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martes, 5 de junio de 2018

OSIRIS.



La escritura egipcia nos contó la historia del dios Osiris y de su hermana Isis. Osiris fue asesinado en alguno de esos líos de familia frecuentes en la tierra y en el cielo, y fue descuartizado y se perdió en las profundidades del Nilo.

Isis, su hermana, su amante, se sumergió y recogió sus pedacitos, y uno por uno los fue pegando con barro, y de barro modeló lo que faltaba. Y cuando el cuerpo estuvo completo, lo acostó en la orilla.

Ese barro, revuelto por el Nilo, tenía granos de cebada y otras plantas.
El cuerpo de Osiris, cuerpo brotado, se alzó y caminó.

Eduardo Galeano Espejos.

Una historia casi universal

jueves, 25 de febrero de 2016

DIOSA HATHOR.



Esta figura femenina de bellas facciones, que procede del templo mortuorio del faraón Amenhotep III en Tebas, luce una peluca dividida en tres partes, elemento que indica que estamos ante una diosa. Los arqueólogos piensan que se trata de Hathor y la figura formaba parte de un conjunto, situada a la izquierda de Amenhotep III, con el dos Osiris a la derecha.  

domingo, 14 de junio de 2015

DE LA CUEVA AL TEMPLO.



Desde un principio, mucho antes de la historia escrita, el ser humano encontró refugio en la cueva. Mientras desarrollaba su cotidianidad, pronto dicha oquedad se convirtió en un lugar mágico, centro de iniciación, en la que los artistas supieron plasmar en sus paredes rocosas ese día a día pero también ceremonias y rituales. Cuando el hombre pasó del nomadismo al sedentarismo, dando nacimiento a la agricultura, ya poseía un desarrollo de conciencia suficiente para usar el símbolo como representación de sus conocimientos. Conceptos e ideas trascendentes, culto a los muertos y una visión personal de cuanto le rodeaba.

Pronto floreció el Megalitismo. Dólmenes, menhires, cromlechs, sepulcros de corredor y más tarde construcciones ciclópeas fueron el testimonio que nos legaron. La importancia del culto a la piedra se pierde en la noche de los tiempos. El propio Platón utilizó la caverna como arquetipo cósmico y como símbolo ético y moral. Esa cavidad en las entrañas de la tierra representaba el útero o la matriz materna. Para dicho filósofo, la visión de la cueva era como la representación del purgatorio donde la luz solo se percibe como reflejo y los seres solo como sombras, esperando su conversión para la ascensión del alma hacia el mundo de las ideas. Mircea Eliade, consideraba a la cueva como una representación del yo interior y del yo profundo del inconsciente, materialización del Regresus ad uterum.

A imagen del cosmos, el suelo corresponde a la Tierra y su bóveda al Cielo. Para los taoístas, la montaña sagrada de K'uenLuen, centro del mundo, contiene una cueva secreta por la que se regresa al estado primordial antes de la salida hacia el cosmos. En la arquitectura tradicional de la India, cuando el templo se halla esculpido en la roca posee en su interior un stupa, cuyo monumento posee a su vez en sus entrañas, reliquias que son consideradas sagradas. La caverna de Abu Ya'qûb es la caverna primordial, conocida en el esoterismo islámico como Tawîl o regreso a la sustancia central. El Templo de Osiris en Egipto, lugar conocido únicamente por los grandes iniciados, estaba tallado también en la roca y formado por una gran sala que se abría a las criptas subterráneas. Los propios esenios se reunían en una gran cavidad en el interior de la montaña, en la que se encontraba una gran mesa con asientos de piedra. Poseía dos entradas; una para los iniciados y otra para los maestros. En las Escrituras, Génesis, capítulo XXI, versículo 29, el moribundo Jacob ruega a sus hijos para ser enterrado en la «doble cueva» del campo de Efron Hetheén.

