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domingo, 27 de enero de 2019

CAZADORES, NÓMADAS, GUERREROS.




Las invasiones fulgurantes de los turcomongoles – desde los hunos en el siglo IV hasta Tamerlán (1360 – 1404) – se inspiraban en el modelo mítico de los cazadores primitivos de Eurasia: el predador que persigue la caza en la estepa. La rapidez y lo imprevisible de sus movimientos, el exterminio de poblaciones enteras, la aniquilación de los signos externos de la cultura sedentaria (ciudades y aldeas) hacen que los jinetes hunos, ávaros, turcos y mongoles se parezcan a las manadas de lobos que dan caza a los cérvidos de las estepas o atacan los rebaños de los pastores nómadas. No cabe duda de que los jefes militares conocían perfectamente la importancia estratégica y las consecuencias políticas de aquel comportamiento, pero es cierto también que en todo ello desempeñaba un papel importante el prestigio mítico del cazador por excelencia, el animal predador. Muchas tribus altaicas reinvindicaban como antepasado a un lobo sobrenatural.
Mirce Eliade.
Historia de las creencias y de las ideas religiosas.

martes, 27 de octubre de 2015

BAYACETO I, EL RAYO.



La victoria en la Batalla de Kosovo (1389) fue letal para el sultán otomano, Murad I que murió allí mismo. Con el cadáver aún caliente de su padre, Bayaceto I se proclamó nuevo sultán del Imperio. Bayaceto, apodado el Rayo, fue un triunfante sultán, de trágico final; de los altares de la monarquía a besar el suelo como esclavo.


Bayaceto mató a sus hermanos para acceder al poder, instaurando una nueva tradición, una práctica que fue institucionalizada más tarde por Mehmet II. Una vez en el poder, Bayaceto I protagonizó una victoriaosa carrera militar, afirmando su intención de conquistar el Reino de Hungría, la Península Italiana y abrevar a su montura en el mismísimo altar de San Pedro en Roma. No obstante, su bravuconería no estaba reñida con sus excelentes capacidades para la guerra; completó la conquista de Asia Menor y destrozó a un gran ejército cristiano en la batalla de Nicópolis (1396), dejando prácticamente un pasillo abierto hacia el corazón de los Balcanes y la sensación de que Constantinopla corría más peligro que nunca. Pero quien a hierro mata, a hierro muere.


Obligado a enfrentarse a los mongoles en su frente oriental, que habían aprovechado la presencia de Bayaceto en Europa para arrasar Anatolia, fue derrotado en la Batalla de Angora por Tamerlán. Cuentan que Bayaceto murió encerrado por su captor en una jaula de hierro como una alimaña a la que han arrancado garras y colmillos. También se cuenta que Tamerlán lo utilizaba como apoyo para subir y bajar de su caballo. Y así pasó sus últimos días el victorioso Bayaceto, besando el suelo que pisaba el conquistador mongol. 


miércoles, 14 de octubre de 2015

BATALLA DE ANKARA. EL DÍA QUE LOS MONGOLES CASI DESTRUYEN EL IMPERIO OTOMANO.



Tras la victoria en Kosovo (1389) los turcos, comandados ahora por Bayaceto I “el Rayo”, avanzaban hacia Hungría, pero un grave peligro amenazaba en la retaguardia, y obligo a los turcos a detener la marcha, dar media vuelta y defender su propia tierra; nos referimos a Tarmelán que había arrasado Asia Central y ahora hacía los mismos en Anatolia.


El choque brutal entre turco y mongoles (en el fondo hermanos de raza) tuvo lugar en la llanura de Ankara el 20 de julio del año 1402, y aunque la victoria fue para los señores de las estepas, el combate resultó tan duro y sangriento, que a Tarmelán (Timur Lang – Timur el Cojo) se le quitaron las ganas de continuar avanzado hacia Occidente. Eso sí, se llevó un suculento trofeo: el propio sultán Bayaceto.

Tarmelán ordenó envenenar los pozos y cuando los turcos llegaron al campo de batalla se encontraban en un estado lamentable. El tiempo que necesitaron los turcos para descansar fue aprovechado por el caudillo mongol para despegar su poderoso ejército, situando en el frente a los impresionantes elefantes de la India. El ejército de Bayaceto contaba con tropas serbias mandadas por su cuñado Stefan Lazarevic (curiosamente los padres de ambos se enfrentaron y murieron en Kosovo), aunque esta ayuda fue inútil. Los mongoles desbordaron a los turcos, y aunque el bravo sultán resistió junto a sus jenízaros hasta la caída de la noche, la derrota fue total. Bayaceto cayó prisionero del caudillo mongol. 

Tras la derrota en Ankara, el Imperio Otomano parecía abocado a su fin, pero la fortaleza se mide por el número de veces que somos capaces de levantarnos tras la caída. Y el turco volvió a ponerse en pie. 




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