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miércoles, 20 de febrero de 2019

CAMINO DE LE PUY.




Gotescalco, obispo de Le Puy, y primer peregrino internacional conocido que visitó Compostela, inauguró esta vía, que cruza el Bearn, atravesando bellas ciudades como Le Puy en Velay, Conqués y Moissac. Era (y es) la ruta seguida por alemanes y borgoñones, y por todos aquellos que echan a andar en Europa Central: Berna, Munich, Viena o Budapest. Un vez conocí en el descenso de Riego de Ambrós a un francés que venía caminando desde Budapest. Nos cruzamos con él a mediados de agosto, y nos comentó que llevaba desde abril en la brecha.

Asimismo, por los borgoñones y teutones que van a Santiago por el camino del Puy se ha de visitar el santísimo cuerpo de Santa Fe. (Códice Calixtino).

sábado, 6 de octubre de 2018

GIRONA, ROMANA, CAROLINGIA Y CATALANA.




Soleado día que nos ha traído a Girona, más francesa que española, pero sobretodo catalana. La ciudad medieval arremolinada alrededor del río, con la catedral como centro neurálgico. Catedral fortaleza, río y muralla protegen a los burgueses y populacho urbano. 


Romana, carolingia y catalana. Luchó contra las tropas napoleónicas para mantener su independencia, a tenor de las esteladas que cuelgan de ventanas y balcones, los gerundenses volverán a pelear por esa autodeterminación. 


Parte determinante de la historia de Cataluña comenzó a escribirse aquí: la Emporión griega, la Gerunda romana (difícil localizar en la ciudad actual) y la Marca Hispánica carolingia. 


Como la corona de una reina, la catedral se alza majestuosa, sentada en su trono. Visible desde cualquier punto de la ciudad vieja, de la orilla del río. 



Donde confluyen los ríos Ter y Onyar se alza la vieja Gerunda. En el siglo I a.C. Los ingenieros romanos (apoyados por los legionarios que aportan la imprescindible mano de obra) levantaron una poderosa fortaleza, una especie de acrópolis, la Força Vella, protegida por recios muros construidos a base de sillares. Este fue el primer recinto de la ciudad, que permaneció prácticamente inalterado hasta el año 1000.


En el lugar donde tenían sus poblados algunos grupos de la tribu íbera de los indigetes, construyó el general Pompeyo, en el contexto de la guerra contra Sertorio, una fortificación que acabaría llamándose Gerunda. Con el tiempo esta Gerunda se convirtió en un baluarte-atalaya que controlaba, y defendía, la entrada de la Vía Augusta en Hispania. A pesar de su situación en el interior, Gerunda estaba bien comunicada con el activo puerto de Emporión. 


Debido a su función estrictamente militar, instalada sobre la transitada Vía Augusta, el plano de Gerunda no respondía al típico trazado hipodámico. Aunque no se ha podido documentar la existencia del decumanus máximus, el cardo de superponía al trazado de la Vía Augusta y el foro estaba ubicado en la plaza de la Catedral. 


La Gerunda romana – como el viejo casco medieval – se organizaba sobre terrazas fluviales, una circunstancia que obligó a transformar las calles en escaleras. En el ager se construyeron villas dedicadas a la explotación agropecuaria, cereales, olivares, viñas, ovejas, vacas y cabras, y una serie de explotaciones alfareras.


Los inicios del cristianismo en la ciudad se vinculan con la figura de San Felix, martirizado en el siglo IV durante las crueles persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano. 


Los visigodos pasaron por aquí con más pena que gloria, y en el 715 la ciudad se entregó, casi sin oponer resistencia, a los conquistadores musulmanes. Tampoco tuvo gran importancia la presencia musulmana en Gerona, por tanto en cuanto, en el 785 la élite local entregó la ciudad al entonces rey franco Carlomagno. 


