Todo el poder Venecia estaba basado en el comercio, la riqueza que llegaba a la ciudad se transformó, en parte, en toda la belleza artística que podemos seguir disfrutando en la actualidad. Los mercaderes venecianos, en ese sentido, se convirtieron en intermediarios. En el caso del comercio próximo y regional, del trigo y la sal.
Los primeros habitantes de las islas de la Laguna utilizaban la sal como moneda de cambio para obtener grano para alimentarse en la Italia continental. De manera que podemos decir que la sal está, desde el principio, en los cimientos de la futura República Serenissima. Ya durante el Medievo la sal que se producía en Venecia abastecía a la fértil llanura padana. Pero no olvidaron el cereal. El trigo los obtenían en la cercana Romaña, las Marcas y los Abruzzos, pero también de Creta, Rumanía y Sicilia, y de manera ocasional, de Egipto, inmemorial granero del mar Mediterráneo.
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