sábado, 6 de febrero de 2016

LOS GREMIOS DE BERNA.



Gran parte de la riqueza secular de Berna, la capital de Suiza, procedía de los dinámicos gremios que desde la Plena Edad Media se fueron desarrollando en la ciudad. En la actualidad es un auténtico placer para los sentidos, pasear por sus calles y detenerse a cada pocos pasos a observar, ensimismado, los símbolos, que toman distintas formas, de esos antiguos gremios.
















viernes, 5 de febrero de 2016

RECORDANDO A SÓCRATES.



Patente de Corso. Columna de Arturo Pérez Reverte en XL Semanal. Publicada el 08/12/2014

Lo hermoso de las bibliotecas, de los libros, es que éstos son como las cerezas. Tiras de uno, y éste arrastra a otros, a los que acaba por llevarte de modo inevitable. Se tejen así maravillosas relaciones, a veces en apariencia imposibles; vínculos entre situaciones o cosas cuyo principal hilo conductor eres tú mismo. A veces, sin embargo, esa asociación es fácil. Lógica. De las que saltan a la vista y de pronto te abruman porque, pese a ser evidentes, no habías sido capaz de verlas hasta ese momento. Eso me ocurrió el otro día, cuando pasaba las páginas de los Recuerdos de Sócrates de Jenofonte, el que también contó -porque estuvo en ella- la retirada de los 10.000 mercenarios griegos de Persia cuya epopeya conocemos por Anábasis. Desde que lo traduje en el cole vuelvo a Jenofonte de vez en cuando, pues la historia que aquellos hombres avanzando por territorio hostil, buscando el mar para volver a casa, rodeados de enemigos y sabiendo que la palabra derrota significaba exterminio, la he tenido presente muchas veces, y creo que es un estupendo símbolo, o útil vademécum, para muchos de los territorios inciertos por los que transita el hombre moderno.

Pero me desvío. Estaba con el amigo Jenofonte, como digo, y hojeándolo me fui a unas líneas que, a su vez, me hicieron levantarme y buscar en los estantes otro libro, y otro al fin, y al cabo terminé con cuatro o cinco de ellos abiertos alrededor, comparando citas y usando como llave maestra para todos ellos Una profesión peligrosa, de mi querido amigo el profesor Luciano Canfora. Y sucedió que al rato encendí la tele para ver un rato el telediario, y allí -son los azares maravillosos de la vida- salió un político de ésos con los que no terminas de tener claro si son unos sinvergüenzas o unos cantamañanas, aunque sospechas que navegan a remo y a vela, diciendo literalmente: «En una verdadera democracia, la voz del pueblo está por encima de cualquier ley». Y oyéndolo, fui y me dije anda tú, lo bien que suena y lo redondo que me lo habría tragado, a lo mejor, de no haberme pasado tres horas antes con Sócrates, Jenofonte, Canfora y alguno más, leyendo callado y con mucho respeto, no fueran a decir ellos de mí lo que Sócrates dijo que diría Eutidemo: «Nunca me preocupé de tener un maestro sabio, sino que me he pasado la vida procurando no sólo no aprender nada de nadie, sino también alardeando de ello».

Y es que eso es lo bueno de leer cosas. De saber por dónde te andas, o al menos intentarlo. Que cuando vives en una verdadera democracia y te llega un político sinvergüenza o un cantamañanas, o un híbrido de ambos, y te dice que la voz del pueblo -llámese Eutidemo o llámese como se llame- está por encima de la ley, te acuerdas de Sócrates. Y de pronto, lo que sonaba tan bien resulta que ya no suena tanto. Y te da la risa; o a lo mejor, si eres español y a estas alturas te quedan pocas ganas de reír, detalle comprensible, vas y te ciscas en su pastelera madre. Porque te acuerdas, por ejemplo, de la batalla de las islas Arginusas (año 406 a.C.), tras la que unos generales atenienses fueron juzgados y condenados por una asamblea popular que se pasó las formalidades legales por el forro de las túnicas. «Es intolerable que se impida al pueblo hacer su voluntad», argumentaron, proclamando la superioridad de esa voluntad del pueblo frente a la ley que, aplicada con rigor, habría exculpado a los generales. Y lo que es más significativo, amenazaron a los jueces, si se oponían al deseo del pueblo soberano, con ser declarados culpables junto a los generales. Por supuesto, los jueces se curaron en salud y se plegaron a la voluntad popular. Y los generales fueron ejecutados. Sólo Sócrates, que era uno de los jueces, se negó. Con un par. Ni voluntad popular ni pepinillos en vinagre, dijo. Él no reconocía otra autoridad que la ley. Y fue el único.

