Mostrando entradas con la etiqueta Daniel Boorstin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Daniel Boorstin. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de noviembre de 2019

MIDIENDO LAS HORAS OSCURAS.





Mientras la humanidad vivió cultivando la tierra y apacentando sus rebaños, no hizo mucha falta medir el tiempo en unidades pequeñas. Las estaciones eran lo realmente importante. Mediante ellas se sabía cuándo había que esperar las lluvias, la nieve, el sol, el frío. ¿Para qué molestarse con las horas y los minutos? El tiempo de la luz diurna era el único importante, el único tiempo en que los hombres podían trabajar. Medir el tiempo útil era, pues, medir las horas de sol. No hay en la experiencia cotidiana un cambio más empobrecedor que la pérdida del sentido del contraste entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Nuestro siglo de luces artificiales nos induce a olvidar el significado de la noche. La vida en una ciudad moderna es siempre un tiempo en el que se mezclan la luz y la oscuridad. Pero durante muchísimos siglos la noche fue para la humanidad un sinónimo de la oscuridad que traía consigo toda la amenaza de lo desconocido.
Daniel J. Boorstin. Los descubridores.

viernes, 1 de noviembre de 2019

DESCUBRIMIENTO DEL TIEMPO.




El primer gran descubrimiento fue el tiempo, el terreno de la experiencia. Sólo señalando los meses, las semanas y los años, los días y las horas, los minutos y los segundos, pudo la humanidad liberarse de la cíclica monotonía de la naturaleza. El correr de las sombras, de la arena y del agua, del tiempo mismo, traducido al staccato del reloj, se convirtió en una útil medida de los movimientos del hombre a través del planeta. Los descubrimientos del tiempo y el espacio llegaron a ser una dimensión continua. Las comunidades de tiempo produjeron las primeras comunidades de conocimiento, las maneras de compartir el descubrimiento, una frontera común de lo desconocido.
Daniel J. Boorstin.
Los descubridores.

sábado, 21 de septiembre de 2019

LOS DESCUBRIDORES.




Mi héroe es el Hombre Descubridor. El mundo, tal como lo vemos en la actualidad desde nuestra perspectiva de occidentales instruidos —nuestra idea del tiempo, de la tierra y de los mares; de los cuerpos divinos y de nuestros propios cuerpos; de las plantas y de los animales; de la historia y de las sociedades humanas del pasado y del presente—, tuvo que sernos revelado por innumerables Cristóbal Colón. Ellos permanecen en el anonimato de los profundos nichos del pasado. Emergen a la luz de la historia a medida que nos acercamos al presente, y la lista de personajes es tan variada como la misma naturaleza humana. Los descubrimientos se vuelven episodios de una biografía, tan imprevisibles como los nuevos mundos que nos revelaron los descubridores.


Son también parte de nuestra historia los obstáculos frente al descubrimiento, las falsedades del conocimiento de la época. Sólo podremos comprender el coraje, la temeridad, el espíritu heroico y la imaginación que animaba a los grandes descubridores si los imaginamos contra el olvidado telón de fondo de la tradición heredada y de los mitos de su tiempo. Ellos debieron luchar contra los «hechos admitidos» y los dogmas de los sabios de su tiempo. Yo he intentado revivir esas falsedades, esas ilusiones, he tratado de recordar cómo se concebían la tierra, los continentes y los mares antes de Colón y de Balboa, de Magallanes y del capitán Cook; los cielos antes de Copérnico, Galileo y Kepler; el cuerpo humano antes de Paracelso, Vesalio y Harvey; las plantas y los animales antes de Ray y Linneo, de Darwin y Pasteur; he intentado reconstruir la idea que los hombres tenían del pasado antes de Petrarca y de Winckelmann, de Thomsen y de Schliemann; cómo era imaginada la riqueza antes de Adam Smith y Keynes; el mundo físico y el átomo antes de Newton, Dalton y Faraday, de Clerk Maxwell y Einstein.


Daniel J. Boorstin. Los Descubridores.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...