miércoles, 1 de abril de 2026

NOSTALGIA AZZURRA

 


Zenica fue la tumba para Italia. Ya no hablamos de mala suerte, planificación errónea, generación agotada o fin de ciclo. Desde 2006 y con la excepción de la sorprendente, y balsámica, victoria en la Euro ‘21, el fútbol italiano se ha instalado en la más completa mediocridad, al tiempo, que la mayoría de los países europeos han ido creciendo a nivel futbolístico. Cuando era niño pasaba horas leyendo y releyendo una vieja enciclopedia de fútbol que hablaba de la Uruguay campeona del mundo en Maracaná y de los magiares mágicos húngaros con Puskas a la cabeza. En aquellos momentos Uruguay estaba lejos de poder ganar un mundial y Hungría, el otrora campeón sin corona, no pasaba de ser un equipo de segunda fila. Imagino a los niños de hoy día que empiezan a interesare por el fútbol, verán al fútbol italiano como yo veía a las viejas glorias del pasado. 

    Del mundial España ‘82 apenas tengo recuerdos, pero una imagen se quedó grabada en mi retina, la mítica celebración de Marco Tardelli, la pasión y la alegría desbordada y contagiosa. Crecí, futbolísticamente hablando, con el Milan de Arrigo Sacchi, la Sampdoria de Vujadín Boskov, el Inter de Lothar Mattahus, la Juventus de Trappatoni y el Parma de Nevio Scala, maduré junto a Cappello y Lippi, con las diabluras de Baggio, Zola y Del Piero, la magia de Pirlo, la elegancia de Maldini y el pundonor de Conte y Gattuso, pero se retiró Maldini, se retiró Del Piero, se retiró Pirlo, y no hubo sustitutos.  En las dos últimas décadas el fútbol italiano, el legendario Giuco di Calcio está sumido en una profunda depresión que hoy por hoy no tiene solución. Recuerdo estadios calientes como Marassi o San Paolo, jugadores de raza como Torricelli, Ferrara, Materrazzi o Benarrivo, tripletas de extranjeros legendarias como Gullit, Van Basten y Rijkaard en el Milan, Mathaus, Klinsman y Brehme en el Inter o Skuravy, Aguilera y Branco en la Genoa, recuerdo pasión y títulos, recuerdo cuando en el sorteo de la UEFA, la Copa de Europa o la Recopa te tocaba viajar a Italia, todos se echaban a temblar. Hoy todo ha cambiado, los clubes italianos se arrastran por Europa y la mítica Squadra Azzurra sufre una terrible crisis de identidad. ¿Qué ha pasado en Italia?. En Italia han renunciado a su esencia, a los valores que le hicieron dominar el fútbol europeo a nivel de clubes. Se ha abandonado la cantera, se apuesta antes por un jugador de Georgia, Letonia o Egipto (con perdón) antes que por uno nacido en la península italiana, y con ello han matado un estilo, que con sus pros y sus contras, ha dado cuatro Mundiales, una Eurocopa, doce Copas de Europa, nueve Copas de la UEFA, siete Recopas, nueve Supercopas y nueve Intercontinentales. Entre el mundial de España, 1982, y el de Alemania 2006, los dos últimos títulos mundiales de la Squadra Azzurra, los equipos italianos dominaron (en gran medida) el escenario del fútbol de clubes europeos, seis Copas de Europa, ocho UEFAS y cuatro Recopas, con el añadido que estos títulos se lo reparten entre siete equipos (Milan, Inter, Juve, Sampdoria, Parma, Lazio y Nápoles).

    Tanto en 1982, como en 2006 la selección italiana llegaba a la cita mundialista después de sendos escándalos – el Totonero y el Calciopoli – con sanciones y descensos administrativos, y en ambos la Selección se alzaba con el título. El plantel que alzó la copa del mundo en el Santiago Bernabeú estaba formado por jugadores consagrados, como Gentile, Zoff, Scirea, Cabrini o Rossi, con otras jóvenes promesas como Bérgomi o Baresi. A partir de ese momento se arman poderosos equipos que mezclan producto nacional – Tardelli, Cabrini, Vialli – con fueras de serie venidos del extranjero – Platini, Zico, Maradona o Marco Van Basten. A.C Milán se transformó con Arrigo Sacchi en uno de los mejores equipos de la historia, entre 1989 y 1999 los clubes italianos ganaron ocho de once copas de la UEFA, y a mediados de los '90 la Juventus de Lippi dominaba el fútbol continental.

    Muchas veces eran los foráneos los que marcaban la diferencia, pero era el futbolista nacional la verdadera esencia del club. A Maradona, Careca y Alemao le acompañaron en el campo Ferrara De Napoli o Carnevale, los tres holandeses del Milan no jugaban solos, sino que lo hacían con Baresi, Maldini, Ancelotti, Donadoni o Evani, en la Roma Gianini encontró perfecto sustituto en Totti, en la Sampdoria Vialli y Mancini, junto a Lombardo, Vierchowood y Pagliuca colocaron a Génova en el palmarés europeo, el primer Parma campeón de la UEFA estaba compuesto prácticamente por futbolistas nacionales y las gotas de calidad del sueco Brolin, el Inter de los alemanes tenía jugadores con carisma como Walter Zenga o Giusseppe Bérgomi......

    Pero llegó 1996. Ese año la Juventus de Lippi y Del Piero alzaba la copa de Europa frente al Ajax, poco después de la sentencia Bosman, a partir de ese día nada volvería a ser lo mismo. Poco a poco los equipos italianos se fueron llenando de jugadores muy muy mediocres venidos del extranjero, la supuesta calidad y los millones de euros, fueron sustituyendo el pundonor y pasión del futbolista italiano. Durante los primeros años el número de futbolistas italianos era similar de los extranjeros, y la selección consiguió un subcampeonato de europa en 2000 y el mundial del 2006, amén de otros brillantes títulos en la copa de la UEFA y Liga de Campeones. Hasta la final del 2010. En el Santiago Bernabeu, y ante el Bayern de Munich, José Mourinho ganaba una Liga de Campeones para el Inter de Milán sin ningún italiano en el once titular (en la segunda parte salió Materazzi). 

    Italia sufre más que nadie los efectos de la globalización e interdependencia mundial. Italia no produce futbolistas, los compra al exterior, no cuidad su materia prima, y tampoco innova de manera alguna.  En las dos últimas décadas el fútbol europeo se ha desnaturalizado, los tradicionales estilos se han ido desvaneciendo en muchos países, pero es en Italia donde el caso es más sangrante. En los últimos años no ha despuntado ningún jugador nacido en Italia, futbolistas como Giovinco, Marchisio, Chiesa, Insigne quedaron en proyectos de estrellas. En el campo de acaban los referentes y los técnicos andan completamente perdidos. ¿Dónde están los Giannini, los Donadoni, los Gattuso, los Mancini, los Del Piero o los Zola?.¿En qué espejo se miran los niños italianos que sueñan con ser futbolistas?. Italia siempre produjo excelentes porteros, defensas contundentes y resolutivos, delanteros combativos y medios ofensivos que hacían magia con el balón en los pies. Nada de eso queda ya, la selección italiana es un equipo triste y sin alma, un fantasma futbolístico de lo que fue alguna vez. 


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