miércoles, 28 de febrero de 2024

ERMITA DE LA CUEVA Y EMBALSE DE LAS CAÑAS.

 


Caminando entre Viana y Logroño, por caminos rurales y humedales, viviendo la vida con plenitud, haciendo eso para lo que estamos biológicamente diseñados, caminar.








La Virgen de la Cueva goza de gran devoción en la cercana Viana y Las Cañas es un humedal de gran importancia para las migraciones. En esa ocasión no pudimos acercarnos a sus aguas.















En la explanada que se abre ante la Ermita (donde supongo que se celebrará una multitudinaria romería) nos encontramos con un maravilloso mural dedicado a diferentes temas jacobeos, interpretados de una manera original y divertida: el Apóstol a caballo, la ermita de Eunate, el Puente de la Reina, la silueta de Viana, las ocas, los romeros, los músicos . . .




Este embalse de las Cañas es el resultado de una serie de recrecimientos, a base de diques, desarrollados sobre una antigua balsa natural. El régimen de lluvias y el tradicional uso intensivo del agua para el riego, ha contribuido a la naturalización de este espacio, mediante la formación de distintas masas vegetales en los alrededores.







A pesar de no ver la laguna de cerca, hemos podido encontrar pájaros en nuestro caminar: golondrinas, jilgueros, carboneros, abejarucos, la eterna rapaz en los cielos. Solamente es necesario pararse y mirar a nuestro alrededor.



Al igual que pasa en otras regiones húmedas del país, como las famosas Tablas de Daimiel, también parece existir cierta relación de la brujería con esta laguna de las Cañas. Viana y alrededores fueron una zona de actividad brujeril. Se cuenta que durante el siglo XVI (finalizada la Edad Media y comenzada la edad de la razón, el Renacimiento) brujos y brujas de toda la comarca acudían a estas tierras húmedas para celebrar sus akellares. No faltaban por supuesto, el famoso brujo de Bargota y la reina del akelarre, una muchacha ciega de Viana apodada Endregoto.


martes, 27 de febrero de 2024

CAMPIELLO GIOVANNI ANDREA DELLA CROCE.



Campiello Giovanni Andrea Della Croce, aquí termina el sestier de Santa Croce. 




El sotoportego de Siora Bettina conduce al sestier de San Polo.

lunes, 26 de febrero de 2024

ATRIO

 


14.05 del sábado 3 de julio de 2021. Tres horas después de salir de Villamayor de Monjardín entramos felices, cansados, pero muy contentos en Los Arcos. El peregrino busca a Dios en los campos y Dios acoge al peregrino en el atrio porticado de la Parroquia de Santa María de los Arcos. Después de largas horas de sol, nada como descansar a la sombra de estos frescos muros. Nos acogemos a sagrado, como decía Quasimodo, el simpático Jorobado de Notre Dame.




En el Medievo era habitual pernoctar en las iglesias, que recibían con los brazos, y las puertas abiertas, al Peregrino. En nuestros días casi todas las puertas (y no solo las de la iglesia) se encuentran cerradas.

domingo, 25 de febrero de 2024

VANITAS (DE PIETRO NEGRI)




Juventud, desnudez, belleza. Una vela que se apaga lenta, pero inexorablemente. La nada observa desde el fondo de una calavera.

sábado, 24 de febrero de 2024

MONJARDÍN, UN ALTO EN EL CAMINO.




Los peregrinos que van desde Estella hasta los Arcos pasan obligatoriamente por aquí. El atrio de su iglesia parroquial regala desinteresadamente su sombra y protección al caminante en verano, y lo protege de los vientos y las lluvias en invierno. Un busto de Sancho Garcés I recuerda al artífice del Reino de Pamplona. Sobre el cielo, el castillo de Deyo. A partir de aquí una docena de kilómetros para errar en solitario, sin una mala sombra donde cobijarse. Son las 11.11 y aún nos queda mucho por andar. 




viernes, 23 de febrero de 2024

CASTILLO DE POENARI, EL NIDO DEL DRAGÓN



Todo depredador tiene una guarida, Drácula también. Ni Bran, ni Hunedoara, ni la casa amarilla de Sighisoara. El auténtico hogar lo encontró Vlad en la soledad y la quietud de los altos riscos de los Cárpatos.





Abandonamos Curtea de Argés bien temprano, a eso de las 7.10 de la mañana (temprano desde el punto de vista de un español dormilón, pues hace rato que clarea), y encaramos la carretera que sigue paralela el curso del “rau Argés”, evocador y poético nombre. Una carretera rústica en un estado aceptable. Tras una media hora de plácido trayecto alcanzamos uno de los objetivos místicos de este viaje: las ruinas de Poenari, el auténtico castillo de Drácula. 1480 escalones y 80 metros de desnivel nos separan del Nido del Dragón. Un reto complicado y exigente, sin duda.





Justo en el lugar donde comienzan los primeros tramos de escalera, se ha instalado un camping de nombre típico (y lógico) el Camping Drácula. Unos pocos metros más atrás se levanta un hotel restaurante (con ciertos aires de resort rural), en el que la bienvenida te la da una bizarra escultura metálica del Empalador. Es la hora del desayuno y el hotel está hasta los topes de turistas (rumanos y extranjeros), deseosos de participar en la romería Drácula. Este Hotel La Cetatea (es decir, el Castillo) es un buen lugar para tomar un café expreso antes de comenzar la ascensión.





