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domingo, 16 de junio de 2019

INDIA INMORTAL.



En el subcontinente indio floreció una de las culturas más antiguas y brillantes, a la altura de la mesopotámica de la historia de la Humanidad. Y esa riqueza y originalidad ha perdurado más de 4000 años hasta la actualidad.

CIVILIZACION DEL VALLE DEL INDO (2500 – 1700 a.C.).
Hacia el 2500 a.C. la cultura del Indo emerge de la Prehistoria para cubrir una amplia zona geográfica, siempre progresando hacia el Noroeste. Se trata de una civilización eminentemente urbana, siendo las ciudades más importantes del Valle del Indo, Harappa en el Punjad y Mohenjo Daro en el Sind (ambas en Pakistán), ejerciendo de destacados centros administrativos y políticos. Estas ciudades están dominadas por grandes edificios públicos, construidos con ladrillos; escuelas, templos, palacios y graneros. El dátil sería el alimento principal.

En Ur se han encontrado sellos y cerámicas del Indo, circunstancia que nos hace suponer la existencia de relaciones entre el Indo y Mesopotamia, dos de las cunas de la civilización humana. En cuanto a sí la cultura del Indo es original o imitación de la mesopotámica, es un debate en el que aún no se ha conseguido un consenso entre los eruditos.

Mohenjo – Daro. Una ciudadela fortificada sobre una plataforma artificial domina la ciudad, donde podemos encontrar ya un baño público y una suntuosa residencia de un sacerdote u otro alto cargo. La parte baja estaba formada por una red rectangular de calles, orientadas según los puntos cardinales, con un eficaz sistema de alcantarillado, donde residían los artesanos y trabajadores en casas de dos plantas. Posiblemente el primer caso de planificación urbanística de la historia.

Harappa. De estructura similar a Mohenjo Daro, ciudadela elevada y fortificada, y una red planificada de calles. Es posible que se tratase de un importante centro para el control de los alimentos.

Poblaciones. Desde épocas inmemoriales la cultura del subcontinente indio estuvo marcada por la interacción de los numerosos grupos lingüísticos y étnicos que se asentaron en la zona, fruto de las innumerables olas migratorias que poblaron el subcontinente en cuestión.

Literatura. El alfabeto de Harappa, grabado en sellos y tablillas, se data hacia el 2.500 a.C. y aún no se ha descifrado.

Creencias religiosas. Las creencias religiosas del Valle del Indo pervivió posteriormente con el culto de los animales, como por ejemplo, la sacralidad de la vaca.

Fin de la civilización del Indo. Los cambios ecológicos provocaron el abandono de algunos asentamientos, además hacia el 1700 a.C. se produjo la llegada/invasión de los arios que supuso el fin de esta civilización.

DRÁVIDAS.
Grupo de diversos grupos lingüísticos – tamiles, todas – que poblaban la India y fueron sometidos/asimilados por los arios, y que aún hoy día conservan ciertos elementos tradicionales; lengua, familia matrilineal, ritos iniciáticos, deidades femeninas, fratrías …

ARYA, ARIOS O INDOARIOS.

Llegada de los arios. Período Védico (1700 – 1000 a.C.)
Los arios, divididos en tribus enfrentadas entre sí, como los Sintasha, con carros de guerras y caballos penetran por el Noroeste y ocupan el Punjab, sometiendo a los grupos humanos que habitaban la región. De esta fusión nace una nueva cultura.

Período Post-Védico (1000 – 500 a.C.)
En esta época los arios se extienden por buena parte de la India, incluyendo el valle del Ganges. Durante esta expansión se fueron fusionando con las gentes de los bosques. Con la unificación de unas 30 tribus se creó una gran entidad tribal, los Kuru-Pancala. Los arios de pastores seminómadas se convirtieron en granjeros sedentarios. Con el paso del tiempo los arios tuvieron que cambiar algunos aspectos de su vida, conocieron “al animal con mano”o sea el elefante, cambian la cebada por el arroz, y la fiera (y rival) en vez de ser el león de la estepa, pasa a ser el tigre. Otro pueblo indoeuropeo, los Andhra, también llegan a la India en esta etapa.