La relación de Carlomagno con la ciudad tiene que ver más con la leyenda que con la historia. Al parecer el emperador nunca visitó la ciudad. Gerona desempeñó un papel fundamental en la Marca Hispánica hasta que la conquista de Barcelona le hizo perder esta preeminencia como vanguardia carolingia en la Península Ibérica.


Las murallas carolingias reforzaron el cerco romano y aumentaron la capacidad defensiva de la urbe. En el seno de la Marca Hispánica Gerona se convirtió en la sede del Condado de Gerona, que en principio dependía del emperador.


La catedral, con una solitaria torre en su fachada, sobresale del entramado urbano y por encima de ella se extiende la muralla. Una ciudad pequeña, pero ciudad al fin y al cabo, tiendas multinacionales, coches y ruido por doquier. Prefiero alejarme de este insano bullicio. Arcadas como las de Berna, muralla como la de Luxemburgo y verde como Ljubliana, la maravillosa capital de Eslovenia. 


En la rambla de la Llibertat bajo las arcadas abrían sus puertas los talleres gremiales de la ciudad. 



El Call es el barrió judío de la ciudad, una población dinámica que contribuyó al desarrollo de Gerona en la Edad Media. En dicha comunidad tuvo un papel destacado la escuela cabalística cuyo máximo exponente fue el rabino Nahmánides o Bonastruc ça Porta. En la actualidad es una de las juderías medievales mejor conservadas de toda Europa.


Callejuelas, soportales y recovecos que salen de cualquier lado y te conducen a remotos rincones escondidos. 


Durante la Edad Moderna la ciudad continuó su crecimiento y a comienzos del siglo XIX protagonizó una enconada defensa frente a las tropas de Napoleón.



La muralla protege la Universidad y el convento de Sant Doménec. 


Delicioso paseo por toda la muralla, una forma única de contemplar la ciudad desde diferentes perspectivas. 



Los viejos edificios de Gerona parecen surgir del bosque, mientras las lejanas montañas recortan el horizonte. En urbes como esta se siente la nación catalana: una lengua, una bandera y una forma de vivir la vida (más cercana a Europa que a la Meseta. Y no hablemos del sur). 


Nunca aparece en las listas de las ciudades más hermosas de España, y aunque es un tanto injusto, quizá le benefició, menos turismo, más tranquilidad. Su casco histórico es una pequeña maravilla de la arquitectura medieval. Una preciosidad. El río y la muralla, perfectamente adaptada a las irregularidades del terreno, son los elementos defensivos más destacados. 




sábado, 6 de febrero de 2016

LOS GREMIOS DE BERNA.



Gran parte de la riqueza secular de Berna, la capital de Suiza, procedía de los dinámicos gremios que desde la Plena Edad Media se fueron desarrollando en la ciudad. En la actualidad es un auténtico placer para los sentidos, pasear por sus calles y detenerse a cada pocos pasos a observar, ensimismado, los símbolos, que toman distintas formas, de esos antiguos gremios.
















miércoles, 27 de mayo de 2015

ANTIGUA CONFEDERACIÓN SUIZA.



Suiza es, teniendo en cuenta su organización política y administrativa, uno de los estados más originales de la Vieja Europa, hay incluso quien afirma, sin rubor, que es el estado más extraordinario del continente. El origen de su característica estructura cantonal hay que buscarlo en la Edad Media, en la Antigua Confederación, cuando poblaciones rurales de campesinos y centros urbanos sedes de artesanos y comerciantes, decidieron romper los mecanismos feudales clásicos que les hacían depender de poderosos linajes aristocráticos y crear una forma diferente de organizar su sociedad, su economía y su política. Su aparición entre los siglos XIV y XV fue una auténtica sorpresa e innovación política para la época.

