jueves, 8 de octubre de 2026

SUDÁN EN LLAMAS, EL LEVANTAMIENTO DEL MAHDI.

 

 


En el año 1885, las motivadas tropas del Mahdi, un mesiánico líder sudanés, infligieron en Jartum una dolorosa derrota al ejército británico. Ese fue el momento de mayor poder del Mahdi, el momento culminante de una revolución que fusiona mesianismo, islamismo y anticolonialismo.

 

 En la primera mitad del siglo XIX, décadas antes del reparto europeo del continente, África fue el escenario en el que eclosionaron una serie de movimientos sociopolíticos, conocidos como, el Renacimiento Africano. Este renacimiento tuvo por pilares la recomposición de territorios y la reconstrucción de antiguos imperios. 

    Estos procesos que en algunas regiones mezclan lo político, lo social y lo religioso, se vieron favorecidos por el crecimiento demográfico, ciertas mejoras económicas y reforzamiento del Islam. Estos movimientos estuvieron dirigidos por líderes carismáticos, que a pesar de sus derrotas ante enemigos muy superiores, influyeron en la lucha anticolonial y en la configuración del África actual. 

    La acción del Mahdi comprende un doble contexto, el imperialismo egipcio y británico, y el islam sudanés populista, mesianista y antiimperialista. En norte de Sudán fue islamizado entre los siglos XVI y XIX por osmósis y no por guerra. Este Sudań arrasado por la trata de oro, márfil y esclavos, era un objetivo de conquista de Egipto, que en esta época era un eyalato (provincia) dentro del Imperio Otomano. Entre 1821 y 1874 Egipto invadió el Sudán, instalando un régimen egipcio-otomano en la región. Las egipcios delegaron en aventureros europeos el gobierno de estas tierras. En 1876 Charles George Gordon fue nombrado gobernador de todo el Sudán egipcio. Años más tarde, en 1882, los británicos imponen su protectorado sobre Egipto. Este es el contexto en que surge el Mahdi. 

    Muhammad Ahmad desde joven estuvo inclinado a la vida ascética, ingresó en una secta sufí de la sammaniyya y más tarde fundó una escuela sufí. En 1870 se traslada a la isla Aba en el Nilo Blanco al sur de Jartum, y allí propugna un islam puro, favorable a los oprimidos y contrario al Turco. Su prestigio aumentó poco a poco, y en 1878, a los 40 años, se convirtió en el líder de una cofradía. 

    En 1881 Muhammad Ahmad capitalizó el auge de las sectas y del mesianismo popular, se erigió en líder, proclamándose Mahdi. Un guía inspirado por Alá para liberar Sudán y fundar un estado basado en el Corán y la Sunna, por encima de naciones, tribus, cofradías y sectas, por medio de la yihad. Rigorista, radical y popular, rechazó la exégesis coránica, abolió escuelas sunníes, prohibió fiestas y joyas, e incluso modificó la profesión de fé “Muhammad el Mahdi es el califa del Profeta de Dios”. Eso sí, mantuvo la lucrativa trata de esclavos, y se ganó el apoyo popular mejorando la situación de los más desfavorecidos. 

    El Mahdi aunaba en su persona carisma y gran capacidad organizativa. Totalmente convencido de su misión envió cartas al Imperio Otomano, a la Etiopía cristiana y a Egipto, recomendando que aceptasen de buen grado el Islam purificado, o en caso contrario,se atuviesen a las consecuencias. Recibió múltiples apoyos por parte de diferentes grupos étnicos que habitaban las tierras del Sudán, como los danaqla, que se beneficiaban del comercio de esclavos, los baqqara, que formaron el grueso de su ejército, y de todos los partidarios de una teocracia islámica. El estado fundado por el Mahdi perduró diecisiete años, de 1881 a 1898 y llegó a extenderse por un millón de km². El movimiento mahdista tuvo claras repercusiones sobre otros territorios de África, como Egipto, Somalia y el Norte de Nigeria. 

