Rodeado de soleados viñedos se alza el Castelo Scaliero, elevado sobre un precioso pueblo, Soave, ubicado en la región del Véneto.
La subida al castillo, por un camino empedrado, rodeado de vides, es de lo más sugerente y embaucador, de cuantas he visto durante mis viajes por la Vieja Europa. Algo especial tiene esta tierra véneta.
La impronta veronesa es fuerte, resulta sencillo encontrar similitudes arquitectónicas con el Puente Vecchio y el castillo de Verona.
La ciudad amurallada de Soave se extiende a los pies de su fortaleza.
El origen de esta monumental fortaleza se remonta a los inicios del siglo X, la época de las invasiones magiares. La iniciativa de su construcción se atribuye a Berengario I rey de Italia. El primer documento acreditado es del emperador Federico I Barbarroja.
En el año 1226 el castillo pasó a manos de Ezzelino da Romano y en 1271 fue conquistado por Mastino I della Scala.
El perro y la escalera, el blasón de Cangrande I della Scalla, condotiero, amigo de Dante y poderoso señor de Verona.
Debido a su posición estratégica, la fortaleza creció bajo el dominio de los Scala de Verona, que además construyeron el gran recinto amurallado que rodea la villa. Con la caída de la Signoria Scaligera en 1387, el castillo pasó a manos de Gian Galeazzo Visconti, el señor de Milan.
Ventanas venecianas. Las podemos ver desde aquí hasta Montenegro, siguiente toda la costa adriática.
En el año 1405 se adueñaron de la plaza las tropas venecianas. La República Serenissima de San Marco declaró «Rocha Suapis utilissima nostro dominio».
El palazzo Cavalli, situado en el centro de la ciudad medieval, fue levantado en el año 1411 por Nicolo Cavalli, capitán de Soave. Este Nicolo Cavalli era hijo del famoso condotiero Jacopo Cavalli, que puso su espada al servicio de la República de Venecia. Un estado que pagaba bien a sus mercenarios.
A comienzos del siglo XVI el ejército de la Liga de Cambrai, con Maximiliano I al mando venció la resistencia de la fortaleza. Durante las décadas siguientes se produjeron violentos combates entre los venecianos y las tropas imperiales, cambiando el castillo de dueño en varias ocasiones.
A partir de 1696, con el castillo en manos de la familia Gritti, comenzó el dominio privado de la fortaleza. En 1830 lo compró el abogado Antonio Cristani, abuelo materno de Giulio Camuzzoni y bisabuelo de la actual propietaria. Giulio Camuzzoni, alcalde de Verona tras la anexión al Reino de Italia, se dedicó a partir de 1889 a una minuciosa restauración. Una labor que ha continuado su actual propietaria, manteniendo el legado familiar.
En muchas restauraciones proyectadas en castillos e iglesias medievales, la idealización de la Edad Media, suele ser un espacio común.

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