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miércoles, 4 de abril de 2018

LA FAUNA DE LAS CUMBRES.


La alta montaña es uno de los hábitats más duros del planeta y por tanto, sus habitantes (relativamente escasos) tienen que desarrollar habilidades y adaptaciones especiales para poder medrar bajo adversas condiciones. Se calcula que las montañas cubren (aproximadamente) un 5% de la superficie terrestre, y a mayor altitud, más frío, más viento y más aridez, y por contra menos oxígeno y suelos muy pobres.

Las cadenas montañosas están separadas por enormes distancia, son como pequeñas islas, y sin embargo los animales que viven en ellas suelen parecerse entre sí, ya que deben hacer frente a los mismos problemas. Las diferencias más visibles, con respecto a las especies que habitan a menor altitud son relativas al tamaño, el color y a la cronología de reproducción. Los animales de las montañas, supervivientes natos, deben enfrentarse a todos estos problemas y acostumbrarse a vivir con menos oxígeno y un clima frío, seco y ventoso.

La primera dificultad es adaptarse al frío. Aparecen insectos abundantemente peludos, mientras que los mamíferos han reducido la relación entre volumen y superficie de su cuerpo para evitar la pérdida de calor. Los refugios situados bajo las rocas son usados frecuentemente por la fauna. En esos lugares las variaciones térmicas son menores. Otras especies se enfrentan a las bajas temperaturas de la misma manera que lo hacen los animales polares: suelen ser grandes, gordos y cubiertos con gruesas pieles – como el yak del Tíbet – o plumas. Muchas de estas criaturas son menos activas que sus parientes de otras zonas.

La lucha contra el viento. El aire en continuo movimiento azota las cumbre peladas, los vientos soplan con fuerza debido a la ausencia de obstáculos. Las aves han de ser fuertes, poderosas y con gran envergadura, como la majestuosa águila real, para volar en estas complicadas condiciones. Los insectos pierden las alas y las aves de pequeño tamaño corren más que vuelan.

Pobreza de oxígeno. Los animales han aumentado el número de glóbulos rojos en sangre (responsables de la absorción y transporte del oxígeno) e incluso algunos han conseguido ensanchar su corazón (proporcionalmente más grande que el de los parientes del llano). Las llamas andinas, por ejemplo, tienen la capacidad de tomar gran cantidad de oxígeno en cada inspiración.

La comida es también un problema. La nieve cubre, durante gran parte del año, las plantas pequeñas. Los pocos herbívoros que sobreviven en este medio afrontan esta circunstancia de modo parecido, algunos descienden de la montaña en busca de comida mientras que otros la recogen y la almacenan con antelación. A los carnívoros no les queda más remedio que actuar de la misma manera. Debido a la dificultad para encontrar alimento, muchas especies de montaña son escasas, como los osos, los gorilas o los leopardos de la nieve.

En las montañas españolas podemos encontrar a la perdiz nival, el urogallo, el águila real, el quebrantahuesos, el treparriscos o el búho, bajo las rocas marmotas y musarañas aplinas, sin olvidar a los consumidores primarios, los fictófagos, el rebeco y la cabra montés, y al ganado doméstico compuesto por vacas y ovejas. El nivel de los omnívoros tiene en el cuervo a su máximo representante, y entre los depredadores ocupa un lugar destacado el lobo.




domingo, 10 de diciembre de 2017

REBECO, EL ANTÍLOPE DE LAS CUMBRES.



Desde la Cordillera Cantábria hasta el Cáucaso, la elegante silueta del rebeco vigila desde las cumbres, brinca de peña en peña y trepa por las laderas más escarpadas en todas las montañas del sur de Europa.


El rebeco (Rupicapra rupicapra) también denominado sarrio o gamuza es un rumiante de pequeño tamaño, miembro especial de la numerosa familia de los bóvidos. Decimos que es especial, porque su aspecto sugiere una especie de cruce entre antílope y cabra. Una criatura montaraz y grácil, con cuernos en forma de gancho y dotado de una habilidad especial para trotar por los riscos y trepar por las montañas.


Su hábitat preferido es la montaña, aunque también lo podemos encontrar en la llanura, tanto en bosques caducifolios como penetrando en los grandes bosques de coníferas en busca de refugio y comida. Los rebecos realizan migraciones verticales de corto recorrido; en verano suben a los parajes alpinos, las máximas altitudes por encima de los pastos de los rebaños domésticos (y preferentemente lejos de las interferencias humanas), mientras que en invierno descienden de la montaña para ocupar el límite superior del bosque y hábitats estrictamente forestales.


Animal sociable (y gregario) forma grupos mixtos de entre 5 y 20 individuos (aunque según las condiciones pueden alcanzar el centenar). Un macho viejo y experimentado vela por la seguridad de la manada y advierte a todos en caso de peligro lanzando un grito de alarma. No obstante, es bastante común que los machos vivan apartados de las hembras, o en compañía de otro solitario.



En época de celo el macho dominante reúne un harén de hembras y las defiende de las apetencias de otros competidores. Machos solitarios de gran tamaño se acantonan en sitios inaccesibles y pasan allí largas temporadas, expulsando de su territorio a otros rebaños o indiviuos intrusos.


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