(Un día que nunca existió. Salvo en mi mente)
“El que por Santa Fe, el de San Leonardo y el de San Martín se reúnen en Ostabat y, pasado Port de Cize, en Puente la Reina se unen al camino que atraviesa el Somport y desde allí forman un solo camino hasta Santiago”.
Códice Calixtino.
Paul y Rosemary, después de pasar un par de días en la Feria de Scarborough embarcaron en Dover, cruzaron el Canal de la Mancha, pues tenían la ilusión de visitar la abadía de Saint Denis, y contemplar el triunfo de la luz sobre las tinieblas. Hans y Laras, bregados pescadores en las frías aguas del mar del Norte, comenzaron a caminar en Ribe, el puerto danés, viejo enclave vikingo, en el que llevan afincados más de una década. Un amigo decidió cerrar su restaurante la Foca Feliz y acompañarles. Lisa, Anne y Karoline se conocieron en Amsterdam, y después de un par de noches de confesiones, alcohol y marihuana, decidieron ponerse en marcha. De la festiva y elegante capital neerlandesa también partió Judith, con quien nos encontramos en Agés. Jurgen comenzó en Trier, la Tréveris romana y encontró a Olaf en Colonia, Los hermanos Jean Pierre y Jean Paul visitaron primero Le Mont Sain Michelle. Mikka navegó desde Helsinki a Lübeck y comenzó a caminar a orillas del mar Báltico. Gunnar, sacerdote de Nidaros, inició la peregrinación frente a la portada gótica de la magnífica catedral noruega. También de Escanvinavia partió Ingrid, desde el monasterio de Vadstena. Francesca, Sofía, Andrea y Marco han cubierto la distancia que separa Asís, en Umbría, y Le Puy en Velay. Fervientes católicos, los cuatro jóvenes están dispuestos a realizar la peregrinación más completa posible. En Le Puy también comenzó a caminar un joven fraile llamado René. Por dos días no coincidió su salida con los animosos italianos. De Malinas salió Margarette y de Brujas, María. Karol esperará en casa su regreso. Ante y Zlata comenzaron en Split, pero una fuerte discusión tras dos días de marcha, les hizo decidir aparcar su relación. Ante deshizo el camino andado y regresó a casa de su madre. Zlata, liberada de una carga, que hasta ese momento no sabía que portaba, miró al frente, y siguió caminando. Lazslo, magiar de pura cepa, descendiente, según tradición familiar, del legendario Arpad, prometió por la Santa Corona húngara, postrarse ante la tumba del apóstol. Jan comenzó en Praga y Pavel en Ostrava, Madalina y Ovidiu de la lejana y salvaje Valaquia. Dimitrij, Igor y Artem (precioso nombre) llegan desde la Madre Patria Rusa.
Ostabat es una pequeña localidad jacobea y vasca (en la Baja Navarra) dividida en dos barrios, la bajo, o Irizola, y el alto o Villa Nueva, unidos por la calle que sube, Karrika Handia. En este pequeño pueblo, a escasos kilómetros de los Pirineos, llegan caminantes y peregrinos de toda Europa (algunos con decenas o centenares de kilómetros en sus piernas). En esta población confluyen los tres caminos franceses más importantes – vía de Vezelay, vía de Tours, y vía de Le Puy – el cuarto, vía de Arlés, penetra en la península Ibérica a través del puerto de Somport. A los que vienen por Arlés los encontraremos en Obanos/Gare. Los que partieron de Flandes, los que cruzaron Alemania, aquellos que aprovecharon para peregrinar también a Le Puy en Velay, todos los que pasarán dentro de dos o tres días por Roncesvalles, están aquí. ¿Qué los habrá impulsado a lanzarse al Camino?.Cada uno tendrá sus motivos.
Francos, eslavos, húngaros, borgoñones (o burgundios), holandeses, flamencos, valones, escandinavos, alemanes de diversas tribus, eslovacos, valacos, algún que otro italiano, ingleses, escoceses y finlandeses. Todos confluyen en la pequeña localidad de Ostabat. La mayoría lleva semanas en el Camino y acumulan una buena cantidad de kilómetros en las piernas. Iniciaron el Camino muy lejos de los Pirineos, pero es a los pies de la cordillera cuando comienzan a sentir el auténtico y genuino espíritu jacobeo.
A lo largo de la Edad Media el cristianismo fue conquistando, una a una, todas las tierras de Europa. Ni vikingos, ni eslavos, ni germanos, ni baltos, pudieron decir no a la Santa Cruz. Muchos, aunque sus dioses ancestrales se resistían, acabaron por aceptar (más mal, que bien) la fé en Cristo. Las rutas de peregrinación desempeñaron un papel fundamental en el auge de la religión. Unos caminaban movidos por la fé, otros lo hacían movidos por un espíritu de aventura. También los hay que caminan en busca de un conocimiento integral del mundo.
Veintitrés kilómetros separan Ostabat de Saint Jean pied de port, una sencilla etapa prepirenaica, antesala de la etapa reina del Camino de Santiago. El mundo gira y gira sin cesar, un continuo fluir, en el que todo cambia. Los tiempos actuales nada tienen que ver con centurias pasadas, y hoy viajamos para comenzar el Camino de Santiago en el punto, que por el motivo que sea, hayamos decidido. Todo más cómodo y divertido, menos sufrimiento y penitencia, pero misma ilusión, curiosidad y pasión. Hacer el Camino de Santiago es una de las formas que tenemos en la actualidad para acercarnos (al menos un poco) a las mentalidades de la Edad Media y la Edad Moderna. Antes del tren, el avión, el autobús y el boom del turismo (siglo XX), el peregrino comenzaba a caminar en la puerta de su casa. Y un enorme porcentaje de esos peregrinos,que venían a España desde diferentes puntos de Europa, pasaban (y pernoctaban) por Ostabat.

No hay comentarios:
Publicar un comentario