LABERINTO.

 


Durante mucho tiempo los hombres vivieron en laberintos: lo eran las ciudadelas medievales, la casbah de los árabes, las medinas y zocos, los cubos y planos inclinados del urbanismo babilónico, los bazares del Medio Oriente, el entorno de los ríos sagrados en la India, Angkor, las megalópolis de Catay (con sus ciudades prohibidas dentro de cada enclave) y los barrios de luces rojas japoneses. Fez, Katmandú, Venecia, Benarés, Shinjuku, el Pallonetto de Nápoles, la vieja Delhi, el puerto de Barcelona, Estambul y —la duda ofende — Compostela son ejemplos actuales y prototípicos de esta moda arquitectónica. Los constructores cristianos levantaron muchos dédalos en miniatura, porque recorrerlos equivalía a visitar Tierra Santa (da que pensar esta indulgencia).
Gárgoris y Habidis.
Fernando Sánchez Dragó.

lunes, 7 de enero de 2019

LA POBLACIÓN EUROPEA EN EL SIGLO XVIII.




A lo largo del siglo XVIII (y en especial durante la segunda mitad) la población europea experimentó un rápido crecimiento demográfico, pasando aproximadamente de 115 a 190 millones de habitantes (un aumento del 65%). Este cambio de tendencia fue debido al descenso de la mortalidad a causa de la menor virulencia de las epidemias, la mejora de la dieta y la menor incidencia de la guerra sobre la población civil.

No obstante, este crecimiento de la población no fue uniforme. Mientras en Reino Unido, Prusia y Rusia el crecimiento fue muy alto, en Francia, España y la península Ibérica fue más modesto. En otras áreas, como las Provincias Unidas, se produjo un estancamiento.

Durante esta centuria el 90% de la población seguía viviendo en el campo, aunque la población urbana aumentó mucho su tamaño. Las principales ciudades europeas eran Londres (que alcanzó la cifra de 800.000 habitantes) y París (con 600.000), las dos metrópolis más destacadas de Europa Occidental. Otras urbes importantes eran Moscú, Nápoles, Viena, Madrid, Lisboa, Milán y Roma, que contaban con poblaciones entre 100.000 y 500.000 habitantes.

En el siglo XVIII se produjeron grandes oleadas migratorias. El flujo de emigrantes europeos hacia los imperios coloniales fue constante. Además de América y Asia, nuevos territorios comenzaron a incorporarse a este flujo, como Australia que comenzó a poblarse a finales del siglo XVIII con presos de las cárceles británicas. El tráfico de esclavos se intensificó y supuso el desplazamiento forzado de millones de africanos hacia el continente americano.


domingo, 17 de abril de 2016

STAROMESTKA NAMÉSTI.



Y caminando por Europa llegamos a la Plaza Vieja de Praga, núcleo histórico (y turístico) de la capital de Bohemia, coloridas fachadas y oscuras torres, rodean esta plaza. Espacio abierto de reunión y comercio, de ocio y manifestación presente en cualquier ciudad de la Vieja Europa.

martes, 9 de septiembre de 2014

MARKTGASSE DE BERNA



En el siglo XIII Berna era una próspera ciudad comercial y artesanal, y era tal su crecimiento que se procedió a la expansión del casco urbano hacia el oeste. En esta época es cuando se traza la Marktgasse una de las principales vías de la capital de Suiza. 


La calle se extiende desde la Käfigturm (torre de la cárcel), que fue la puerta occidental de la ciudad durante los siglos XIII y XIV, hasta la famosa Zytgloggeturm (torre del reloj) que había sido la puerta original de la ciudad hasta la expansión de la misma. Al igual que en la Kramgasse lo más destacado son los soportales, donde se situaban las tiendas, talleres gremiales y las viviendas de la poderosa burguesía urbana.  

viernes, 12 de julio de 2013

BAELO CLAUDIA.



Si existe un lugar idóneo para conocer una ciudad romana en el ámbito sur de nuestra Península Ibérica, ese es, sin ningún género de dudas, Baelo Claudia. Ubicada en un paraje idílico, en el Estrecho de Gibraltar, junto a la playa de Bolonia, rodeada de sierras (Loma de San Bartolomé, Sierra de la Plata y Sierra de la Higuera) y justo enfrente del continente africano. 

