miércoles, 1 de abril de 2026

TRIESTE, DE CENTROEUROPA AL ADRIÁTICO.

 


Trieste, austríaca de corazón, italiana de adopción. Una ciudad vertical que duerme en la montaña y vive a orillas del mar. Trasladarse al centro neurálgico nos exige un considerable esfuerzo físico, que nos obliga (a los vecinos de los barrios) a estar en forma (y alerta). Aunque la mayoría llega a orillas del mar en coche. Desconocen pues una parte de la ciudad, aquella que durante el día trabaja, y por la noche sueña.

 


El dios de los Océanos, tridente en mano, vigila atento las aguas del mar Adriático. 



Una mañana cualquiera te encuentras a James Joyce paseando tranquilamente bajo el Sol.

 


La Trieste actual es heredera de la Tergeste romana asentada sobre un  territorio donde confluyeron  ilirios y carnios. Las huellas del Imperio están presentes y visibles en la ciudad. La primera globalización. 

 


La catedral de Trieste, que data del siglo XI, tiene un aire entre califal y visigótico. Muchas veces cuando visitas un sitio nuevo tiendes a buscar parecidos con otros conocidos. 


    


Trieste es la ciudad y su trepidante historia, en especial la del siglo XX. Más austríaca que veneciana, y menos yugoslava que italiana. De alguna manera de atrapa. Y cuando vuelvo a casa, subiendo por estas empinadas cuestas, veo a los vecinos del barrio, a sus trabajadores, a la gente corriente, y me pregunto, ¿qué pensarán?. ¿Serán conocedores de la complicada historia de la ciudad baja, aquella que besa el mar durante el largo crepúsculo?. Pero es comprensible. La vida de la ciudad vertical, de los operarios, tampoco ha importado mucho a los que se reúnen en los cafés literarios, los que se hospedan en hoteles de cinco estrellas o los que toman las decisiones que terminan afectando a todos. 



Aquí es el mundo al revés, los poderosos están abajo y la gente humilde arriba. Haciendo equilibrios para no despeñarse montaña abajo y agarrándose fuerte al pasamanos para no ser arrastrado por el terrible bora, azote eólico del mar Adriático. 



Aunque peor suerte hubiese corrido de haber caído en las garras de la República de Venecia. El Senado de San Marcos jamás hubiese permitido su desarrollo, crecimiento y prosperidad. Los inteligentes triestinos, viendo el ascenso y las ambiciones de la vecina República de Venecia, decidieron buscarse un protector, y en 1382 se encomendaron al duque de Austria Leopoldo IV. En este punto comenzó la intensa relación con los Habsburgo. Cuando Austria tomó posesión de Venecia, pudo Trieste, por fin, mirar con desdén, y por encima del hombro a su rival. 

 


"Trieste se entregó a la Austria de los Habsburgo para frenar los avances de Venecia, que era su rival". (Kaplan. Adriático). 

 


Y como su rival, Trieste construyó una gran plaza abierta al mar, la Piazza Unitá d'Italia. Un espacio similar encontramos en Split, en el Adriático, o la exquisita Praça do Comerço en Lisboa.

 


El mundo germano, a partir del siglo XIX, comenzó a desarrollar gran fascinación por el arte clásico. Aquí en Trieste pusieron beber directamente de las fuentes originales. La impronta en la arquitectura es inconfundible.

 



 "El lugar comenzó siendo una aldea costera de ilirios, un difuso pueblo indoeuropeo-celta que comerciaba con sus vecinos mas cercanos con pescado, sal, aceite de oliva y vino. Colonizada por Roma, que la llamó Tergeste, fue posteriormente hostigada, saqueada y puntualmente invadida por Venecia hasta que, a finales del siglo XIV, los gobernantes locales encomendaron su protección a la monarquía de los Habsburgo, en Viena (...). Este fue el verdadero nacimiento de Trieste, cuatro siglos después fueron los Habsburgo quienes la introdujeron en el mundo moderno". Jan Morris. Trieste o el sentido de ninguna parte.

 


Trieste formó parte sucesivamente del Sacro Imperio (1382 - 1806), del Imperio Austríaco (1814 - 1867) y del Imperio Austrohúngaro (1867 - 1918). La Italia unificada la consideraba un territorio irredento.



Tras la Primera Guerra Mundial, y a pesar de la victoria mutilada, Trieste quedó incorporada a Italia. 

 


A partir de ese momento Trieste ya no quiso (o no la dejaron) ser otra cosa que italiana. La ciudad recuerda a algunos de los activistas del irredentismo, como el marino Nazario Sauro.

 


No se puede obviar la influencia eslava en la ciudad. El templo serbo-ortodoxo de la Santísima Trinidad y de San Spiridione fue construido a finales se 1800. Tras la Segunda Guerra Mundial el mariscal Tito quiso incorporar Trieste a Yugoslavia.

 


Trieste vivió un intenso siglo XX. Aquí se sentía de verdad la existencia de las dos Europeas. "Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero". Winston Churchill.

 


 Trieste es lo que no puede ser Viena, elegantes cafeterías a orillas de Adriático. Es como Rijeka, pero más presumida y grandiosa. Trieste es un ciudad austríaca en Italia. Pirán es una ciudad italiana en Yugoslavia. Perdón quise decir Eslovenia. Cosas de la juventud perdida. Tan cerca geográficamente y tan lejos en todo lo demás.    

 


 


Una farmacia elegante y clásica. En todos los sentidos.  

 





Librerías de viejo en las calles de Trieste. Los libros son el legado de la Humanidad a sus hijos, nietos, bisnietos......

 


 Soñé ser Ulises, pero no el de Joyce. Sino aquel que perdió su patria, pero siempre anheló volver a ella. Aquel que miró a la cara al violento bora, y sobrevivió.  



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