    Las autoridades egipcias dieron poca importancia a alguien al que consideraban un simple derviche, y enviaron un pequeño destacamento que fue derrotado fácilmente. Esta sería la primera de un conjunto de victorias de las envalentonadas tropas del Mahdi. En 1883 conquistó El Obeid, y poco después protagonizó su hégira personal retirándose hacia el oeste, a Darfur, donde situó su nuevo centro de poder, en detrimento de Jartum. 




    La rebelión local se había convertido en una auténtica revolución a gran escala. El temor empezó a apoderarse de Egipto, que envió un cuerpo expedicionario al mando del general británico William Hicks. En diciembre de 1883 en Shaikán, 40000 mahdistas, armados básicamente con lanzas, aniquilaron a este ejército. Los sudaneses se unían masivamente a la causa mahdista, mientras que egipcios e ingleses solo conservaban algunas ciudades como Suakin, Berber, Sennar o Jartum. 

    Londres tenía un serio problema. Los europeos que estaban al servicio de Egipto abandonaban las tierras gobernadas por el Mahdi, que se financiaba con diezmos, limosnas, botines de guerra, tasas, peajes fluviales, e incluso la acuñación de monedas de oro y plata. 




    Objetivo Jartum. El objetivo del Mahdi no podía ser otro que Jartum, pero eran necesario algunos movimientos previos; asegurar el Norte y las ciudades del mar Rojo. Osmán Digna, uno de los más estrechos colaboradores de Muhammad Ahmad, capturó la ciudad de Sennar y derrotó a las tropas británicas en El Teb en febrero de 1884. Sin embargo, tres semanas más tarde fue derrotado en la segunda batalla de El Teb, y también en Tamai, aunque estuvo a punto de romper el casi impenetrable cuadrado de infantería británico. De todas formas siguió controlando al ruta Suakin-Berber, lo que dificultaba la llegada de suministros de Jartum por mar. 

    A finales de 1883 el gobierno británico, presa del pánico, decide abandonar Sudán y envían a Gordon para dirigir la evacuación. Charles George Gordon, militar colonial británico, victoriano de manual, patriota cristiano y bebedor empedernido, con experiencia en China y que había recorrido el Sudán, llegó a Jartum en Febrero de 1884, desobedeció las órdenes y se dispuso a resistir. Debía defender a una población de 34.000 personas, con 8.000 soldados, unos pocos cañones y comida para seis meses. Consolidó las defensas de la ciudad protegida por el Nilo en tres lados y pidió refuerzos a Gladstone, primer ministro, que no quería involucrarse en el avispero sudanés. 

   El asedio comenzó el 18 de marzo de 1884, y después de varios meses de dura resistencia, y ante la negativa de el Mahdi a iniciar negociaciones, Londres decidió reaccionar y enviar al general Garnet Wolseley a romper el cerco. A pesar de los éxitos frente a los sudaneses, las tropas de Wolsley no llegaron a tiempo, y el 25 de enero de 1885, los hombres del Mahdi asaltaron Jartum, aniquilando a toda la guarnición. Gordon perdió la vida en la refriega. Dos días más tarde llegaba Wolseley. 

 El movimiento Mahdi sufrió un duro revés en junio de ese año, cuando Muhammad Ahmad murió de tifus. Su sucesor, Abdaldahi, hombre capaz, pero sin el carisma de Muhammas, sostuvo la rebelión durante un tiempo, pero una serie de decisiones erróneas y la determinación del Imperio Británico le llevaron a la derrota en 1899. Osman Dignan, uno de los más eficaces comandantes con los que contó el Mahdi, continuó la resistencia hasta que en 1900 fue capturado. 
 

Pero el mahdismo no murió del todo. Entre 1900 y 1968 hubo algunos levantamientos y la última campaña egipcia contra los restos del mahdismo tuvo lugar en 1916, en Darfur, durante la Primera Guerra Mundial. Un tataranieto de Mahdi, Sadiq al-Mahdi, fue primer ministro de Sudán en varias ocasiones tras la independencia lograda en 1956. 

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