La sociedad de castas.
De la fusión entre los arios y las poblaciones prearias se va a confeccionar un sistema social de castas. Estas castas surgen cuanto los “arya” se dividen en tres “varna” o “colores”. Dumézil estudió este caso, y otros, y lo denominó Ideología Trifuncional Indoeuropea:


Kshatriyas, una aristocracia formada por guerreros (jinetes) 

Brahmanes o sacerdotes 

Vaisyas, los trabajadores, productores

Sudras, una cuarta clase, que sería la población sometida. 


También estaban los intocables o parias, fuera de este estricto sistema social.



Religión védica. Hinduísmo.
A pesar de la existencia de numerosos dioses en el panteón hindú, compuesto por dioses de la naturaleza, en principio el hindú es devoto de un único dios. Los más populares son Siva, un dios preario, Visnú, y la diosa Devi. También existen Indra, la tormenta, Agni el fuego, Varuna las aguas, Dyaus Pita, el cielo, y la diosa negra Kali, devoradora de cadáveres y devota de la sangre. Existían otros seres demoníacos y la creencia en un gran espíritu absoluto Brhaman, de ahí el nombre de sus sacerdotes. También se constata la adoración a la piedra fálica o linga, símbolo de la fertilidad. En esta misma época tomaron forma la mayor parte de los conceptos del hinduísmo clásico, la ctas, transmigración de las almas, la no violencia....

Literatura védica (1500 – 200 a.C.)
La literatura védica de esta época era esencialmente religiosa y estaba compuesta por los cuatro vedas (Rig Veda), los Upanishads y los brahmana.

IMPERIO MAGADHA (hacia 500 a.C.)
En esta época se formaron varios estados que se disputaban el control del valle del Ganges, siendo el de Maghada, con capital en Pataliputra, el más importante. Su primer rey fue Bimbisara, que profesaba el budismo, y comenzó un expansión, seguida por sus sucesores que le llevaron entre los siglos IV -III a.C. a dominar la mayor parte del país hasta la llegada del macedonio Alejandro Magno.

Budismo y Jainismo. Durante el Imperio Maghada surgieron algunos reformadores religiosos como Mahavira, fundador del Jainismo, y el iluminado Buda, que predicaba que siguiendo un camino de moral, no violencia y meditación se podía alcanzar el Nirvana.

IMPERIO MAURYA (321 – 185 a.C)
Tras la marcha de Alejandro surgió un fuerte sentimiento de identidad india que fue aprovechado por un joven guerrerdo, Chandragupta, para dar forma a un poderoso estado, ayudado por su ministro, el brahmán Kautilya, verdadero hombre de estado. El Imperio Maurya fue una de las épocas de mayor esplendor de la historia India. Su cénit lo alcanzó con el nieto de Chandragupta, Asoka, convertido al budismo. El estado Maurya era muy centralizado pero muy bien comunicado gracias a una red de carreteras que unían la capital Pataliputra con todo el territorio. Además Asoka llevó a cabo una gran labor legistaliva.

DOMINO EXTRANJERO.
Tras la caída del Imperio Maurya serán pueblos extranjeros los que formen estados en la India.

Los indogriegos.
Pushyamitra dio un golpe de estado en 185 a.C e instauró la dinastía Shunga, pero no pudo evitar las incursiones de los bactrianos que fundaron efímeros reinos en el Punjab.

Los kushanas.
Los kushanas procedentes del Asia Central, de origen escita, también lograron dominar buena parte de la India, siendo su rey Kanishka, confesado budista, y gran protector de las artes y las ciencias su más importante monarca. Un siglo después fueron expulsados por una reacción hindú.

La dinastía Gupta (320 – 550 d.C)
Tras la reacción hindú, algunos reyes como Samudra Gupta o Chandra Gupta II fundaron y mantuvieron, mediante la guerra, un poderoso imperio en el norte de la India.