Estos enclaves iniciáticos eran el lugar del nuevo nacimiento y de la regeneración. El adepto era recibido, moría en su vida material, abandonaba lo sensible para salir completamente trans formado y lleno de una nueva vida, la vida del iniciado. Era una transformación de conciencia, una catarsis, una muerte simbólica y un renacimiento hacia un nuevo estado del ser. Estas tradiciones ancestrales que se llevaban a cabo por la vía de la tradición oral, pronto se vieron relegadas con la imposición de la nueva religión imperante, el Cristianismo. El culto a las piedras se vio combatido por el Concilio de Arles. A pesar de la prohibición, el ser humano siguió con la tradición de sus antepasados. Solo existían dos soluciones: destruir los megalitos o recuperarlos para sí. Algunos fueron destruidos, pero finalmente se optó por la segunda de ellas. Se esculpieron cruces, se construyeron iglesias en sus cercanías e incluso encima de ellos. Prueba evidente de su sacralidad.

Con el paso de los siglos, ermitas, iglesias y catedrales, éstas últimas en época de máximo apogeo de la Edad Media, conservaron en su iconografía aquellos conceptos considerados secretos, ocultos, procedentes de ceremonias, ritos e iniciaciones ancestrales que quedaban en la memoria del acervo popular y que las nuevas imposiciones eclesiásticas no lograron borrar con sus dogmas y credos. Los templos venían a tener el mismo significado ancestral. El suelo enlosado era la Tierra y las nervaduras, contrafuertes y demás elementos arquitectónicos que sostenían la bóveda representaban al Cielo.

Los lugares llamados actualmente «de poder», en el que confluyen las denominadas fuerzas telúricas y que estudia la moderna Geobiología, poseen una larga tradición como enclaves sagrados en los que el hombre unía la tierra con el cielo y que aparecen en todos los pueblos y culturas del planeta. Pinturas y grabados de todos los tiempos han representado esas fuerzas que el ser humano ha aprovechado para ir en pos de su trascendencia y en las que erigió megalitos, templos, y más tarde, con el paso de los siglos, ermitas, iglesias y catedrales.

Corrientes de aguas subterráneas, fuentes, manantiales, cuevas prehistóricas, castros y un sinfín de asentamientos humanos se edificaron en estos enclaves o en sus cercanías, aprovechando esas fuerzas de la Madre Tierra, denominadas como las venas del dragón por el Feng Shui o Wouivres por los celtas. Fuerzas que empiezan a ser investigadas actualmente y con resultados sorprendentes.
Xavier Musquera. Ocultismo Medieval.
Introducción.


lunes, 1 de septiembre de 2014

EGIPTO EN EL MUSEO DE HISTORIA DEL ARTE DE VIENA.



Viena es una ciudad de arte y cultura. Muchos de los visitantes aprovechan para acercarse a alguno de sus museos. Y sin lugar a dudas cuando hablamos de arte, Egipto ocupa un lugar de privilegio. El Museo de Historia del Arte cuenta con una preciosa colección de antiguedades egipcias que hará las delicias de sus visitantes.  



Sacmet nos da la bienvenida.


Columnas papiriformes sostienen las cubiertas de las salas del museo, que sumergen al hombre actual en la magia del antiguo Egipto. 


Máscara de momia de la época Ptolemaica. 


Sarcófagos para momias. 


Mirada desde el más allá. Mirada desde el lejano pasado de exóticas tierras. Desde que el incansable viajero Heródoto recorrió Egipto, el país del Nilo ha espoleado el imaginario de Occidente. 


La rica y variada fauna avícola del Nilo era objeto de caza y también de veneración. 



Momia de Penbes adornada con una red de cuentas engastadas que conforman diversos motivos y dibujos.



Ushebtis, los que responden, eran los servidores para el más allá. Se elaboraban en piedra, madera, fayenza y lapislázuli. 


Ushebti de Sen - nedjem, de la dinastía XIX. Las fórmulas de los Textos de los Sarcófagos y los versos del Libro de los Muertos, inscritos en las figurillas, obraban el milagro. El ushebti volvía a la vida y presto se ponía al servicio del difunto.


Estela de Mer-bast-it. 


Estatuilla de un dios con cabeza de buitre. En ambos hombres, aparece en rojo, el disco solar. 


Estela funeraria del sacerdote Hahat de la dinastía XXVI. 


Orfebrería de alta calidad. Brazalete, pectoral y corona para realzar la belleza de una poderosa dama. 


Hipopótamo de fayenza. Estas esculturas fueron muy habituales en el país del Nilo. 


Venda preparada para momificar al difunto. La cultura egipcia, al menos en gran parte, giraba en torno a la preparación para la muerte. 


