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martes, 28 de febrero de 2017

BAYBARS, EL PRÍNCIPE TIGRE.



Baybars pasó de huérfano a poderoso sultán mameluco. Había nacido en el seno de alguna tribu esteparia y siendo muy joven fue hecho prisionero y vendido, a bajo precio, en el mercado de esclavos de El Cairo. Al parecer fue adoptado por una viuda rica que le llamó Baybars "Príncipe Tigre" y ahí comenzó su meteórica carrera. 

Ingresó en el cuerpo de los mamelucos y utilizó su astucia e inteligencia para encumbrarse él mismo como sultán de Egipto. Sus éxitos militares le convirtieron en el caudillo musulmán más grande y poderoso desde la muerte de Saladino. Contuvo a los incómodos mongoles y derrotó en repetidas ocasiones a los cruzados, a los que acabó expulsando de Siria. 

Baybars se convirtió en una figura legendaria y literaria. Su vida fue relatada por los narradores de el Libro de Baybars, que está compuesto por unos diez volúmenes. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

SELIM I



Este sultán turco de talle alto, largos brazos y poblado bigotee, que aspiraba a convertirse en un nuevo Alejandro Magno, conquistador universal y soberano de todo el orbe, alcanzó el poder tras encabezar una fuerte oposición y derrocar a su propio padre, Bayaceto II. Comparado con Napoleón Bonaparte, por su marcialidad y austeridad, Selim I se rebeló con un gran gobernante, e indómito conquistador, que mostraba poco interés por la vida amancebada del harén, prefiriendo la caza y la batalla como buen hombre de acción que era. Sus acciones llevaron a Turquía a su máximo apogeo político.

Sus campañas militares resultaron insultantes. Conquistó Persia, Palestina y el Egipto mameluco, del que dependía Arabia, convirtiéndose por tanto, en protector de las ciudades santas de Medina y La Meca. Para asegurar el poder del sultán, evitar trifulcas internas y evitarse enquistados problemas, introdujo una práctica terrible; el asesinato de todos sus hermanos al subir al trono.

“Yo, el jefe soberano de los osmanlíes, héroe de los héroes, con la fuerza y el poder de Feridun, la majestad de Alejandro el Grande y la justicia y la demencia de Cosroes. Yo, el exterminador de los idólatras, el destructor de los herejes, el terror de los tiranos y de los faraones”.


lunes, 12 de octubre de 2015

MAMELUCOS, DE ESCLAVOS A SULTANES.



Aguerridos y disciplinados combatientes, un auténtico martillo que golpea con una fuerza terrible en el campo de batalla, los mamelucos, gente práctica, hombres acostumbrados a durísimas condiciones de vida, rompieron las cadenas de la esclavitud, para sentarse en el trono de sultán y dirigir un poderoso imperio.


Los “mamalik” esclavos, comprados, regalados o cautivos de guerra de diferente procedencia eran habituales en el mundo islámico (donde solían desempeñar funciones marciales) y a comienzos del siglo XIII un sultán egipcio, de la dinastía descendiente del gran Saladino, decidió organizar con ellos un auténtico cuerpo de élite, a imitación de los laureados jenízaros otomanos. A tal fin importó 1.200 esclavos, en su mayoría procedentes del Cáucaso, a los que transformó en su guardia personal. La idea del sultán egipcio era utilizarlos para hacer frente a los salvajes cruzados.

En poco tiempo los mamelucos se convirtieron en una élite guerrera y ya que decidieron rebelarse, tomar el poder, derrocar a los ayubíes y proclamarse sultanes. Trabajando unidos y manteniendo una férrea disciplina, los 1.200 mamelucos y sus descendientes dominaron Egipto durante más de dos centurias, conquistando también las vecinas Siria y Palestina. Además consiguieron conjurar las dos grandes amenazas que se cernían sobre el mundo islámico: los mongoles en Oriente y los cruzados desde el Poniente.

Para asegurarse la legitimidad religiosa contaron con la colaboración (más o menos voluntaria) de los califas abbasíes. Por otro lado patrocinaron las artes, aprovechando para ello el enorme legado cultural que les proporcionaba Egipto.


Durante su reinado los mamelucos convirtieron Egipto en una potencia regional, cuyas fronteras llegaban hasta los límites de otra potencia en ciernes; el estado otomano. En esta época El Cairo era el centro neurálgico y el motor del comercio asiático en el Mediterráneo, llegando a ser el modelo ideal para todas las ciudades del mundo islámico. El lujo y el boato reinaban en la corte mameluca. Hasta aquí llegaron artistas, eruditos y viajeros, como el famoso Ibn Batutta, o Ibn Jaldún, que extasiado ante la belleza cairota escribió:

“Quién no haya visto El Cairo no ha visto la magnitud del Islam, pues ella es la capital del mundo, el jardín del orbe, la asamblea de las naciones, el comienzo de la tierra, el origen del hombre, el iwan del Islam y el trono del reino”.


Pero todo tiene su fin, todo imperio sufre su declive, y el de este Imperio comenzó en 1450. Fueron otros musulmanes, los otomanos de Selim I los que sepultaron bajo las arenas del desierto el glorioso pasado mameluco. Era el año 1517 y tras ser derrotado en batalla, el poder mameluco dejó de existir. 
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