Antes de las grandes
batallas entre las naciones balcánicas y el Imperio Otomano, como Kosovo, (segunda) del Maritza, Nicópolis o Varna, hubo otros
choques, menos célebres, menos decisivos, pero igual de importantes
para el futuro de la región. En 1363 los turcos tomaron Filipopolis
(Plovdiv) y los cristianos se prepararon para el contragolpe. El rey
húngaro Luis I el Grande se puso al frente de este intento de
cruzada, a la que se unieron los serbios, los bosnios y posiblemente
también los valacos. El ejército cruzado marchó hacia Edirne
(Adrianópolis) con inusitada velocidad, pero las debilidades humanas
dieron al traste con la misión. A dos jornadas de camino del
objetivo, las huestes acamparon a orillas del río Maritza y se
entregaron a la bebida y el desenfreno para celebrar el rápido
avance y la más que probable victoria. Entonces, en medio de la
noche, la caballería ligera otomana surgió de la nada, para
lanzarse en un certero ataque y desbaratar a las extramotivadas
tropas cristianas. Los supervivientes las pasaron canutas para huir
por el Maritza, que bajaba crecido aquella jornada, y poner a salvo
sus vidas. Entre ellos el propio monarca húngaro.
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domingo, 13 de diciembre de 2015
PRIMERA BATALLA DEL MARITZA.
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Serbios
viernes, 15 de mayo de 2015
PETOS
Uno de los múltiples
pueblos (tribu, clan o linaje) del gran tronco de los Tracios, cuyo
nombre nos transmite el padre de la Historia, Heródoto. Vivían en
la Tracia sudoriental, en la cuenca inferior del río Hebro (actual
Maritza). Los ríos siempre han servido como demarcadores
territoriales y los autores antiguos lo utilizaban frecuentemente
como referencia geográfica.
"He aquí los
pueblos tracios por cuyos territorios [Jerjes] prosiguió su marcha;
los petos, los cicones, los bístones, los sapeos..."
Herótodo VII, 110
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