El contacto con el norte de África, a través del puerto de Tingis, fue continuo a lo largo de toda la existencia de la ciudad. 


Las ruinas romanas se funden con un paradisíaco entorno. Al fondo la enorme duna de Bolonia. 

"[...] y a continuación el río y la ciudad de Belón. De allí es de donde parten generalmente las travesías hacia Tingis de Maurusia, y es puerto comercial y saladero"
Estrabón III, 8, 1. 


Desde el origen del asentamiento, allá por el siglo II a.C., la población estuvo ligada a la pesca de atunes, que periódicamente abandonan las frías aguas del Atlántico para desovar en las más cálidas aguas del mar Mediterráneo. La salazón de pescado, y la salsa garum, producto estrella de la zona, dieron fama a Baelo Claudia en todo el imperio.


Muralla exterior. 

Su máximo esplendor, económico y constructivo, comenzó en el siglo I d.C., cuando el emperador Claudio le concede el rango de municipio romano y le lega su apellido. La mayor parte de los edificios que hoy día podemos contemplar pertenecen a este siglo. 

"[...] la costa Curense, con el recodo de su bahía enfrente de la cual está Gades; el cabo de Juno, el puerto de Besipo, la población de Belo, Melaria, el estrecho del Atlántico, Carteya, llamada Tartessos por los griegos, y el monte Calpe"
Plinio "el Viejo" III, 3.


El suministro de agua es fundamental e imprescindible para cualquier asentamiento humano. Los eficaces ingenieros romanos solucionaron este problema con el diseño y construcción de acueductos. Baelo contaba con tres acueductos, este es el Acueducto de Punta Paloma, que traía agua a la ciudad desde la punta de igual nombre. 

Las ciudades romanas seguían todas un mismo patrón de calles rectilíneas, formando una perfecta cuadrícula, llamado trazado hipodámico, que se organizan a partir de dos calles principales y perpendiculares, Cardo y Decumano, que se funden en el corazón de la urbe, lugar donde se establece el foro. Más o menos la plaza mayor de nuestros actuales pueblos y ciudades. 


Puertas de la Ciudad, el Edil sale a recibirnos.

Baelo Claudia adapta su urbanismo a la topografía del terreno por medio de terrazas y calles conectadas por medio de rampas y escalinatas.


Decumanus Máximus, uno de los dos ejes principales, con orientación este - oeste. 

La zona baja de la ciudad, la más cercana a la playa, concentraba las actividades artesanales y portuarias, mientra que la parte media, fue la zona comercial, social y política, así como lúdica. La parte más alta, bien pudo acoger los barrios residenciales. 


Plano del Foro de la ciudad de Baelo, el centro vital de la vida urbana; plaza enlosada (1), templos de la Tríada Capitolina (2), Templo de Isis (3), Curia o Senado Local (4), Tabularium (5), Templo al culto Imperial (6), Basílica (7) y tabernas y tiendas (8). 

El garum y las salazones fueron los principales productos elaborados en Baelo. Las factorías romanas se ubican en la costa sur de la península, muy cerca de la ruta que describen los atunes, que pescaban, entre  Mayo y Septiembre utilizando técnicas como la tradicional almadraba.



Al pescado se le cortaba la cabeza, las aletas y todas las vísceras, se troceaba en grandes filetes, que se iban introduciendo en estas grandes piletas. Se golpeaba para que la sal se impregnara bien, y se iban componiendo capas de sal y pescado, hasta llenar la pileta. Luego se tapaban con grandes losas y se dejaba en salazón varias semanas. Para su envasado y transporte se utilizaban ánforas.

A pesar de las salazones - nuestra exquisita mojama - el producto estrella era el garum, una especie de salsa que se elaboraba con las cabezas, las vísceras y demás productos sobrantes del pescado, que se introducían en salumeras y se exponían al sol dos o tres meses. Para suavizas su sabor, o tal vez personalizarlo, se le añadía vinagre, vino, miel, aceite o agua. 


En el foro se desarrollaba toda la vida administrativa, política y religiosa de la ciudad. Un continuo ir y venir de personas, hacia el mercado, la basílica, los templos o a encontrarse con los conocidos. El romano vivía en la calle, al igual que sigue sucediendo en la actualidad en todos los países ribereños del Mare Nostrum. 


. . . cuantos pies habrán tatuado su huella aquí . . . 


