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lunes, 9 de abril de 2018

LOS CÉRVIDOS.



Los cérvidos son miembros de un grupo de mamíferos artiodáctilos (número par de dedos) rumiantes ampliamente distribuidos por todo el Hemisferio Norte. Ciervos, gamos y corzos son moradores habituales de nuestros bosques. Estos elegantes herbívoros suelen vivir y desplazarse en manadas de tamaño variable.

Presentan una constitución física esbelta y grácil, su cabeza, que se va estrechando hacia el hocico, se asienta sobre una fuerte cuello. Las patas son relativamente largas, pero por el contrario sus pezuñas son pequeñas y afiladas.


El elemento más llamativo y característico de los cérvidos es su cornamenta, exclusiva de los machos, excepto en el caso de los renos. La cornamenta consiste en dos astas unidas a unos pivotes óseos frontales, sobre los cuales se van añadiendo más ramas cada muda anual. La caída y muda anual – en el caso de los machos – está directamente relacionada con el equilibrio hormonal: la pérdida de los órganos sexuales acarrea la de la cornamenta, que es sustituida por un pequeña y permanente de terciopelo. Por otro lado, la envergadura y complejidad varían en función de la edad y el tamaño del individuo.

Al macho la cornamenta le sirve como atributo de masculinidad (excepto en el reno) y como arma en las luchas con otros machos para conseguir hembras y defender el territorio. Durante la época del celo, la mayoría de los machos emiten fuertes bramidos para impresionar a hembras y a rivales.


Los principales géneros de cérvidos son: Cervus (ciervos), Dama (gamos), Capreolus (corzos), Rangifer (Renos) y Alces (alces).



domingo, 8 de octubre de 2017

TAIGA O BOSQUE BOREAL.



Allí donde acaba el mundo de las ciudades, en los límites de la región templada, comienza la profunda taiga o bosque boreal. El lejano septentrión, tierras ajenas y extrañas para el mundo mediterráneo, se extiende la silenciosa taiga, enormes bosques de coníferas (pinos, abetos, cedros), árboles cuyas hojas tienen forma de aguja y desarrollan una gruesa cubierta que se adapta a las escasas precipitaciones. También evita la pérdida excesiva de agua, escasa precisamente por las pocas lluvias (concentradas en época estival) y las heladas invernales. La forma cónica de las copas de los árboles permite que la nieve resbale por ellas. Raíces largas y poco profundas para aprovechar mejor los nutrientes de las hojas y restos vegetales que caen al suelo (muy delgado y pobre). Estos árboles crecen apiñados entre sí para protegerse de las fuertes ventiscas. Una masa vegetal de aspecto gris, monótono y sombrío.


Las temperaturas extremas de un riguroso clima continental, con un verano corto y cálido, y un invierno muy largo y extremadamente frío, condicionan el medio físico y las formas de vida.


Suelos pobres, ásperos, casi sin vida. El deshielo primaveral pudre las plantas y enriquece el suelo. Las bajas temperaturas inhiben la acción bacteriana de los hongos, por lo que la descomposición es muy lenta. Por otra parte se trata de suelos muy ácidos para que puedan vivir las lombrices, por lo que el humos no se mezcla bien con la materia mineral. Resultado: suelos muy pobres, tipo “podzol”.


La vida es muy dura para los animales que habitan la taiga, como el oso pardo, el lobo, el zorro, la marta, el glotón, el visón, el alce y el ciervo, así como los ganados de renos semidomésticos. En invierno las aves emigran a latitudes más cálidas. Muchos de estos animales tienen la capacidad de cambiar de color su piel en función de la estación, como es el caso del armiño. En verano, con las temperaturas cálidas y los días de 24 horas, proliferan los insectos voladores, especialmente los molestos mosquitos.


martes, 25 de octubre de 2016

LA TUNDRA



Al norte del Círculo Polar Ártico, la tierra donde la noche dura seis meses y el verano unas pocas semanas, se extiende el inhóspito Polo Norte, donde la vida se torna tan milagrosa como imposible. En las latitudes más meridionales de la región polar, aquellas tierras más cercanas a la zona templada, tiene su dominio la tundra. La palabra tundra procede del ruso y significa "pantano helado". 


