Gautier de Chatillón, nacido en Lille, fue un goliardo, uno de esos artistuchos e intelectualoides que buscan, y necesitan, un padrino. Gautier vivió en la corte de Enrique II Plantagenet, y más tarde en la del arzobispo de Reims, es el autor de un largo poema épico, la Alejandríada, y murió siendo canónigo.
En el fondo toda su dialéctica es pura artimaña demagógica en busca de un mecenas que le cubra las necesidades y le costee los caprichos más banal.
Estos goliardos pretenden convertirse en beneficiarios del mismo orden social que mordazmente critica, en lugar de hacer algo para cambiarlo. ¡Toda la justicia para mí!.