Literatura Sánscrita (200 a.C – 1.100 d.C)
La literatura sánscrita clásica evolucionó a partir de la védica, pero a diferencia de ésta es esencialmente épica. Los dos grandes poemas de esta época son el Ramayana o Epopeya de Rama y el Mahabharata, donde se reflejan la esencia védica indoaria y a pesar de contener datos históricos es prácticamente imposible separarlos de lo fantástico. Al legendario poeta Valmiki se le atribuye la redacción del Ramayana.


sábado, 7 de abril de 2018

LA INDIA.


VIDA Y COLOR 2
(Colección de Cromos de 1968).



La enorme península asiática del Indostán constituye uno de los más antiguos e importantes focos de civilización de la Humanidad; la brillantez y la originalidad de su cultura se manifiestan especialmente en su pensamiento y en sus formas artísticas. La India ha sido cuna de dos religiones de gran contenido filosófico y moral; el brahmanismo y el budismo; su literatura, que se inicia hace más de 3000 años, con la redacción de unos libros sagrados, los Vedas, con celebradas epopeyas como el Mahabbarata y el Ramayana, y prosigue con gran brillantez hasta nuestros días, está marcada por su carácter profundamente religioso y poético, y abarca los más variados géneros: teatro, cuentos, novelas, poesía... Su arte espléndido nos ha dejado maravillosas muestras a través de los tiempos, desde las graciosas figurillas que realizaron hace más de tres milenios las gentes de Mohenjo-Daro, o las bellas esculturas de los siglos IV y V d.C. que muestran la influencia de los griegos, que llegaron hasta allí guiados por Alejandro Magno, o los templos brahmánicos de los siglos XIII a XV, o las filigranas de mármol del fabulosos Taj-Mahal, la bella tumba de la favorita de un rajah del siglo XVIII.


Pero si la cultura de la India puede ser considerada en su conjunto, en cambio es muy difícil trazar la historia de aquel gran país, ya que por su enorme tamaño (casi cinco millones de km2), por la diversidad geográfica y climática de sus regiones, por la variedad de las razas que la prueban, por las múltiples invasiones que ha sufrido, ha carecido durante siglos de unidad política. En efecto, la única cosa invariable en su historia ha sido la fragmentación en pequeños reinos independientes, de características muy parecidas, pero en constante variación. En estos reinos de extensión y duración muy diversas reinaban monarcas que se rodeaban de costes fastuosas, poseían fuertes ejércitos, y dominaban con dureza a las clases humildes. Elemento imprescindible en estas cortes era el elefante, los grandes paquidermos eran utilizados en la guerra como fuerza de choque, en la paz como vehículo que expresaba la riqueza del monarca, visible en los ricos atalajes con los que revestían.



La Aldea hindú. La base de la economía de la India es la agricultura, cuya práctica varía en las distintas regiones según sean las condiciones climáticas. La población agrícola vive agrupada, en general, en poblados de pequeño tamaño, que comprenden de 50 a 200 familias con un total de 200 a 800 individuos. Las casas de estos villorrios son de madera y barro seco, con techo de paja de arroz y ramaje, o de tejas; suelen tener dos habitaciones y una galería exterior cubierta, detrás de la casa hay un pequeño patio en el que cocinan las mujeres, juegan los niños, hozan los cerdos y picotean las gallinas. En el pueblo hay alguna casa de mayor tamaño, mejor construida, a veces con un par de pisos y grandes patios, en las que viven los hombres importantes. Pero la construcción mejor es siempre el templo consagrado a alguno de los dioses del panteón hindú.


Purificación en el Ganges. El pueblo de la India se caracteriza por la profundidad de su sentimiento religioso que impregna hasta los menores actos de la vida cotidiana. El budismo, una de las dos grandes religiones que tuvieron su origen en aquella nació, no alcanzó allí gran arraigo, pero en cambio se extendió por otras naciones (China, Japón, Indonesia, Tibet) y actualmente tiene más de 390 millones de practicantes.

La religión propia de la India es el brahmanismo o hinduísmo, religión muy compleja en la que se mezclan conceptos filosóficos de gran profundidad, con prácticas y ritos de tipo mágico. Uno de estos ritos incluye la diaria ablución en las aguas purificadas del gran río sagrado. Pocos espectáculos resultan más sorprendentes en la India, ante los ojos de un europeo, que las grandes gradas de ciudades como Benarés por las que descienden hasta el río millares de peregrinos que se bañan y toman sorbos de agua mientras recitan sus plegarias.