El pueblo rumano, inteligente como pocos, hace bien en aprovechar el tirón mediático de Vlad III. Aunque como he señalado (y repetiré) Rumanía tiene mucho más que ofrecer. Al final la figura del voivoda-vampiro-empalador queda reducida (y devorada) a una simple anécdota. Curiosamente Vlad III no es, ni mucho menos, el mejor de los gobernantes de la Rumanía medieval. Eso sí, ha sido el único en lograr la inmortalidad.




Cada amanecer el dragón, después de pasar la noche surcando los cielos en busca de alimento, encuentra refugio en su nido, encaramado en lo alto de una inaccesible roca, y protegido por un espeso bosque.





La escalera es cómoda, pero dura. En el primer descanso – 453 escalones, apenas un tercio – las piernas arden, y pesan más de la cuenta. El húmedo bosque, oscuro y vivo, dificulta el ascenso. Un ejercicio intenso para piernas y corazones fuertes, llenos de vitalidad. Rozando el escalón mil, las fuerzas flaquean. Venga un poco más. El tramo final, con las piernas, y toda la musculatura, calientes y el corazón a mil por hora, ha resultado más sencillo. Robé la energía a otro excursionista y experimenté una recuperación vampírica. 



Se acaba el bosque, se hace la luz y se materializa ante nuestros ojos las ruinas del Nido del Dragón. Desde aquí se dominaba perfectamente el valle del Argés, un paso natural que comunica Valaquia y Transilvania.





Sudor, sol y viento. Visitantes por doquier, es la romería Drácula, en su etapa más dura. Pisamos las mismas piedras, que con seguridad, pisó Vlad el Empalador. Este es el único y auténtico castillo de Drácula. El único del que existen registros de la presencia de Vlad III. Dos empalados de rostro inexpresivo nos reciben a la entrada de la cetatea (ciudadela). Son un par de maniquíes bastante feos y mal hechos.




La subida (por estas escaleras) es una experiencia donde se van alternando el cansancio y la lucidez, la fatiga y el vigor. Momentos de desfallecimiento que son seguidos por minutos de explosión física. Cuentan que los boyardos (y familiares) que no fueron asesinados  durante el famoso banquete celebrado en Targoviste fueron obligados a construir esta fortaleza. Sus ropas quedaron hechas harapos, muchos morían despeñados y otros desfallecían mientras acarreaban enormes piedras hasta la cumbre. A pesar de la crueldad, me parece un castigo justo para los traidores. Especialmente para aquellos que tienen las manos teñidas de sangre inocente.




Las ruinas de castillo sobrecogen, alimentan la sensibilidad humana, un lugar para la fantasía, el cuento y la leyenda, historias de caballeros y princesas, terribles relatos de horror gótico. Este castillo se ha convertido en un centro de peregrinación para rumanos y extranjeros. La historia, la leyenda, la naturaleza, fusionadas en un enclave de gran belleza para todos los sentidos, los físicos y los mentales.



Poenari es una fortaleza de pequeñas dimensiones, defendida por una reducida guarnición formada por entre 5 y 7 soldados. En el castillo podemos distinguir dos partes correspondientes a sendas fases constructivas:


  • El donjón o torre del homenaje, data del siglo XIII, muy probablemente durante el gobierno de Negru Voda.

  • Los muros y las torres semicirculares fueron construidos en el siglo XV, precisamente durante el gobierno de Vlad III.






Desde un punto de vista arquitectónico, la Torre Central presenta influencias transilvanas y los muros un estilo claramente bizantino. La fortaleza original y la primera mitad de los muros están fabricados con piedra, por su resistencia y durabilidad, mientras que la parte superior se reconstruyó con ladrillos, con el objetivo de configurar los huecos necesarios para la artillería. El único asedio conocido que sufrió la fortaleza fue obra de los turcos en el verano de 1462, y se puede fechar durante el gobierno de Radu cel Frumos (hermanastro de Vlad).




Una leyenda que leí una vez en el laberinto de Buda, que coincide (en parte) con la maravillosa introducción rodada por Francis Ford Coppola para su versión de Drácula (de 1992), cuenta que la esposa de Vlad se encontraba en esta fortaleza cuando fue atacada por los otomanos. Para evitar ser capturada por los invasores la princesa decidió quitarse la vida lanzándose a las aguas del río.




Con el tiempo esta fortaleza perdió protagonismo en las guerras contra los otomanos, y después de 1550 fue abandonado. Un terremoto destruyó la parte norte en el año 1915. La restauración actual data del año 1972, durante la época de Ceaucescu.




Otro reto superado con éxito. El sudor y el esfuerzo son la clave del éxito. Ahora descender y dejar aquí un pedacito de nosotros para la posteridad. Otros vendrán a pisar mis huellas impresas. No es el más hermoso (su estado es totalmente ruinoso) pero si el más sugerente de todo el arco carpático, la herradura montañosa, donde historia, leyenda y literatura se funden en un todo indivisible. Alzo la vista y sobre un lejano bosque, serpentea un río de argénteo caudal.