sábado, 18 de julio de 2020

LA PIRÁMIDE Y EL TEMPLO DE USERKAF.




Userkaf inició la Dinastía V de la Historia del Egipto Faraónico, y aunque desconocemos los pormenores de sus siete años de reinado, su legado monumental es ciertamente significativo. En primer lugar recuperó la pirámide como tumba, después de la innovación de su predecesor Shepseskaf. Por otro lado, el logro arquitectónico más trascendental de su reinado fue la construcción de un templo dedicado exclusivamente al dio solar Re en Abusir, al norte de Saqqara. Este templo inicia una moda, pues seis de los siete primeros faraones de la Dinastía V, construyen templos de este estilo.


Pero mientras que la enorme pirámide de Necherjet (Zoser) —y las de sus sucesores de la IV Dinastía— había proyectado una imagen inequívoca del poder político del rey, Userkaf eligió un camino distinto, subrayando en cambio el carácter sagrado de su cargo. Aunque su pirámide era un monumento más bien pequeño (con solo unos cincuenta metros de altura, constituía la pirámide real de menor tamaño construida hasta la fecha), se destinaron muchos más recursos a otro monumento completamente independiente y distinto de la tumba del rey. Era un templo solar, construido en Abusir, a mitad de camino entre Saqqara y Giza. A su modo, se trataba de una innovación tan audaz y memorable como la Pirámide Escalonada. Formado por un recinto amurallado de piedra con un simbólico montículo en el centro, el monumento de Userkaf —bautizado como Nejen-Ra, «fortaleza de Ra»— fue diseñado, sobre todo, para subrayar la relación única del rey con el dios solar. En el atrio, bajo los rayos del sol, se celebrarían sacrificios que se consagrarían a Ra en un altar situado frente al montículo. Si hemos de creer lo que afirman las representaciones jeroglíficas contemporáneas, es posible incluso que el montículo estuviera coronado por una percha de madera, para mayor comodidad del dios solar bajo su forma de halcón. Como correspondía a un monumento dedicado a la deidad preeminente, el templo solar contaba con su propia dotación de tierras y personal, y en cuanto institución era como mínimo tan importante como la real pirámide. De hecho, las provisiones destinadas al templo funerario del rey a menudo eran entregadas pasando primero por el templo solar, que actuaba como una especie de «filtro sagrado», lo cual daba a los productos utilizados en la celebración del propio culto del rey un adicional marchamo divino de aprobación.


Los templos solares construidos por Userkaf y sus sucesores de la V Dinastía representaban una audaz tentativa de «dar una nueva imagen» a la realeza egipcia. Incapaz de seguir soportando la carga económica que representaba construir pirámides colosales, la monarquía tenía que encontrar una nueva forma de proyectarse y de subrayar su posición en la cúspide de la sociedad del antiguo Egipto. Y lo hizo alejando al monarca todavía más de la esfera mortal y vinculándolo más estrechamente que nunca al reino de lo divino. En las tres primeras dinastías, la ideología regia había hecho hincapié en la posición del rey como encarnación terrenal del antiguo dios celeste Horus. En la IV Dinastía, Dyedefra había dado un paso más al denominarse a sí mismo «hijo de Ra», añadiendo el dios solar a la red de vinculaciones reales. Basándose en tales precedentes, Userkaf dio expresión concreta a su relación con la divinidad solar, y en la tradición popular posterior sería recordado como el verdadero descendiente de Ra; una sutil teología en lugar de las toscas exhibiciones de poder: la psicología había reemplazado a la tiranía como la herramienta preferida de la propaganda real.
Augue y Caída del Antiguo Egipto.
Toby Wilkinson.



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