Tres troncos raciales. Habitan en la India más de 400 millones de personas, que pertenecen a tres troncos raciales distintos: negro, blanco y amarillo. Los primeros constituyen las poblaciones más antiguas, son los vedoides que habitan en las zonas montañosas del Decán, y cuya cultura es de tipo bastante primitivo, y los melano-hindúes que viven en Ceylán, en la llanura del Ganges, y en amplias zonas de la costa, y forman en estas regiones la gran masa de agricultores y artesanos. Las gentes de raza amarilla viven especialmente en el Norte, en Birmania, y en el valle del río Brahmaputra. Finalmente los blancos pertenecen a la raza indoafgana, son gentes de elevada estatura, bien proporcionados, de cabellos ondulados y ojos oscuros; en general, se parecen bastante a los europeos de la cuenca del Mediterráno. Aunque algunos de los más importantes elementos culturales de la India se deben a los blancos, el genio del país reside en la armoniosa mezcla de las aportaciones de las diversas razas.


Las mujeres de la India con su belleza, la gracia de su porte, y sus hermosas túnicas de algodón o sera – sari – causan la admiración de cuantos las contemplan; sin embargo, hasta hace poco su suerte no era envidiable, sometidas enteramente a la voluntad de su padre y luego a la de su esposo eran consideradas como seres desprovistos de derecho alguno. Su matrimonio era tramitado por sus padres, cuando aún se hallaban en la infancia, prescindieron por completo de su voluntad. Si enviudaban, dejaban de poseer un lugar en la sociedad, ya que ni siquiera podían regresar junto a sus padres. En general los matrimonios eran monógamos, pero los hombres ricos practicaban la poligamia.

A pesar de esta situación de inferioridad de la mujer, siempre existió en la India una cierta tendencia de respeto hacia ella, y de reconocimiento de sus virtudes y de su talento, tendencia evidente en la poesía, y que ha tenido su plasmación en la época actual, en la que las mujeres han logrado ocupar puestos importantísimos, hasta el punto de que una mujer, Indira Gandhi, llegó a ocupar el cargo de primer ministro en la India


La castas. La sociedad de la India posee una característica propia que le confiere una personalidad única: la división en castas. La casta es un grupo de individuos, dedicados a las mismas ocupaciones, que deben su origen a un remoto antepasado común, al que generalmente consideran como un ser divino, y que están ligados entre sí por un conjunto de derechos y deberes. Se nace dentro de una casta, y forzosamente se pertenece a ella toda la vida, sin posibilidad de variación; se debe contraer matrimonio dentro del mismo grupo y no se puede establecer contactos con individuos de castas inferiores porque esto provoca la impureza. El cumplimiento de las múltiples reglas y deberes que hay que observar dentro del sistema de castas es vigilado por una especie de tribunal formado por los miembros más influyentes de cada casta; este tribunal impone sanciones a los que quebrantan las leyes. La casta superior es la de los brahmanes, los sacerdotes; la segunda la de los ksatriyas, su misión es el mando, la jefatura, a esta casta pertenecen los reyes, la nobleza y los guerreros. La tercera casta de hombres libres es la de los vaisyas, a ella pertenecen los agricultores y los comerciantes.


Sudras y parias. La gran masa del pueblo indio pertenece a la cuarta casta, la de los sudras, que se ocupan en los más humildes trabajos manuales y que incluyen a su vez numerosas clases bien diferenciadas, así hay grupo relativamente elevados que realizan servicios a los brahmanes y a los ksatriyas, por ejemplo, los tejedores, barberos, lavanderos y maestros. Los restantes grupos son “intocables”, so pena de incurrir en impureza, para las castas superiores, e incluyen pescadores, cazadores, ceramistas, herreros, etc; por debajo de esta casta, aún hay otras inferiores, las de los parias que carecen de libertad, pueden ser comprados y vendidos y se dedican a las más bajas tareas agrícolas; la sola presencia de un paria contamina de impureza, por ello no pueden andar por los mismos senderos que los individuos de las castas superiores y tienen prohibido penetrar en los templos de los brahames, así que deben contentarse con frecuentar templos exclusivamente para ellos.


