El verde prado teñido por la
sangre derramada por tantos valerosos hombres, rezumaba un pútrido
hedor a muerte, las aves carroñeras daban buena cuenta de los
cadáveres. Veíamos por doquier a decenas de personas registrando
los cuerpos yacientes en busca de cualquier objeto de valor que
pudiesen sustraer de los muertos. Todo ello en medio de un tenue
murmullo y de los alaridos de los agonizantes moribundos, que sentían
como les abandonaban las fuerzas, como sus almas se prestaban a salir
de sus cuerpos, al exhalar los últimos suspiros aquellos
desgraciados.
Mostrando entradas con la etiqueta Historia Ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia Ficción. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de marzo de 2018
jueves, 12 de enero de 2017
DINOSAUROIDE, REPTILES EVOLUCIONADOS, HUMANIZADOS E INTELIGENTES.
Saurios escamosos, erguidos y
bípedos, ataviados con taparrabos y armados con lanzas, arcos y
flechas para cazar. Organizados en pequeños grupos tribales,
dominando el fuego y viviendo en cavernas. ¿Pudo llegar a ocurrir
algo así? ¿Existirá un ignoto exoplaneta, que orbita alrededor de
una lejana estrella situada a millones de años luz de la Tierra y
habitado por seres reptilianos inteligentes? ¿Fue posible que la
evolución hubiese engendrado este tipo de criaturas?. Algunos
científicos (unos pocos) opinan que sí.
En el año 1982 (el mismo año
que Naranjito se convirtió en símbolo de la apertura de España al
mundo) el paleontólogo Dale Russell publicó un artículo en el que
describía la reconstrucción de Stenonychosaurus – actualmente
troodo – un dinosaurio que presentaba un destacado volumen craneal.
En un alarde de creatividad y cierto atrevimiento inherentes a todo
buen científico, Russell planteó una sugerente hipótesis. Imaginó
la posible evolución de troodon se no se hubiese extinguido.
Bautizó a su hipotético reptil dinosauroide, un dinosaurio con gran
capacidad intelectual, que caminaba erguido y era capaz de fabricar
herramientas e ideas tácticas útiles para garantizar su
supervivencia. Una criatura que puebla tierras desconocidas y mundos
imaginarios, como esos planetas que visitan los miembros de la
tripulación del Enterprise.
Para plantear su hipótesis
Russell partió del estudio anatómico del troodon y de su enorme
volumen craneal. El dinosaurio habría seguido un proceso evolutivo
paralelo al de los homínidos, aumentando el tamaño y la capacidad
del cerebro, una circunstancia que le obligaría a adquirir posición
erecta y acortar el cuello para soportar mejor el peso de la cabeza.
Por lo demás, al igual que los homínidos, cambió la morfología
del pie y liberó las manos, que ahora las podría utilizar para
transportar útiles. Evidentemente, y como cabría esperar, esta
hipótesis cuenta con una gran oposición entre la comunidad
científica internacional. La hipótesis de Russell ha sido
criticada. sobre todo, por haber explicado el desarrollo de su
dinosauroide teniendo como referente exclusivo al ser humano; la
antropomorfización del reptil.
Posteriormente un tal Conway
Morris publicó un libro “Inevitable humans in a lonely
Universe” en el que postula la convergencia evolutiva. Según
esta teoría la evolución siempre repite las mismas soluciones para
los problemas biológicos, de tal forma que los rasgos más perfectos
se corresponderían con los de un bípedo inteligente. Algunos
exobiólogos (entusiastas de la búsqueda de vida – a ser posible
inteligente – en otros planetas) se apoyan en los esquemas de
Morris para teorizar sobre la morfología de la vida inteligente
extraterrestre. Desde el principio de los tiempos, desde las primeras
manifestaciones artísticas y literarias tendemos a humanizar la
naturaleza, observamos e interpretamos el mundo en clave humana
¿acaso puede ser de otra manera?.
El dinosauroide de Russell era un
reptil bípedo, provisto de un gran cerebro y ojos enormes, manos de
tres dedos y ausencia de genitales externos (como todos los
reptiles). Un ser, sin duda, que nos traslada a la novela y al cine
de ciencia ficción. La región reptiliana de nuestro cerebro nos
pone en contacto con nuestro yo saurio.
Evolución ficción, una
confrontación letal entre dinosauroides y neandertales, de la que se
aprovechó sapiens para imponerse a ambas especies, extinguirlos y
dominar el planeta.
En un alarde de imaginación sin
límites, hay quien se aventura a pensar en una especie de dinosaurio
inteligente, que hace varios millones de años fue capaz de
desarrollar una tecnología que les permitió colonizar otros
planetas. ¿Quién no recuerda la serie V?.
La catástrofe que acabó con los
grandes dinosaurios también borró las huellas de esta civilización.
Al fin y al cabo ¿qué quedará de la especia humana en la Tierra
dentro de 70 millones de años?. Si hacemos un pequeño esfuerzo
podemos visualizar a un barbudo Charlton Heston horrorizado al
aterrizar en un lugar yermo y devastado y descubrir que se encuentra
en “el Planeta de los Dinosaurios”.
Isaac Asimov, Edgar Rice
Burroughs, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke o Jules Verne, maestros de
la ciencia ficción nos ha enseñado a soñar con lo imposible. Más
ficción que ciencia, pesa más la ilusión que el empirismo, la
fantasía que la física, pero no obstante, las leyes de la evolución
ni son lineales, ni son aceptadas por todos. La ciencia ficción, un
terrero abonado para la especulación filosófica, elucubramos sobre
sociedades utópicas o distópicas, desarrolladas en este planeta o
en una galaxia muy, muy lejana.