La tundra es una formación vegetal pobre, sometida a durísimas condiciones medioambientales, compuesta mayoritariamente por musgos y líquenes, y algunos arbustos de exigua talla que intentan sobresalir de la monotonía general del paisaje. Debida a la prolongada duración del invierno no es posible la existencia de árboles.


La tundra se desarrolla durante el verano a partir de los suelos menos rocosos y en ella moran zorros, lobos, lemmings, algún alce y sobretodo renos, auténticos reyes coronados del lugar.



Rocas sobre un suelo impenetrable, duro y helado, azotado por los gélidos vientos del océano, la tundra es la eterna inmensidad de la nada. En los confines de la vida humana la Naturaleza es señora suprema y absoluta, su reinado no admite intromisión alguna; este es el lugar donde se forjan las leyendas.  

lunes, 8 de agosto de 2016

UKONSAARI, ISLA SAGRADA SAAMI.



De las oscuras y frías aguas del lago Inari, situado en el norte de Finlandia, más allá del Círculo Polar Ártico, emerge poderoso Ukonsaari, un islote sagrado para los habitantes de Laponia a lo largo de milenios.


El nombre de la isla se refiere a Ukko, una de las deidades más destacadas de la mitología finesa, que recibiría veneración en este lugar. Ukko es un dios del cielo, del trueno y de la tormenta, probablemente vinculado con Ilmarinen, el herrero del Kalevala. Ukonsaari se traduce como “Isla de Ukko” o “Isla del Anciano”.


Los saamis llaman a este dios Äijih, el dador de vida y protector de la salud de las personas. La pequeña isla rocosa era un sieidi, un lugar sagrado para los saamis, altar de sacrificio y templo natural para el culto. Cada comunidad saami (llamadas siida) tenía su propio siedi.


En canoa, durante el verano, o en trineo, si el lago estaba helado, los saamis llegaban hasta aquí para celebrar sus ritos y realizar los sacrificios pertinentes en honor a Äijih, dios supremo de su panteón. Poblaciones que viven en armonía con la Naturaleza y buscan sus santuarios en rocas, bosques, cuevas y lagos.


El ronco y monótono lamento del tambor chamánico acompaña el sacrificio de renos.


Junto al museo Siida de cultura saami hay un pequeño muelle desde el que zarpan cómodos cruceros que te dan un plácido paseo por el lago y te acercan a la Isla Santuario.


Desde el principio de los tiempos hombres y mujeres encontraron a sus dioses en la Naturaleza, y no es de extrañar cuando uno contempla su grandeza y belleza. Lo que no tiene sentido es encerrar a los dioses en templos e iglesias. Ante la Gran Madre cada ser es insignificante, pero a la vez, pieza imprescindible de la totalidad.




jueves, 1 de octubre de 2015

LOS LAPONES

VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968).




En los extremos septentrionales de la Vieja Europa, en el territorio que se extiende por las actuales Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, habitan, desde tiempos inmemoriales los saamis, llamados también lapones, un pueblo de pastores, que siguen conservando (aunque cada vez menos) sus tradicionales formas de vida. La mayoría de ellos viven por encima del Círculo Polar Ártico, donde son frecuentes las temperaturas inferiores a los 40ºC bajo cero, y la falta de luz solar durante largos períodos, hacen la vida extremadamente dura. Los saamis, al igual que otros pueblos que habitan tierras hostiles, han desarrollado una cultura perfectamente adaptada al medio, basada fundamentalmente la cría y el pastoreo de renos. Además según la zona en que viven practican otras actividades como la pesca o la caza de animales como el zorro o el castor.


Tradicionalmente, y debido a su vida nómada, los saamis no construían casas fijas, sino que se limitaban a confeccionar tiendas que fuesen fáciles de montar, desmontar y transportar. Las más simples de estas tiendas constan de un poste central en el que se apoyan una serie de postes que se disponen en círculo. Sobre este armazón se dispone la cubierta, generalmente hecha con pieles de reno. Otro tipo de vivienda, algo más compleja, se construye con cuatro ramas flexibles hincadas en el suelo por ambos extremos, y sobre la cúpula que forman se colocan los demás postes, sobres los que se extiende la cubierta. En el centro de la tienda se coloca el hogar, construido con carias piedras, mientras que los humos se escapan por un agujero que se deja justo encima.