El pueblo ateniense nunca olvidó aquello. La opinión pública no perdonó que Sócrates se negara a aprobar que la vulneración de la ley, cuando se hace en nombre de una real o supuesta voluntad popular, pueda tolerarse por un Estado sólido, adulto, seguro de sí mismo y de sus instituciones. Y eso influyó más tarde en su proceso, cuando fue sentenciado a suicidarse bebiendo veneno. También allí, llegado el caso, Sócrates fue fiel a sí mismo. En vez de huir, como habría podido hacerlo, permaneció en Atenas, acató la ley que lo condenaba, y pagó con su vida aquella digna coherencia.

Ahora, por simple curiosidad, pregúntense ustedes cuántos políticos españoles saben quién fue Sócrates. Y lo que les importa.

CHILDERICO.



Me encanta la personalidad de los nombres francos. También de los reyes visigodos, con sonoridad, fuerza y empaque. Hijo y sucesor de Meroveo (fundador de la dinastía merovingia), Childerico fue un rey de los francos, famoso por sus muchos vicios y devaneos amorosos. No perdía oportunidad de cortejar y yacer con las mujeres de sus nobles, una actitud que le produjo más de un quebradero de cabeza. En combate derrotó a los hérulos de Odoacro, y también se enfrentó a visigodos y lombardos. Su hijo, Clodoveo, abrazó el cristianismo y dedicó su vida a fortalecer el Reino de los Francos.  

ABUL-ABBAS, EL ELEFANTE DE CARLOMAGNO.



En el 802, dos años después de su coronación como emperador, llegaba a la corte de Carlomagno en Aquisgrán, un exótico presente del señor de Bagdad, Harún Al Rashid, el famoso califa de las “Mil y una Noche”, un elefante asiático excepcional, por cuanto que se trataba de un ejemplar albino, que hacia gala de un nombre cargado de simbolismo; Abul Abbas (el mismo que el fundador del Califato Abbasí).


El viaje de Abul Abbas desde Oriente a la capital del Imperio Carolingio se prolongó varios meses y tuvo que ser una epopeya digna de una novela de aventuras o de un buen guión cinematográfico. El elefante y su mahout (cuidador y guía), un judío llamado Isaac, cruzaron el Norte de África hasta Kairuán donde tomaron una nave para cruzar el Mediterráneo. Desembarcaron en octubre del 801 en Portovénere (Italia), y como las primeras nieves habían empezado a caer, invernaron en Vercelli. Al despuntar la primavera, reanudaron la marcha, y después de atravesar los siempre complicado Alpes, arribaron a la corte de Aquisgrán en pleno verano.


El famoso elefante vivió varios años junto a Carlomagno, y se cuenta que el emperador incluso pensó utilizarlo en una campaña militar contra Dinamarca. Abul Abbas, posiblemente el primer elefante en alcanzar el Norte de Europa (en época histórica) falleció en el 810 (hay quien dice que de una neumonía) cuando contaba con cuarenta años de edad.


jueves, 4 de febrero de 2016

FULCO DE VILLARET.



Gran Maestre de la Orden de Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, en el año 1310 dirigió a sus hermanos caballeros en la conquista de la isla de Rodas, que se convirtió a partir de ese momento en la nueva sede de la orden. No obstante, los caballeros de la orden, indignados por la mala conducta de Fulco, le obligaron a renunciar al maestrazgo.  

MIRCEA CEL BATRAN SI LUPTELE CU TURJCII





































SIR WILLIAM DEYNCOURT.



Todos los que vimos Braveheart (triunfadora en los Oscars de 1996) durante nuestra adolescencia, nunca podemos olvidar una fecha, 1314, y una batalla, Bannockburn. Aquel día los escoceses dieron una tremenda paliza a sus odiados ingleses. Esa jornada la orgullosa caballería inglesa quedó hecha trizas contra las eficientes lanzas caledonias. En el momento álgido de la batalla, Sir Thomsa Grey y Sir William Deyncourt cargaron con todo lo que tenían. Los piqueros derribaron a Thomas que se convirtió en prisionero. William penetró en el “schiltron”un afliado bosque de lanzas, donde encontró su gloriosa muerte.  

HUGO DE LACY



Caballero de origen normando que acompañó al rey Enrique II en la conquista y sometimiento de Irlanda. Cuando Enrique abandonó la Isla Esmeralda, dejó a Hugo de Lacy al frente de Dublín, una ciudad clave para conseguir el control efectivo de la isla. Convertido en señor y enfrentado abiertamente con su antiguo señor, Hugo fue asesinado mientras supervisaba la construcción de un castillo.  
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