Escribiendo este post he tenido
una regresión a mi infancia y he revivido mir primer contacto con la
ciencia ficción, la serie animada “Érase una vez el espacio”.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
LA REPÚBLICA MARINERA DE CÁDIZ. UNA FICCIÓN.
La
Perla del Atlántico, con su cúpula catedralicia brillando orgullosa
más que el propio Sol; la luz del Océano, hacen de Cádiz, el Faro
de Occidente. Paseando por ciudades portuarias europeas no puedo
dejar de preguntarme ¿pudo Cádiz haber sido una república marinera
el estilo de Génova o Venecia?. ¿En qué momento perdimos los
gaditanos el timón de nuestro destino?.
......las
naves gadiritas dominan el Mediterráneo Occidental, comercian con
Oriente y se lanzan a abrir nuevas rutas oceánicas. Una época en
que Venecia, Brujas y Cádiz,cada una desde su rincón, se disputan
los principales mercados del Viejo Mundo. Los cónsules gaditanos
gestionan los negocios de la república en los puertos más
relevantes del Mediterráneo. Soldados y mercenarios gaditanos
lucharon a favor de la Vieja Ragusa para sacudirse el yugo de la
Serenissima República de San Marcos. La plata del antiguo Tartessos,
ayudaron al ejército del albanés Skanderbeg en su exitosa
resistencia ante el Turco. Y perdida toda esperanza de salvar
Bizancio, comerciantes y cónsules gaditanos abanonan el Cuerno de
Oro, dejan a merced de los otomanos el Bósforo y huyen (sabiamente)
de la ciudad antes que Mehmet II cerrase el cerco.
Exploradores
gaditanos competían con los portueses por ser los primeros en
conquistar las Islas Canarias, circunnavegar África y llegar a la
India a través del Océano Meridional. Marineros enrolados en sus
naves y banqueros del Pópulo financiaron el viaje de un desconocido
almirante Cristobal Colón, dispuesto a unir dos mundos que se
ignoraban. También proporcionaban artillería a los Reyes Católicos
para sus campañas granadinas, al mismo tiempo que vendían armas y
víveres a los nazaríes que resistían en su reino. Durante siglos
monopolizaron el comercio con América, y pagaban a los corsarios
ingleses para que defendieran los intereses gaditanos en aguas de los
siete mares. Nunca rindió pleitesía a los Austria, nunca firmó la
adhesión a la monarquía borbónica. Resistió a Napoleón, y puso
en marcha la primera constitución española.
Bajo
el lema "el gaditano nace dónde le da la gana" la
ciudad prosperó gracias a la colaboración, al empuje y al trabajo
común de gentes de toda condición, venidas de todo lugar: judíos,
musulmanes, cristianos, italianos, normandos o eslavos, todos eran
bien recibidos.
Cuando
llega febrero, el Parlamento Popular, habla, los políticos
ineficaces y los gerentes corruptos nunca subieron al patíbulo. El
castigo era mucho peor; el ostracismo, castigado para siempre sin
volver a pisar la Tacita.
La
privilegiada situación de su puerto, protegido por una bahía
natural, otorgó a los gaditanos la hegemonía sobre sus vecinos. En
los siglos XVI y XVII, el Imperio terrestre gaditano se extendía más
allá del Campo de Jerez, cuya capital fue vasalla de Cádiz durante
centurias, e incluso a finales de 1600, la próspera metrópoli
sevillana fue anexionada por la República Gaditana después de una
larga y victoriosa guerra.
Por
la Universidad Gaditana pasaron grandes genios para tratar de captar
el alma de Cádiz: Galileo, Kepler o Newton. Incluso Dante residió
aquí durante su exilio, y si en Verona escribió sobre el infierno,
junto a la Caleta, pudo imaginar el Paraíso.
Y
llegó Napoleón, y los vastos dominios gaditanos, quedaron reducidos
a su capital. Sevilla, Jerez, Puerto Real, San Fernando fueron
cayendo en poder del francés, pero jamás llegaron a ocupar el
corazón de Cádiz. La capital pudo salvarse pero poco a poco, su
gloria quedó sepultada. Las bombas tornaron en coplas y el gaditano
buscó refugio en carnaval.
Pasaron
los días, los años y las décadas, y entre bromas e ironías, risas
y broncas, los gaditanos soñamos haber conocido el mundo sin
movernos de casa, sentimos que pudimos haber sido dueños de nuestro
destino, y que dejamos escapar la oportunidad. Como los venecianos,
vimos que Cádiz se hundía en el lodo del olvido y la desesperanza,
que extranjeros y advenedizos cercenaban nuestras ilusiones, y contra
todo eso los gaditanos aprendimos algo, que en pocos sitios enseñan:
reírnos de nuestras desgracias y ser felices por encima de cualquier
circunstancia.
De
San Marcos a San Antonio, de Lisboa a Santa María, de Brujas a La
Caleta, de Génova al Pópulo, o de Ragusa, la Perla del Adriático,
a Cádiz, Tacita de Plata. Ciudades bendecidas por el mar y por la
luz, portuarias y canallas, marineras y contrabandistas, orgullosas y
eternas. Caminamos por Europa, pero nunca dejaremos de regresar a la
Bahía.
Vuelvo
a pasear, desde la Caleta al Campo del Sur, y mientras contemplo el
mar, mi mar, me asalta una duda ¿fue todo una fantasía?.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