La Basílica, construida en el siglo I d.C. era la sede de la administración de justicia y unos de los principales edificios, no sólo del foro, sino de toda la ciudad. 


Una colosal estatua del Emperador Trajano presidía el espacio de la Basílica. La original se encuentra en el Museo de Cádiz. 


El Macellum - Mercado - de Baelo abre su fachada hacia el Decumanus Máximus, siendo edificado a finales del siglo I d.C. o tal vez, a principios de la centuria siguiente. Este mercado aglutina diez tiendas alrededor de un patio alargado que tiende a ser octogonal. 



El mercado desde el Decumanus.


Una de las tiendas del mercado.


Piedra ostionera que conocemos desde nuestra niñez por las tierras gaditanas. 


¿Y qué seria de una ciudad romana sin sus termas? Un lugar dónde ejercitar un poco el físico, reparar el físico mediante las técnicas de combinar agua fría y agua caliente (salud per aqua), hacer negocios o pasar un rato con los amigos. 


Palestra, la zona donde ejercitar el cuerpo.


Al norte del foro se encuentran los templos dedicados a la Triada Capitolina, Juno, Júpiter y Minerva. 


En la actualidad únicamente se conserva el basamento y desde sus escaleras podemos apreciar el foro en toda su magnitud. 


Reconstrucción de los templos.


En la parte alta de la ciudad se sitúa el teatro, otro lugar para el ocio y el divertimento. El edificio aprovecha el desnivel del terreno para asentar - nunca mejor dicho - el graderío. 


Una de las bóvedas del teatro.


Crepúsculo atlántico.


Templo de Isis. Las legiones romanas conquistaron Egipto, mas la milenaria religión del País del Nilo conquistó Roma, y de una sutil manera Isis fue ganando adeptos y popularidad entre los ciudadanos del Imperio.

El culto a esta diosa implicaba una serie de rituales secretos, de ahí que hablemos de religiones mistéricas, que únicamente unos pocos elegidos conocían. Revelar estos misterios podía tener terribles consecuencias para la voz incauta que los relatase. 

Baelo, como genuina ciudad romana que era, también rendían honores a la diosa egipcia y para llevar a cabo las ceremonias, contaba con su propio templo, situado cerca, aunque a distancia prudencial, de los dedicados a las deidades supremas, la Triada Capitolina. 


El néofito debía pasar una serie de rituales de iniciación, uno de los cuales llamado incubatio, constistía en pasar una noche dentro del templo en soledad. Durante la incubatio el neófito entraría en contacto con Isis, y decidiría entrar a su servicio y abrazar sus secretos y su magia. 



...arena, sal, atunes, ánforas, comerciantes, mar, ostionera, balbos, garum, bailarinas, viento, mojana, crepúsculo . . . cuando Cádiz conquistó Roma...





. . . una ciudad que no murió, sigue viviendo en el viento, sigue latiendo en la piedra, sigue comerciando con la sal del mar, te atrapa cuando llegas y te embruja durante el ocaso . . . ¿qué irremediable hechizo lanzan las ruinas para que tu espíritu quede atrapada en ellas?. . .




lunes, 8 de abril de 2013

ROMA, UNA CIUDAD BULLICIOSA.



La contaminación acústica, una de las lacras que padecemos los habitantes de ciudades, es tan antigua, como la propia ciudad. En el siguiente texto, el hispano Marcial se queja de los mismos molestos ruidos que cualquier urbanita del siglo XXI.

"No te dejan vivir; de noche los panaderos; por las mañanas los maestros de escuela, y a todas horas los caldereros que golpean con sus martillos; aquí es el banquero que, no teniendo otra cosa que hacer, revuelve sus monedas en sus sórdidas mesas; allí un dorador que da con el bastoncito en una piedra reluciente. Sin interrupción los sacerdotes de Belona, poseídos de la diosa, lanzan gritos furibundos; no acaban nunca: el náufrago con un trozo de madera colgada al cuello de repetir continuamente su historia, el pequeño hebreo, amaestrado por su madre, de pedir limosna lloriqueando, el vendedor legañoso de ofrecerte las pajuelas para que se las compres y cuando las mujeres con sus sortilegios de amor hacen que se oscurezca la luna, todo el mundo halla a mano algún objeto de cobre que aporrear, hasta que se desvanece el hechizo".
Marcial. XII, 57
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