Amuleto fálico de Osiris. 


Isis alada en su función de deidad protectora. 


El babuino es otro de los animales típicos del Egipto faraónico.


Cabeza de carnero que representa la gran dios Amón. Dinastía XIX/XX.


Diosa Isis con Horus niño en su faceta de Diosa Madre. Parece claro donde debemos buscar el origen de las representaciones de la Virgen María y el niño Jesús. 


Cabeza del buey Apis con el disco solar colocado entre los cuernos. 


Tot, el dios de los escribas, en su forma de elegante Ibis, habitante de las fértiles orillas del Nilo. Los ibis eran venerados por los egipcios, incluso momificados, por eso muchas veces se fabricaban esculturas votivas como esta. Plata, madera, yeso y vidrio son los materiales que dan forma a este precioso ejemplar. 


Sandalias confeccionadas con juncos. Varias capas de juncos se superponían y se cosían unas a otras. 


Utillaje variado, confeccionado y utilizado por los propios campesinos. 


Collar de cuentas.


Espejo de la Baja Época.



Collares, pulseras, ungüentarios, anillos, pendientes y otros objetos de tocador. 


Anillos de lapislázuli.


Estatua de Kai-pu- Ptah y su esposa Ipep. 


Escultura de Ba - baef. 



Cabeza de una estatua de Ba-baef, un alto funcionario de la corte de un rey de la Dinastía V. Esta posición le permitía tener una serie de estatuas a su disposición. 


Estatua de Snefru nefer, un importante y opulento cortesano, cantante, compositor y jefe de mantenimiento de palacio, durante (posiblemente) la Dinastía V. 


Cabeza de la esfinge del faraón Sesostris III.


Estela de Haya. En el registro superior el dios Osiris entronizado con flagelo en la mano es cortejado por Isis y Horus.


Estela de Amen- mose. El dios momificado Osiris sentado en el trono, domina el centro alto de la paleta, y delante de él una mesa de ofrendas con panes, carnes y frutas.


Estatua de Imhotep sedente sujetando un papiro con ambas manos. 


Cabeza colosal de una estatua regia. Sus facciones son típicas de la época ptolemaica. 


Busto de un ¿joven rey?.


Elefante de época ptolemaica. 


León mordiendo a su presa.


Estatua cubo de Nimlot. Nimlot fue hijo de Sheshonq I, el fundador de la dinastía XXII.



Estela de Amenhotep II. Originaria de Elefantina, narra las victorias del faraón en Siria y las dedicatorias, de botín y prisioneros de guerra, al templo de Khnum en Elefantina. El propio Amenhotep aparece representado en compañía de algunos disos como Amón, Anubis....



Busto de mujer, posiblemente una joven princesa. El estilo sugiere que esta escultura podemos datarla durante el reinado de Tutmosis III. 






Estatuas de la diosa Sacmet, la terrible leona guerrera. Una de ellas sostiene en una mano la llave de la vida o Ankh. 



Parte superior de una escultura idealizada del rey Tutmosis III. La identificación se hace por comparación con otras estatuas de dicho rey.



Babuino con un rey ¿Amenofis II (o Amenhotep II)?. Dinastía XVIII. 



Hermoso torso femenino de época ptolemaica. Posiblemente una mujer de la familia real. 




Sarcófago del sacerdote Pa-nehem-Isis. Notable ejemplo de la época ptolemaica, con un gran rostro e imágenes y textos cubriendo toda la superficie basáltica. 



Grupo escultórico del dios Horus y el rey Horemheb. 



Estatua de un dios semidesconocido, Imi Khent Wer, según una inscripción de la propia estatua. 



Triada de Meri-Ptah, Kafi y Sa-Isis.



Escultura de Sebek-em-saf, el heraldo de Tebas, un personaje que no pertenece a la realeza. El mandil anudado bajo el pecho es el vestido típico de los altos funcionarios. 



Estela de Senbef e Ipta. Un gran signo ankh encuadrado en una ventana rectangular domina la estela. A ambos lados de la ventana dos momias masculinas. Los textos hacen referencia a la calle procesional de los misterios de Osiris, lo que indica la procedencia; Abydos.



Pataikos. Amuleto de fayenza con forma de enano desnudo.


Escultura de portaestandarte del Imperio Nuevo.

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