El reno, un animal herbívoro y migratorio, es el principal recurso económico para estos pueblos que habitan el lejano Norte. En estado salvaje forman grandes rebaños que en invierno buscan cobijo en las zonas boscosas y se alimentan de ramitas y matojos, y cuando llega el deshielo de la primavera, se trasladan a las heladas planicies árticas, encontrando en la tundra su alimentos favorito. Además lejos de los bosques están a salvo de los molestos mosquitos que eclosionan con el aumento de las temperaturas estivales.


El origen de los saamis siguen siendo un misterio, aunque lo que parece claro es que forma un grupo cultural propio, dentro de los pueblos europeos.


Los niños son los miembros más vulnerables de esta sociedad nómada, por ello son protegidos con gran cuidado para evitarles cualquier daño, abrigándoles del terrorífico frío que reina en Septentrión. Una cunita cómoda, caliente y segura construida a partir de un abedul vaciado, recubierto de pieles y con pequeño tejadillo, es el lugar donde los niños pasan los primeros meses de vida.


La cultura y la economía de los lapones gira en torno al reno, que constituye la principal fuente de alimento. Como la carne de este animal es bastante dura, el pastor acostumbra a sacrificar únicamente a los miembros más jóvenes, conservando la carne ahumada. También utilizan la leche de las hembras con la que pueden elaborar quesos y mantequilla. También emplean la piel para vestidos, mantas, correas, sacos y coberturas para las tiendas. Los tendones sirven de cuerdas, y con las astas y los huesos fabrican herramientas y utensilios de todo tipo: cucharas, recipientes, chuchillos.... Además el artesano lapón, talla durante las largas noches de invierno figurillas de animales en asta y hueso.


La cría, cuidado y pastoreo de los renos requieren de un considerable esfuerzo por parte de los lapones que deben realizar una tarea dura y constante. Debemos tener en cuenta que el reno es un animal semidomesticado, que no acepta fácilmente la guía y la compañía de los hombres. En muchas ocasiones solo obedecen al dueño a cambio de la sal que le ofrece, que constituye una golosina y una necesidad.


Antiguamente los lapones vestían trajes confeccionados enteramente de pieles y cosidos con tendones de reno, estos trajes eran muy parecidos a los que utilizaban en la Edad Media por los vecinos pueblos escandinavos, ya que fue en aquella época cuando comenzaron los contacto entre los saamis y el resto de pueblos europeos, especialmente con los suecos y noruegos.


Al parecer, los lapones no siempre se han dedicado a la cría de renos, sino que en una etapa primigenia, se debían limitar a cazar renos salvajes con lanzas y flechas, sin llegar a domesticarlos. Es probable que descubrieron los métodos de domesticación hacia el siglo X.


El lobo de las nieves es el animal más temido y el rival más importante con el que cuentan los lapones en los bosques boreales. Estos feroces y resistentes cánidos forman grandes manadas que acosan a los rebaños de renos y son capaces de seguirlos y acosarlos durante muchos kilómetros.



Los saamis también utilizan al reno como bestia de carga y animal de transporte. Un macho adulto puede llevar sin dificultad hasta 75 kgs de peso, y además cuenta con unos cascos seguros para moverse por terrenos rocosos y cenagosos. Es además un animal muy resistente capaz de caminar 80 kms en un sólo día. El trineo de los lapones es muy grande y está construído con madera y pieles, sujetando las piezas con correas y tendones de reno.  

jueves, 30 de abril de 2015

LOS ÚLTIMOS CAZADORES DE LA PREHISTORIA.



Los últimos cazadores de nuestra prehistoria vivieron durante el Magdaleniense, unos cuantos milenios antes de la domesticación de los primeros animales y plantas. Estos grupos basaron su economía en la captura del caballo o del reno en las regiones geográficas más septentrionales, o del ciervo y la cabra en otras áreas, como nuestra península Ibérica. Los cazadores solían acosar y abatir fundamentalmente a hembras y crías, o algún miembro débil de la manada. 


