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viernes, 18 de junio de 2021

WHITE RABBIT.

 


Psicoldelia, rock, pacifismo, movimiento hippie y LSD. Mientras los marines hacen la guerra y mueren inútilmente en las selvas de Vietnam, un parte de la juventud estadounidense prefiere hacer el amor, escuchar buenas canciones, experimentar con todo y flipar en colores con alucinógenos. Jefferson Airplane nos invita con este tema a visitar el País de las Maravillas.

White Rabbit, incluida en Surrealistic Pillow de 1967, como el Bolero de Ravel, tiene un crescendo desde las primeras notas suaves hasta llegar al clímax absoluto en la voz de Grace Slick, compositora, pionera y musa del rock psicodélico. Grace Slick compuso la canción inspirada en el Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas y en la hipótesis que sostiene que en su obra, Lewis Carroll, describió los efectos de las drogas alucinógenas. La cierto es que en sus escritos no faltan referencias, un oruga que fuma, una píldora que te hace ver una habitación inmensa o diminuta, el consumo de setas para cambiar de opinión y salir corriendo detrás de un animalillo que sólo tú puedes ver . . . En definitiva, perseguir a nuestro Conejo Blanco, servirá para comenzar una trepidante aventura, dar un giro a nuestra vida o hacer un maravilloso descubrimiento.

viernes, 23 de abril de 2021

THE END.

 


Jim Morrison, Francis Ford Coppola y Marlon Brandon, tres gigantes de la cultura popular del siglo XX. Una película, una canción que quiere hacerse eterna en tu memoria y la Guerra de Vietnam como excusa. El Corazón de las Tinieblas, la Selva Esmeralda y el napalm a primera hora de la mañana. La voz sensual y arrebatadora del carismático líder de The Doors es capaz de silenciar toda la potencia de las valkyrias wagnerianas. Las hélices de un helicoptero, una mugrienta habitación de un hotel en Saigón, la selva incenciada y un barco destartalado navegando por el río Mekong. La soledad absoluta y el inevitable descenso a los infiernos de la locura. Después de escuchar The End, solo queda la nada.

sábado, 9 de noviembre de 2019

LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN.




. . . 9 de Noviembre de 1989, acababa de cumplir doce años, y estaba a punto de presenciar uno de esos acontecimientos que marcaron el final de mi infancia y la adolescencia, la Caída del Muro de Berlín . . . crecí escuchando expresiones como Telón de Acero, Perestroika o Pacto de Varsovia, leyendo noticias o viendo reportajes de la otra Europa, un mundo cercano y lejano a la vez, hermético y peligroso, estudiando las capitales de Yugoslavia, Unión Soviética, República Democrática Alemana, Checoslovaquia o la enigmática Albania, siguiendo la carrera de deportiva de hombres como Robert Prosinecki, Gica Hagi, Drazen Petrovic, Vladimir Tkachenko o Igor Belanov, y de clubes como la Cibona de Zagreb, la Jugoplástika de Split, el Estrella Roja de Belgrado, el Dinamo Dresden o Steaua de Bucarest . . . mi mente fue creando una Europa exótica, con cierto halo de romanticismo, una tierra para vivir aventuras, convertirme en espía, explorar Siberia o perderme en los Montes Cárpatos . . . pero era un mundo inaccesible y peligroso . . .



. . . .aquella mañana de Noviembre todo empezó a cambiar, cayó el Muro de Berlín, y como un castillo de naipes comenzaron a desplomarse uno a uno todos los pilares de aquel sistema comunista . . . la palabra Perestroika despareció de los informativos, el Pacto de Varsovia dejaba de existir y la todopoderosa Unión Soviética quedaba fragmentada en multitud de nuevos estados . . . sin saberlo estaba asistiendo al nacimiento de una Nueva Europa . . . una Nueva Europa que con sus luces y sus sombras, nos permite trabajar, viajar y estudiar en cualquiera de sus ciudades y países, relacionarnos con franceses, italianos y belgas, pero también con húngaros, albaneses o polacos, degustar sus cervezas y platos tradicionales, movernos libremente por todo su territorio, incorporar pueblos y ciudades, rincones pintorescos y monumentos a nuestro propio mundo personal, enriquecernos con todo el acervo cultural que este continente ha ido acumulando a lo largo de siglos . . . me gusta pensar que vivimos en el mejor de los mundos posibles . .
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