En el territorio de lo que hoy es Suiza, en el corazón de la cordillera más elevada de Europa, los Alpes, se sucedieron cazadores recolectores del Paleolítico, trabajadores del metal del Neolítico, diversas tribus celtas como retios y helvecios, invasores germanos como cimbrios y teutones, todos ellos sometidos por el fuerte brazo de Roma, el reino altomedieval de los burgundios y los señores carolingios. Y desde el 1037 el territorio de la Suiza moderna se hallaba en el interior de los límites del Imperio. Parecía que el destino de esta tierra y de sus gentes, iba a depender de las energías e intereses de unas pocas familias aristocráticas.

Durante el siglo XII, época del renacer urbano, el número de ciudades suizas pasó de 16 a 80, de tal manera que la vida económica del país se desarrolló a un ritmo vertiginoso, especialmente gracias a las rutas entre el Rin y el Norte de Italia a través del paso de San Gotardo, que abrieron el acceso a la Suiza central por vez primera en la Historia.

Hacia mediados del siglo XIII el rey Rodolfo I de los Habsburgo, extendió sus dominios por la Meseta Suiza, al mismo tiempo que se iba imponiendo a marchamartillo el régimen feudal, pero sus ambiciones imperiales le distrajeron de los asuntos suizos. Un hecho que los suizos se apresuraron en aprovechar.

Las comunidades de los bosques, que se querían libres e independientes, Waldstatten , fueron las primeras en agruparse, dando lugar, con el tiempo, a la Antigua Confederación, una férrea alianza concretada por las poblaciones que habitaban los valles centrales de la cordillera alpina. De la misma manera que en el siglo XX, los maltrechos estados europeos destrozados durante la Segunda Guerra Mundial, estas comunidades de los bosques aunaron una serie de intereses comunes, como el libre comercio y el asegurar la paz, la seguridad y la viabilidad de las principales rutas mercantiles que atravesaban las montañas.


En el año 1291, pocos meses después de la muerte de Rodolfo I, las comunidades suizas quisieron dar oficialidad a su unión, como cuando contraen matrimonio dos personas que llevan veinte años compartiendo sus vidas, y firmaron la Carta o Pacto Federal (Bundsbrief). Este documento que suscribieron las comunidades rurales de Uri, Schwyz (de donde procede el nombre de Suiza) y Unterwalden, está considerado el acta fundacional de la Ewiger Bund, la Liga Eterna. Estos primitivos cantones, cuyo objetivo más inmediato era sacudirse las injerencias extranjeras y oponerse a los soberanos austríacos, estaban compuestos por campesinos, siervos y ciudadanos, tanto nobles como burgueses, y con la firma de este tratado se juraron fidelidad y socorro mutuo.


Para consolidar su posición buscaron el apoyo de los rivales de los Habsburgo, como Adolfo de Nassau o Enrique VII de Luxemburgo, que no tardan en reconocer a la Confederación.

En 1353 a los tres cantones originales (y fundacionales) se habían sumado otros dos cantones, Glaris y Zug, y las ciudades estado de Lucerna , Zurich y Berna (que siguen estando entre las más destacadas e importantes del país), y todos juntos dieron vida a la Antigua Confederación, compuesta ahora por ocho estados, que con el tiempo fue incrementando sus miembros y que pudo existir hasta los convulsos años revolucionarios de finales del siglo XVIII.


Lucerna, Berna y Zurich se fueron uniendo a la confederación por diferentes intereses, aunque algunas de estas ciudades no habían roto su relación con los Habsburgo. En un momento de debilidad de la dinastía imperial, Lucerna intentó apoderarse de ciertas tierras de los Habsburgo, y Leopoldo III reaccionó armando un ejército dipuesto a someter a los levantiscos suizos. El choque entre ambos ejércitos tuvo lugar en 1386 en la batalla de Sempach , donde los helvéticos volvieron a demostrar sus habilidades como combatientes. El propio Leopoldo III murió en batalla.