La especialización cinegética en grandes cuadrúpedos, se complementaba con la caza de pequeños mamíferos, la pesca, el marisqueo y la recolección de vegetales.  

lunes, 8 de abril de 2013

INICIOS DE LA DOMESTICACIÓN ANIMAL II. DOMESTICACIÓN Y SEDENTARIZACIÓN



Desde sus orígenes, la domesticación de animales, aparece íntimamente relacionada con la sedentarización y con otros aspectos de la Revolución Neolítica. No obstante, la sedentarización no es un estadio previo indispensable para la domesticación, también fue posible domesticar animales sin una sedentarización previa, aunque únicamente en situaciones ecológicas y climáticas extremas, como por ejemplo, las poblaciones nómadas del norte de Europa que consiguieron domesticar manadas de renos. 


La cuestión, imposible de resolver según el estado actual de los datos e investigaciones, es la siguiente ¿permitió la sedentarización el desarrollo de la domesticación, o fue al revés?. Existen partidarios de una y otra opción, aunque no existe un concenso claro. 

En cierto modo, las dos hipótesis no tienen porque ser exclusivas:

      Cuesta trabajo imaginar de que manera pudo el hombre guardar en cautividad, vigilar, dominar y criar determinado número de individuos animales sin construir cercas o formas primitivas de establos o corrales.

       Por otra parte, es difícil concebir a una numerosa comunidad sedentaria que pudiera alimentarse sin poseer, aunque sea un pequeño rebaño, se doméstico, o en todo caso, al alcance y susceptible de ser domesticado. 

Hemos de pensar que uno no se vuelve ganadero y/o sedentario de la noche a la mañana. Son procesos que necesitan tiempo, y un número indeterminado de pruebas ensayo/error, hasta dar con las pautas, y respuestas definitivas, y que nunca llegan a serlo, a cada uno de los problemas que ambas actividades van ofreciendo. Por tanto, nos inclinamos a pensar que ambas actividades, domesticación y sedentarización, forman parte de un mismo proceso global, que llevó al hombre desde el estadio de depredador a una situación, más cómoda, de productor. 

La presión demográfica desempeñó una papel fundamental en el paso y/o transición de una economía depredadora a otra productora. El rápido crecimiento de la población exige ciertas innovaciones, técnicas o no, y una de estas innovaciones fue sin lugar a dudas, la domesticación de animales. Otros factores fueron tensiones políticas que se generan cuando la comunidad alcanza un estadio superior de desarrollo y la atracción por los bienes acumulados por las sociedades sedentarias productoras. 

Otro enigma: ¿por qué un grupo de cazadores domesticó animales, mientras que otro determinado que usaba las mismas técnicas de caza, no lo hizo?. El quid de la cuestión puede estar en el diferente estadio de desarrollo sociocultural, material y tecnológico, o tal vez, la mayor, o menor, abundancia de piezas de caza. 

Con la domesticación el hombre buscaba librarse de los inconvenientes de la caza, que presenta algunas dificultades como la precariedad de recursos y la progresiva disminución del número de animales salvajes que habitaban en las proximidades de los asentamientos humanos.


Los primeros animales domésticos suponían una importante reserva de alimentos frescos, capaces de cubrir las necesidades de la población. Los antepasados salvajes, cordero salvaje, cabra bezoar, cerdo silvestre y uro, de cuatro de los cinco primeras especies en ser domesticadas, eran cazadas por su carne, en los periodos anteriores a su domesticación. Durante el Neolítico se consumía la carne da absolutamente todos los animales domésticos. 

Además de como recurso alimenticio, la domesticación pudo perseguir la finalidad de disponer cómodamente de animales para los sacrificios ceremoniales. En Catal Hüyük, a partir de los milenios XI y VIII se inmolaron bueyes domésticos en vez de uros salvajes. En Lepenski Vir, a orillas del Danubio cerca de las famosas Puertas de Hierro, se encontraron restos de perros domésticos que habían sido víctimas de sacrificios rituales. También tenemos atestiguados perros en las sepulturas humanas durante el Magdaleniense de Europa Central y el Natufiense en Palestina. 


Otras prácticas también llevaron a tentativas, a veces inconclusas, de domesticación, como la costumbre de rodearse de animales familiares, como aún hacen hoy día los indios norteamericanos, y que nunca llegan a ser domesticados del todo.

