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miércoles, 22 de marzo de 2017

RAMIL.



Casi en el arrabal de Triacastella, Ramil es otra pequeña aldea xacobea. Aquí almacenaban los monjes de Samos las rentas recaudadas en especies.  

domingo, 22 de enero de 2017

PASANTES.



Una pequeña aldea de las de antes, clavada a la tierra y dedicada por entero a la actividad agraria. Sus labriegos alimentan a los señores de Tricastela. 


La capilla, Os Remedios, es lo más destacado del lugar.  

lunes, 24 de noviembre de 2014

TRIACASTELA



Tres castillos, o mejor dicho, tres castros, cuya función en las Edades del Bronce y el Hierro, se puede asimilar a la de los Castillos durante la Edad Media. Enclavada en el Valle del río Oribio (Val do Oribio) es otro de esos pueblos preciosos y maravillosos que te encuentras el Camino. Un lugar que desaparece mañana por la mañana cuando sigues el camino.


Triacastela era el final del XI etapa según el Códice Calixtino. El rey Alfonso IX puso todo su empeño en crear aquí un importante y desarrollado burgo. Quizás su objetivo era contrarrestar la influencia del monasterio de Samos y de los monjes del Monte Cebreiro. Pero fue un fracaso y quedó en una simple aldea en el camino.



Los tres castillos (Tria-castella) que lucen torres en la portada de la iglesia de Santiago, fortaleza varonil y símbolo de lo masculino, comparte espacio con la concha femenina. Aquí nada queda nunca al azar.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

PARROQUIA DE SANTIAGO EN TRICASTELA.



Edificio románico, rodeado por almas cristianas que duermen en tierras sacras, al pie de las montañas. La portada, Santiago peregrino sobre tres castillos, materialización del topónimo Tri-Castella. 


Y no puede faltar la concha, el eterno símbolo femenino. Me acerco a Compostela y me va surgiendo una duda ¿fue Santiago una mujer? O más sencillo aún ¿el Apóstol usurpó su lugar a una matriarca gallega? una de esas mujeres que gobernaba un clan, o incluso un castro entero..



La pétrea, pequeña y sobria iglesia de Tricastela, un templo de estilo románico reformado en el siglo XVIII, hundida en un valle, rodeada de tumbas, cercadas por una pequeña muralla de piedra, un cementerio, un lugar en el que nada vuelve a ser como fue. 


¿El lugar definitivo? Sobrecoge por la belleza natural, por la solemnidad perpetua de la piedra, que se contrapone a la vida efímera, a la carne que mora bajo tierra, a huesos blanquecinos, eternos como la propia piedra, testimonio atemporal de la vida que sustentaron. Lápidas cubiertas de vegetación viva recubren el recipiente de los muertos, volvemos al seno de la madre tierra. Vegetación, iglesia, viento, cielo gris, montañas y tumbas. Un lugar y un momento sublimes.


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