Arte monumental. El arte de la India es uno de los más interesantes del mundo y nos ha legado obras de impresionante belleza tanto en el campo de la arquitectura, como en los de la escultura y la pintura. La arquitectura se caracteriza, a través de los tiempos, por el gusto por la decoración esculpida: fachadas, torres, cúpulas y terrazas quedan cubiertas por esculturas, altorrelieves y bajorrelieves, en los que se patentiza la habilidad y maestría de los escultores indios, que trabajaron la piedra con sin igual destreza: así, en donde mejor se muestra la personalidad del idio es en las imágenes de Buda, llenas de majestad y recogimiento, en los grandes relieves en los que aparece representada la trinidad de dioses hindúes, bajo la forma de cuerpo con tres caras (Brahma, Vishnú y Shiva), en los frisos que representan desfiles de elefantes, monos o serpientes, en los paneles esculpidos representando hombres y mujeres en graciosas escenas de la vida cotidiana. Los interiores de templos y palacios muestran asimismo el fruto del genio de los escultores indios en la talla de la madera del marfil o del metal.


Riqueza de los tejidos. Una de las más antiguas industrias de la India es la del tejido; Herodoto ya habla de las telas de algodón que vestían los soldados indios y la confección de tejidos de lana se remonta a la época de las invasiones de los indoafganos; al parecer fueron éstos los que introdujeron o descubrieron las cualidades del algodón como fibra textil. A lo largo de la historia del gran país se logró una extraordinaria variedad de tejidos (brocados, bordados, muselinas, gasas) tanto en lana y algodón como en seda (importada en parte de China)
La artesanía de la India alcanza un extraordinario nivel en muchos otros órdenes; así en la metalurgia del bronce (vasijas, esculturas), en la del hierro (armas, instrumentos agrícolas) en la de los metales preciosos (orfebrería); también en la cerámica (placas con relieves, figurillas, recipientes).
Actualmente el país se halla en un creciente proceso de industrialización que seguramente permitirá solucionar muchos de los grandes problemas económicos y sociales que tiene planteados.


El Tigre. En las abundantes zonas de selva tropical de la India vive uno de los mayores y más feroces felinos existentes, el tigre. Es un hermoso animal de gran tamaño; el llamado tigre de Bengala sobrepasa los 3 metros de longitud de cabeza a cola, su piel de un tono leonado ostenta finas rayas negras y la cola anillos asimismo negros: dotado de potentes garras y de colmillos de más de 7 cms de largo, es un animal temible, debido especialmente a su ferocidad. Los indígenas sienten verdadero terror hacia los tigres todavía muy abundantes en las grandes llanuras selváticas del estado de Bengala; en general, los tigres se limitan a atacar a los rebaños de los pacíficos agricultores, pero de vez en cuando los machos viejos hacen presa de algún niño y una vez han probado la carne humana se convierten en devoradores de hombres y las gentes de los poblados atacados se ven obligados a realizar batidas hasta lograr darles muerte.


La cobra. Otro de los temibles animales que abundan en las zonas más cálidas de la India, es la serpiente cobra, uno de los más venenosos reptiles de la tierra. Aunque algunas cobras pueden alcanzar hasta cuatro metros de longitud, la de la India suele medir unos dos metros. Se caracterizan por unos ensanchamientos a modo de aletas que se le forman junto a la cabeza cuando se dispone a atacar. Normalmente se alimenta de roedores, pájaros y pequeños animales: conejos, polluelos y cachorrillos, pero como gusta del calor, suele invadir las casas de los agricultores, y busca refugio bajo las maderas del suelo o en el techo, lo cual representa un terrible peligro para los habitantes ya que su picadura es mortal. La cobra cuando se dispone a atacar adopta una postura característica, levantando verticalmente la parte superior del cuerpo y ejecutando un balanceo que hipnotiza a sus presas: de repente salta hacia adelante y clava sus afilados incisivos, inoculando el veneno en el cuerpo de su infeliz víctima.


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