Esperando al alba.
Con las primeras luces de la mañana comenzamos a caminar, dejamos atrás Quintáns.
Avanzamos por senderos tradicionales delimitados por muertes de piedra. Muchos de ellos tapizados por hiedra y musgo. Recordamos caminos que no quieren ser olvidados.
Belleza negra.
Lugar de A Grixa.
Conjunto arquitectónico religioso de Vilastose. Cruceiro, iglesia parroquial de San Ciprián, barroca del siglo XVIII, y una curiosa espadaña exenta.
Lugar de Agrodosio.
Flechas en sentido contrario desde Fisterra a Compostela.
Lugar de Trasufre en la parroquia de Coucieiro.
El musgo abriga a la madera. La magia del bosque.
El bosque, el camino y los continuos desniveles, ponen a prueba, a cada paso, al caminante.
El camino se alarga hasta alcanzar el centro de Dumbría.
Iglesia parroquial de Santa Baia en Dumbría construida entre los siglos XVII y XVIII. Barroco rural gallego.
Todo lo consume el tiempo. Todos caeremos en el olvido eterno.
El arte del Camino.
Aunque no son muchas, hay señales que permiten desansar el Camino, caminar en sentido contrario al habitual.
Bifurcación, cruce de caminos, ¿a Fisterra? o ¿a Santiago?.
O Logoso.
¿Mámoa?.
Ascendemos y descendemos el alto do Sino, pasamos de O Logoso a Olveiroa, imprescindibles en el camino que va de Santiago a Fisterra/Muxia.
Nos aproximamos a Olveiroa . . .
. . . tierra de Leyendas (las reales, las literarias y las inventadas).
Una última tirada y a descansar toda la tarde en Ponte Olveira. Esas tardes de relax después de caminar 30 kilómetros son, como dirían en mi tierra, gloria bendita.


























































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