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lunes, 25 de octubre de 2021

CIERVOS EN GRANADILLA.

 


Agosto. El verano encara su recta final, las lluvias no llegan y los venados se van preparando para el inminente estallido de la berrea otoñal.




















Rebaños de hembras y machos jóvenes se mueven constantemente, y casi a cualquier hora del día, por los pinares y encinares que rodean el embalse de Gabriel y Galán en Tierras de Granadilla.












Las aguas de la laguna también son aprovechadas por otras criaturas como este bonito zorro que encontré un amanecer.










Las aves encuentran su hábitat en esos campos mediterráneos, como el llamativo alcaudón común, el tímido carbonero o el inconfundible rabilargo.





Un oropéndola al amanecer. La ausencia de luz impide disfrutar del colorido de esta preciosa ave. 




El ciclo de la vida, el inevitable ciclo sin fin. 


Estos bosques fueron en su momento la reserva de caza de los señores de Granadilla.


Toda la grandiosidad de la vida concentrada en una imagen, una cierva y su cervatillo.




jueves, 9 de septiembre de 2021

JUAN DE ÁLAVA.


Nacido Juan de Ybarra, Juan de Álava fue maestro de cantería y arquitecto formado en la escuela del gótico español en la época de los Reyes Católicos. Nació en el seno de una familia con cuatro generaciones de canteros, comenzando su vida artística conocida en la ciudad de Salamanca. No obstante su área de actividad se extiende por las dos Castillas, Galicia, Extremadura y Andalucía. Su trabajo supuso el triunfo del plateresco en Salamanca, así como su difusión por Galicia y Extremadura, fundamentalmente a través de sus actuaciones en las catedrales de Plasencia y de Santiago de Compostela. A petición del arzobispo Alonso de Fonseca, trazó las obras del claustro de la Catedral de Santiago. Otros encargos del mismo arzobispo fueron el Colegio Mayor de Santiago y el de Fonseca en Salamanca.

viernes, 26 de marzo de 2021

EMPAREDADO.



Hojas en blanco, noches en vela, así me paso, la vida entera . . . De las tierras extremeñas, como los jamones de pata negra, las cerezas del Jerte y los afamados conquistadores, salió Robe Iniesta con su Rock Transgresivo para dinamitar el panorama (un tanto soso y aburrido) del rock patrio de finales de los ´80. Su voz cazallera, su sonido urbano y especialmente sus letras, entre sucias y poéticas, no dejan indiferente a nadie. Sus primeros discos se convirtieron en referencia para toda la adolescencia noventera española.

viernes, 31 de julio de 2020

MONTÁNCHEZ.




Fantasmas ocultos tras una densa cortina de nubes, podrían hablarnos, pero hace más de una vida que olvidaron quieres fueron cuando caminaban por estas tierras. Montánchez es, esta mañana (Viernes 1 de Enero de 2016) el escenario soñado por los novelistas góticos del siglo XIX. Aquellos que llenaron de pesadillas millares de páginas, esos mismos, que sin saberlo, fueron el origen del cine de terror. Si el irlandés Bram Stoker hubiese sentido la tentación de viajar por tierras extremeñas, habría levantado aquí el siniestro castillo de su célebre criatura, el Conde Drácula. Estas mañanas invernales, nubosas y grises, no son más que la prolongación de una larga noche. Hace varias semanas que los vecinos del lugar, no escuchan el canto del gallo.






Las nubes pasan raudas, acariciando con cierta ternura, los viejos torreones, ajados por la soledad, el frío y el sufrimiento. Encaramado en una de las laderas del castillo queda enclavado el camposanto con vistas a la Sierra de Montánchez. Aquí en Montáchez aprovechan los rigores del clima para elaborar unos jamones de gran calidad, pero muy diferentes, de otros jamones extremeños.





Las casas del pueblo, levantadas con esfuerzo y cuidadas con cariño y esmero por sus moradoras, desgastadas por el tiempo y la humedad (que pacientemente se va alimentando de la piedra) se apiñan unas contra otras, buscando protegerse de los violentos vientos que asolan la comarca.




La historia a veces se disfraza de cuento o de leyenda, y así se transmite mejor de padres a hijas y de abuelas a nietas. El origen de Montánchez se vincula con el violento final de la poderosa Taifa de Badajoz. Los almorávides, fanáticos soldados defensores del rigorimos y la pureza del Islam, irrumpieron en la capital aftasí y degollaron a todos los miembros de la dinastía reinante. Como ocurre tantas y tantas veces (una historia repetida desde el alba de los tiempos), cuando acontece una matanza de esta magnitud, un osado, tal vez simplemente afortunado, consigue escapar y salvar la vida. El individuo en cuestión se refugia en Montáchez y es capaz de resistir un tiempo, hasta que iluminado, sabe Dios por que luz, decide convertirse al Cristianismo.





En 1230, Alfonso IX rey de León, al frente de un ejército, del que formaban parte órdenes militares y miembros de milicias concejiles, partió de Cáceres con el objetivo de conquistar la histórica Mérida. Pare evitar dejar enemigos a la espalda, ocupó Montánchez, antes de iniciar el asedio a la capital emeritense. Posteriormente la Orden de Santiago tomó posesión de la fortaleza y realizaron las reformas necesarias para transformarla en la residencia de los comendarores de la Orden.


Otro pedazo de la historia de las luchas (intestinas y/o políticas) entre moros y cristianos, o entre moros de distintas facciones. Cadáveres de uno y otro bando alimentaron al buitre y al cuervo, y fertilizaron esos ásperos suelos. Las lluvias otoñales sacaban a la luz los desnudos huesos. Montánchez, abigarrado, aposentado en el cerro, formaba parte, junto a las monumentales Cáceres y Trujillo, de una línea defensiva situada entre el Tajo y el Guadiana. Una frontera más artificial que aquella que dibujan dichos ríos.









El Camposanto, la ciudad de aquellos que se cansaron de vivir, arranca de la misma roca de la que nacen las murallas y los torreones de la fortaleza. Desde este cementerio se pueden contemplar las ruinas de la historia (del pueblo y del castillo), y las ruinas mismas de las almas humanas que yacen bajo tierra ¿y sólo son enterrados los cuerpos?. Rodeado de tumbas y rocas, torres y lápidas, es fácil imaginar al cuervo, al águila o al buitre, precipitarse sobre un sepulcro, y llevarse consigo el espíritu del difunto cuando levanta el vuelo y se eleva a los cielos del más allá.







Después de abandonar el castillo y descender de la cumbre, nada más reconfortante que tomarse una copa de vino de pitarra y degustar el maravilloso jamón local, en el típico Mesón Pitogordo.




Había encarado esta visita con mucha ilusión, un viaje preparado durante mucho tiempo, y Montánchez ha conseguido desbordar mis emociones y enaltecer mi pasión de poeta errante y erudito vagamundo.



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