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lunes, 8 de agosto de 2016

UKONSAARI, ISLA SAGRADA SAAMI.



De las oscuras y frías aguas del lago Inari, situado en el norte de Finlandia, más allá del Círculo Polar Ártico, emerge poderoso Ukonsaari, un islote sagrado para los habitantes de Laponia a lo largo de milenios.


El nombre de la isla se refiere a Ukko, una de las deidades más destacadas de la mitología finesa, que recibiría veneración en este lugar. Ukko es un dios del cielo, del trueno y de la tormenta, probablemente vinculado con Ilmarinen, el herrero del Kalevala. Ukonsaari se traduce como “Isla de Ukko” o “Isla del Anciano”.


Los saamis llaman a este dios Äijih, el dador de vida y protector de la salud de las personas. La pequeña isla rocosa era un sieidi, un lugar sagrado para los saamis, altar de sacrificio y templo natural para el culto. Cada comunidad saami (llamadas siida) tenía su propio siedi.


En canoa, durante el verano, o en trineo, si el lago estaba helado, los saamis llegaban hasta aquí para celebrar sus ritos y realizar los sacrificios pertinentes en honor a Äijih, dios supremo de su panteón. Poblaciones que viven en armonía con la Naturaleza y buscan sus santuarios en rocas, bosques, cuevas y lagos.


El ronco y monótono lamento del tambor chamánico acompaña el sacrificio de renos.


Junto al museo Siida de cultura saami hay un pequeño muelle desde el que zarpan cómodos cruceros que te dan un plácido paseo por el lago y te acercan a la Isla Santuario.


Desde el principio de los tiempos hombres y mujeres encontraron a sus dioses en la Naturaleza, y no es de extrañar cuando uno contempla su grandeza y belleza. Lo que no tiene sentido es encerrar a los dioses en templos e iglesias. Ante la Gran Madre cada ser es insignificante, pero a la vez, pieza imprescindible de la totalidad.




sábado, 13 de febrero de 2016

HELSINKI, LA CAPITAL BLANCA DEL BÁLTICO.



Desde el soleado puerto de Helsikinki - Helsingfors fue su nombre original en lengua sueca – destaca la blancura y claridad de sus edificios. Históricamente Finlandia ha sido campo de batalla donde las potencias regionales, Suecia y Rusia, han dirimido sus diferencias, y en ese contexto, los suecos fundaron la actual capital finlandesa para tener una proyección segura sobre el mar Báltico.



Gustavo Vasa, el enérgico rey de Suecia, fundó Helsinki para hacer la competencia a Reval (actual Tallin) y a la próspera Liga Hanseática. Hoy día es una animada ciudad de preciosos edificios de Art Noveau.


Durante los primeros años de su existencia Helsinki fue un enclave costero de escasa importancia eclipsado por los centros comerciales tradicionales del mar Báltico. No sería hasta la proclamación del Gran Ducado de Finlandia, que Helsinki comienza su espectacular desarrollo. El tiempo, la constancia y el bien hacer finé han convertido a Helsinki en una capital de referencia en el Norte de Europa.


La catedral neoclásica y la catedral ortodoxa, situadas una enfrente de la otra, se vigilan mutuamente, y cuando pueden, se sisan los fieles.


Para muchos viajeros, Helsinki es el puerto de entrada a Finlandia, para nosotros que veníamos desde Inari, en Laponia, fue el puerto de salida.


Ecos del legendario pasado finlandés.



El mar es un elemento que une a los pueblos. El Báltico lleva siglos poniendo en contacto a daneses, suecos, finlandeses, rusos, polacos y alemanes. Pequeños barcos surcan los canales y los brazos de mar, y comunican las islas e islotes que configuran Helsikinki, la ciudad blanca del mar Báltico. Me gusta más el entorno y el mar, que la propia ciudad. Demasiado perfecta, demasiado moderna, para mi gusto le faltan tres o cuatro siglos. No es (subjetivamente) la capital más hermosa de Europa, pero resulta una urbe muy agradable, que cuenta con el encanto de los eternos puertos de mar, y es el mejor lugar para degustar los pescados de la región.  

sábado, 26 de septiembre de 2015

TESORO DE PLATA DE INARI.



Inari es uno de los centros históricos de la cultura saami, y en el año 2003 se descubrió un pequeño tesoro de la Edad del Hierro tardía. El tesoro consiste en cuatro collares de plata que estaban ocultos en una larga y profunda cueva. Los collares se depositaron sobre un lecho de corteza de abedul. Las pruebas de radiocarbono han datado el hallazgo entre 1160 y 1280. El sitio no sugiere que los artefactos se hayan utilizado para propósitos de sacrificio. El hallazgo puede haber pertenecido a una comunidad local , o nómada. Este modesto tesoro se custodia y expone en el museo Siida a orillas de lago Inari.  
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