La caza especializada, concentrada en unas pocas manadas de una especie, también condujeron a la domesticación. Cazadores que seguían a estas manadas en sus movimientos migratorios estacionales, protegiéndolos de los depredadores y de otros grupos de cazadores. Llegaron a considerar a estos rebaños como su propiedad. Más tarde intentaron limitar sus desplazamientos sin sacarlos de sus hábitats. Finalmente apresaron a los miembros más jóvenes para amansarlos y domesticarlos. Un ejemplo de ello fue la domesticación del buey en Hungría durante el Neolítico. 


jueves, 4 de abril de 2013

DE PIEZA DE CAZA, A CABEZA DE GANADO



DE ANIMALES Y DE HOMBRES.

Formando parte de una misma, y única Naturaleza, el ser humano (y los homínidos antecesores) y las diferentes especies de animales han compartido los diversos medios naturales del Planeta. A lo largo del tiempo el ser humano ha sabido aprovechar en beneficio propio esa relación.

Podemos establecer, a grandes rasgos, cuatro funciones que los animales han desempeñado para las Sociedades Humanas:

1 Como fuente de alimentos y de materias primas.

2 Como fuerza de trabajo en diferentes actividades.

3 Como importante, y a veces decisivo, apoyo en la guerra.

4 Como símbolos, tótems y deidades en la esfera espiritual. 

En algunas ocasiones, una misma especie ha representado varias de estas funciones, mientras que otras veces, una especie se ha dedicado en exclusiva para una de ellas.




LOS CAZADORES DEL PALEOLÍTICO.

Mucho antes de la domesticación de especies durante el Neolítico, las bandas del Paleolítico se dedicaban a la caza ocasional de algún animal. En numerosas ocasiones los hombres recurrían al carroñeo, aprovechando los restos de alguna pieza abandonada por otros depredadores. 

Cualquier animal era susceptible de ser cazado, aunque evidentemente algunas piezas ofrecían más peligros en ser abatidas. Normalmente, cada banda o tribu se dedicaba a cazar las especies más abundantes del medio natural que compartían, siendo habitual que un grupo humano se especializase en la caza de un determinado animal.

Los cambios climáticos, la estacionalidad y las migraciones de las manadas, provocaban que las hordas de cazadores siguiesen sus rutas, sin poder establecerse permanentemente en ningún lugar, hablamos, por tanto de Sociedades Nómadas. 

Gacelas, ciervos, renos, bisontes, caballos, mamuts . . . eran presas propicias para el depredador más voraz de todos los tiempos: el hombre. 

El cerebro inventa, y la mano, liberada de su función locomotora, fabrica armas, con las que compensar las evidentes desventajas biológicas, con respecto a la mayor parte de las especies animales.

Puntas de sílex, arcos y flechas, hachas de piedra, lanzas, trampas, emboscadas, fosos, todo era válido para conseguir la preciada pieza.

Del animal cazado se aprovechaba absolutamente todo; por supuesto la carne como alimento, pero también las astas, la piel, tendones, huesos, grasas, vísceras . . . No obstante, la importancia de la caza, el mayor aporte nutricional y calórico provenía de la actividad recolectora; frutos, raíces, mariscos, pequeños animalillos . . . 

Debemos mencionar también la pesca, en sus diferentes modalidades, fluvial, lacustre o marina, por su gran importancia. 



LOS PRIMEROS GANADEROS DEL NEOLÍTICO.

Sin que aún esté del todo claro, que actividad surgió antes, ganadería o agricultura, lo que está fuera de toda duda, es el hecho de que la domesticación de animales y plantas significó el hito más trascendental de la historia de la Humanidad; las sociedades pasan de ser nómadas y depredadoras, a sedentarias y productoras, con todos los cambios que estas innovaciones significaron en cualquier ámbito de la Sociedad Humana. 

A partir de este crucial momento el ser humano dispone de una fuente de recursos al alcance de la mano; a la carne, la piel y los huesos, ahora hay que añadir los huevos, la leche, la lana y los excrementos. 

A lo largo del Neolítico y a lo ancho del Mundo, se fueron domesticando diferentes especies de animales, mejorando, o mejor dicho, adaptando las especies a las necesidades humanas. Entre los animales más característicos domesticados por el hombre podemos citar; el perro, la cabra, la oveja, el cerdo, el buey, el asno, el caballo, el camello y las aves de corral. 

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