Para el siglo XV la pujante confederación controlaba gran parte de los territorios al sur y al oeste del Rin, hasta los Alpes, en 1476 derrotaron a Carlos el Temerario en la batalla de Morat y en 1499 la victoria suiza sobre la Liga Suaba y la Casa de Habsburgo en la celebrada batalla de Dornach , dio como resultado la independencia de facto del Sacro Imperio.

Con esta victoria la Confederación reafirmó su reputación de invencible, pero no siempre se puede ganar, y en 1515 la expansión suiza fue frenada en seco, tras sufrir una derrota en la batalla de Marignano. Tras la batalla suizos y franceses firmaron una paz perpetua, (lejano origen de la neutralidad suiza), que marcaba además el final de la expansión de los confederados, que prácticamente no volvieron a participar en ninguna guerra continental. Solo como mercenarios.


Sin embargo la Confederación carecía de instituciones comunes, aunque se había adquirido la conciencia de remediar este defecto durante las siguientes centurias. A veces los intereses de las ciudades entraban en conflicto con los valles, de ahí que en el fondo no existieran motivos para perseguir un gran objetivo político. Y esto último quizá salvó a Europa de ser dominada por Suiza. La fama de gente pacífica de la que gozan los suizos en la actualidad, nada tiene que ver con la imagen de los montañeses helvéticos del siglo XV, prácticamente imbatibles en el campo de batalla. El carácter local de su gobierno cantonal, sin excesivos intereses imperialistas, ancló sus ambiciones dentro de unos límites geográficos determinados.




martes, 2 de diciembre de 2014

RYFFLIBRUNNEN.



Homenaje a los eficientes ballesteros de la ciudad de Berna, arma fundamental de los ejércitos de la Confederación suiza, obra del escultor Hans Gieng. Un capitán de ballesteros, que más bien recuerda a un bufón, con espada y ballesta, y a sus pies un pequeño oso, símbolo de Berna, que carga un fusil de chispa.  

NYDEGGKIRCHE



Construida entre 1341 y 1346 es la segunda iglesia más antigua de Berna. Fue edificada sobre los restos del antiguo castillo en el burgo de Nydegg sobre el río Aare. A finales del siglo XV se la añadió la torre.  


GERECHTIGKEITSGASSE - CALLE DE LA JUSTICIA EN BERNA.



Prolongación de la Kramgasse, la Gerechtigkeitsgasse, la Calle de la Justicia, une el precioso centro histórico, el Altstadt, con el no menos histórico barrio de Nyddeg a orillas del Aare. Algunos de los soportales y edificios más antiguos de la ciudad se ubican en esta calle, muchos de ellos construidos por los gremios, cuyos símbolos siguen ornamentando sus fachadas. La fuente de la justicia preside la rúa. 


Un grifo dorado en el gremio de los tejedores. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

NYDEGG BURG DE BERNA,



El barrio medieval de Nydegg surgió en la ciudad de Berna alrededor de una castillo situado cerca de las aguas del río Aare. Hacia el año 1268 el castillo Nydegg fue derruido y la ciudad se expandió hacia la zona que anteriormente ocupaba la fortaleza.


Berna desciende bruscamente hacia las aguas del río Aare, que son salvadas en el extremo del espolón por el Nydeggbrucke. Cerca del puente se erige la iglesia de Nydeg con el barrio de Matte a su alrededor. Un barrio que conformaba el antiguo burgo medieval donde residían y trabajaban los artesanos, que junto a los comerciantes y patricios engrandecieron esta pequeña joya urbana. Curtidores de pieles, ceramistas, molinos de harina y aserraderos, todas actividades que necesitaban del agua, se arremolinaban en torno al río Aare.


Una larguísima pasarela de madera conduce a uno de los barrios más antiguos de Berna y te acerca a algunos de los fascinantes rincones de esta ciudad. 



La iglesia de Nydegg fue construida sobre las ruinas de la fortificación entre 1341 y 1346. Erigir una iglesia era una manera de decirle al Emperador; únicamente el poder de Dios está por encima de nosotros. 
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